Reggie Jackson ya no es la pajilla que mueve la bebida, como se autodefinió una vez. A Graig Nettles se le vio parar proyectiles por última vez en la “esquina caliente” en 1988 y Thurman Munson se adelantó en el viaje.
Ron Guidry es ahora un coach de lanzadores y Lou Piniella está en una cabina comentando partidos para ESPN, mientras Bucky Dent espera por otra oportunidad para dirigir en las Ligas Mayores.
Ahora todos son un grupo de veteranos con la cabellera blanca, si es que la tienen, con más recuerdos que ilusiones. Pero hace 28 años, eran unos robustos y feroces competidores, que llegaron a Boston y perpetraron una “masacre”.
Así fue como se bautizó a una barrida de cuatro juegos que los Yanquis le metieron en septiembre de 1978, a los Medias Rojas en el Fenway Park, adonde llegaron con un déficit de cuatro partidos y salieron con un empate en la cima de la División Este.
Desde mediados de la temporada, los Yanquis fueron remando contra la corriente hasta evaporar una desventaja de 14 juegos y tras la “masacre”, forzaron un juego extra, ganado por los Bombarderos gracias al jonrón de Bucky Dent.
Los Yanquis de ahora no tienen un jugador explosivo fuera del campo como Jackson pero con una artillería balanceada y un pitcheo que repentinamente encontró la fórmula para dominar, le metieron cinco juegos a Boston para una barrida de ribetes históricos.
Los Medias Rojas no eran barridos en cinco juegos desde que lo hizo Cleveland en 1954.
Los Yanquis no les metían una “limpia” de esa magnitud desde 1951, y en Boston, no lo hacían desde la campaña de 1943.
Así que esta nueva paliza debe obligar a que la historia sea reescrita, mientras Boston enfoca su atención en su lucha por ser el equipo comodín.