- Los jóvenes de ayer —y de anteayer— suspiran cuando escuchan la música romántica de sus tiempos. Y pensar que los discos de acetato que las hicieron sonar no son más que piezas conservadas en el recuerdo, o bien, piezas de colección guardadas en el fondo de un armario
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Nostalgia. Esa es la primera palabra que expresan muchas personas mayores al preguntarles sobre los discos de acetato, aquellos objetos circulares que giraban sobre un tocadiscos ya sea a 78 ó 33 revoluciones por minuto, los primeros conteniendo una canción y los segundos, denominados long play (LP) por la capacidad de almacenar más canciones que los primeros.
Esos discos de acetato —producto sintético derivado del petróleo— desaparecieron de los hogares siendo desplazados por la tecnología que invadió el mercado con otros sistemas más livianos, más pequeños, con mayor capacidad de almacenamiento y, por supuesto, más estéticos.
A pesar de ello, es realmente impresionante que en muchos hogares los conserven como reliquias de colección, los que son motivo de risa para los jóvenes de hoy, quienes están inmersos en la vertiginosa carrera de la tecnología.
Más sorprendente es el hecho de que muchas consolas, roconolas o viejos tocadiscos (equipos de tornamesa con el plato integrado) que hacían sonar los añorados discos, reposen en un rincón de la bodega de las casas debido a que sus dueños se resisten a lanzarlos a la basura por pura nostalgia, porque en ellos escucharon la música de su juventud, de sus amores, de sus alegrías, de sus tristezas…
UN POCO DE HISTORIA
Cuando no existían discos ni cintas ni aparatos que almacenaran música, no había manera de reproducir una melodía en el momento deseado. La gente se limitaba a escuchar la música directamente de quien la ejecutara o la cantara, ya sea en fiestas o reuniones familiares.
Fue hasta en el siglo XIX que se empezó a almacenar la música. En 1888, el estadounidense Oberlin Smith ideó uno de los primeros sistemas de grabación magnética del sonido. En 1895 ya se puede hablar de los discos fonográficos que giraban a 78 revoluciones por minuto (RPM).
Transcurre el tiempo… 1945: un ingeniero de la Columbia Broadcasting System (CBS), llamado Golmark, se concentró en el desarrollo de un disco de larga duración. Tres años más tarde, el 21 de junio de 1948, se presentó el resultado de su trabajo: un disco de larga duración o long play (LP), que podía tocar efectivamente 45 minutos de música, y que giraba a sólo 33 RPM, que medía 30 centímetros de diámetro (disco de cloruro de polivinilo).
Estos famosos LP reinaron en el mundo “como el disco del futuro” por más de tres décadas… y, por supuesto, aparecieron las vitrolas, aparatos en los que se podían hacer sonar los discos de acetato en el seno del hogar, para reuniones más familiares, íntimas.
EN LOS OCHENTA
En Nicaragua el auge de los LP, en cuanto a venta y producción, fue en la década de los ochenta, con un marcado predominio de la música revolucionaria. “Pero la producción no solamente fue enmarcada en lo político —aunque sí existió mucho de eso por la situación histórica de ese momento—, además se grabó a otros músicos nicaragüenses que no necesariamente interpretaban temas políticos, tal es el caso de Dimensión Costeña, la gente que participaba en ‘los Gastones’, entre otros”, explica Francisco Luis Mejía Godoy, quien por aquellos años fue director de ventas de Enigrac, empresa creada por el Ministerio de Cultura con el fin de promover la música nacional, la que se disolvió en 1990, al ocurrir un cambio de poder en el país.
LOS CD
La mayoría de novedades comerciales llegan tarde a Nicaragua. Mientras aquí los LP estaban en auge, en un mundo ajeno al nuestro otra cosa sucedía: los discos compactos o CD (que habían aparecido en 1979, y que llegaron a este lado del mundo hasta finales de los ochenta) salían a los mercados, apoderándose rápidamente de ellos, porque contenían más canciones, eran más pequeños y más estéticos.
En 1987 se vendieron por primera vez en el mundo más CD que LP. Y como era de esperarse, los LP desaparecieron rápidamente del comercio hasta convertirse en nostálgicas piezas de colección, y los tocadiscos del mundo fueron reemplazados por los CD player.
Don Jacinto Acosta, propietario de Discoteca Juvenil, empresa que desde 1976 se ha mantenido en el negocio musical de nuestro país, dice que actualmente no se mueve el mercado de los LP, no obstante, asegura poseer un archivo de esos discos, porque aún “viene gente a buscarlos, por ejemplo los dueños de las roconolas”, asimismo tiene algunas agujas de tocadiscos “de reserva”, por si acaso los clientes las buscan. En los tiempos de apogeo de los LP, asegura que se vendían miles de ellos, como hoy se venden miles de CD, con la diferencia que comparando los precios y las épocas, era más accesible comprar LP. Los CD resultan más caros.