A diferencia de muchos, Iván Jaén Julio dio sus primeros pasos en el baloncesto panameño a la edad de 15 años.
Pero ascendió rápidamente. A los 16 debutó en la Primera División, a los 17 ya estaba en la Selección Nacional, jugando en la juvenil y mayor. A los 18, participó en el Campeonato Mundial de España 1986, manteniéndose en el equipo grande hasta en el 2002.
Este año, incluso, fue convocado para representar a Panamá en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena, Colombia, pero Jaén se negó debido al cansancio natural de tantos años en este deporte.
“Desde 1985 hasta el 2002 hice Selección Nacional. Es muy cansando viajar tanto, entrenar mucho al día. Hay muchachos en Panamá que están haciendo bien las cosas y mejor deben darles la oportunidad a ellos”, justificó.
n ¿Por qué te radicaste en Costa Rica?
Por muchos motivos. El barrio donde vivía en Panamá era muy conflictivo. Mi familia no quería que viviera ahí, porque era un deportista y habían pandillas, drogas, había de todo. Por eso me quedé en Costa Rica estudiando. Me fui definitivamente en 1988, después de la invasión.
n ¿El nivel más alto de competencia en el participaste fue ese Mundial de España?
Sí, porque jugamos contra Estados Unidos, Grecia, España, Alemania, potencias del baloncesto. Desgraciadamente no ganamos ni un solo partido, pero hicimos una buena presentación contra casi todos los países.
n ¿Hay un jugador panameño que haya actuado en tantas ligas como vos?
Sí, hay algunos como Braulio Rivas y Mario Gálvez, que muchas veces nos vimos en la misma liga a la vez.
n ¿Qué es lo mejor que te ha dejado este deporte?
Grandes amistades en Nicaragua, en todos lados de América. A veces me encuentro a variedad de personas que me escriben por correo electrónico. A donde llego, casi siempre me encuentro con gente conocida.
n ¿El baloncesto ha sido un trabajo en tu vida?
Ha sido un trabajo y un pasatiempo. Hoy estoy aquí disfrutando el baloncesto, del deporte y por eso cuando no pueda jugar más, tienen que enterrarme porque me sentiré extraño lejos de las canchas.
Seguramente, Jaén sufrirá mucho cuando se retire del baloncesto. Pero sin duda alguna, a la vuelta de algunos años lo veremos actuar como un entrenador consumado por su capacidad de transmitir sus conocimientos y por su pasión a un deporte que le ha dedicado toda su vida.