Ozzie Guillén, el manager de los Medias Blancas de Chicago, a menudo habla de más. Cuando los periodistas fueron en busca de sus reacciones en torno a comentarios del ex big leaguer Andy Van Slyke, que cuestionaba sus actitudes, Guillén sacó su espada.
“Escucharía si quien habla es Jim Leyland, Bobby Cox o Ron Gardenhire, pero ese es un coach de primera (de Detroit). Que se encargue de recoger los cascos que le dejan los bateadores. Ese es su trabajo”, dijo el venezolano.
Sin embargo, cuando el 14 de junio pasado, Guillén dijo que no se podía quedar de brazos cruzados cuando sus bateadores eran golpeados por Vicente Padilla, no trataba de mostrarse como un valiente. Sólo invocaba uno de los mandamientos no escritos del beisbol.
“Defender el territorio”. Ese es uno de ellos.
Pedro Martínez, quien está ranqueado entre los pitcheres que más bateadores golpean (127 en su carrera), no permite que le cierren mucho el home. Y si lo hacen, les da una apartadita con sus disparos.
“Cuando uno no responde a un pelotazo que le dan a tu equipo, no quedás bien ante tus compañeros y después ellos no vuelven por vos cuando estás en una dificultad”, me dijo Padilla en Arlington, Texas.
Pero además de defender el espacio, Padilla es agresivo al lanzar. Y no tiene miedo de tirar adentro.
“Parte de su éxito en este año, ha sido lanzar adentro. Y lo seguirá haciendo”, dijo en su defensa el manager Buck Showalter.
Yo prefiero al Padilla agresivo, sin miedo. No al que golpee bateadores de forma malintencionada, sino al que es capaz de intimidar con sus disparos a la zona interior del plato.
Vicente es un lanzador de poder, y como alguien dijo, el poder es para poder. Y en la medida en que sos capaz de echar hacia atrás a los bateadores, has ganado parte de la batalla. Un problema sería que Padilla fuera cobarde. Pero no lo es.