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BINT JBAIL, Líbano/AP
En la localidad libanesa de Bint Jbeil los únicos rastros de la presencia humana en la zona son los automóviles incinerados y un tanque israelí estacionado en su entrada, dejados por la invasión realizada por Israel dentro de su conflicto con la milicia del Hezbolá.
Pero las cosas no son demasiado diferentes del lado israelí, donde poblaciones como Kiryat Shmona quedaron como evidencia de la capacidad de la milicia libanesa para generar tanto la destrucción como el terror.
Muchos libaneses empezaron a regresar a sus casas en el sur del país horas después de haber entrado en efecto un cese al fuego el lunes, pero por a tarde, nadie ha llegado a Bint Jbeil, donde Hezbolá e Israel libraron algunas de las más fuertes batallas dentro de su guerra.
Edificios derruidos marcan el centro de la población, con filas de vehículos calcinados esperan en las calles llenas de cráteres, proyectiles de artillería sin estallar y restos de misiles.
Israel sitió Bint Jbeil durante una semana a partir del 23 de julio, en su primera incursión terrestre en el sur de Líbano. Encontraron ahí la fuerte residencia de los guerrilleros. En una emboscada murieron ocho soldados, el mayor número de bajas israelíes en una sola batalla de esa campaña.