Matrimonio y madurez humana

“Para avanzar en ese camino de madurez humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia”. (Benedicto XVI) Un amigo confesaba: “Yo soy un hombre de segundas nupcias”. Alguien le preguntó: “¿Y si esta vez […]

“Para avanzar en ese camino de madurez humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia”.

(Benedicto XVI)

Un amigo confesaba: “Yo soy un hombre de segundas nupcias”. Alguien le preguntó: “¿Y si esta vez también te va mal?” Y respondió: “Entonces, seré hombre de terceras nupcias”.

El matrimonio sacramental o indisoluble es bello por su profunda referencia y expresión del amor trinitario de Dios. Un amor que no se muda ni puede disolverse por lo mismo que el amor de Dios permanece para siempre: “Con amor eterno te amé”, nos dice el Señor en la Sagrada Escritura.

En esta era de la postmodernidad, en la que se busca vivir una vida demasiado ligera, cargada de fuertes emociones instantáneas y pasajeras, sin compromisos serios, permanentes y duraderos, hablar de matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer es ayudar a avanzar en el camino de la madurez humana… ya que las uniones inestables, sin previo noviazgo, los fracasos matrimoniales, tan comunes en la actualidad, son, en un buen porcentaje, producto de la inmadurez de una o ambas partes de la pareja.

Cada vez que me invitan a predicar a parejas de novios o a matrimonios recalco insistentemente la ineludible necesidad de que el hombre y la mujer no pierdan de vista jamás el sentido sobrenatural del matrimonio, que ambos se deben amar en Dios y desde Dios, con Dios y María en medio del hogar. Si en el hogar no aprendo a comprender, a perdonar, la afabilidad o el saber escuchar y acoger al otro y tantas otras gamas que configuran el abanico precioso del amor, lo más probable es que nunca jamás llegue a construir el sólido edificio familiar cuya base es Cristo… sal de ti mismo, dónate al otro en un mutuo y perdurable amor. También del matrimonio y de la familia, de la tuya, se debe exclamar: ¡Mirad cómo se aman! Que del amor nazca la madurez y de la madurez el amor.

Religión y Fe

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