(La Prensa/ Cortesia)

“La ética es rentable”

Doménec Melé, reconocido catedrático español, expondrá la próxima semana en Managua sobre ética empresarial a emprendedores y propietarios de compañías, presidentes y miembros de consejos de administración, directores generales y altos ejecutivos de empresas [doap_box title=»Reconocido catedrático» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Domènec Melé actualmente es titular de la Cátedra Economía y Ética de la Universidad de Navarra, […]

  • Doménec Melé, reconocido catedrático español, expondrá la próxima semana en Managua sobre ética empresarial a emprendedores y propietarios de compañías, presidentes y miembros de consejos de administración, directores generales y altos ejecutivos de empresas
[doap_box title=»Reconocido catedrático» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Domènec Melé actualmente es titular de la Cátedra Economía y Ética de la Universidad de Navarra, España.

Es doctor ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Cataluña y doctor en Teología por la Universidad de Navarra.

El profesor Melé es un reconocido investigador internacional en ética y responsabilidad empresarial, materia en la que trabaja desde hace más de veinte años.

Es autor o coautor de 12 libros, 20 casos de estudio y más de cincuenta artículos y capítulos científicos en destacadas publicaciones de su especialidad.

Fue catedrático de Tecnología Química en la Universidad Politécnica de Valencia, España.

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Ética y eficacia empresarial, una compaginación necesaria para el éxito en los negocios. Pocos consideran hoy que los negocios y la empresa son actividades en las cuales no tiene cabida ninguna consideración ética.

Algunos afirman incluso que la ética es condición para conseguir buenos resultados. Otros, en cambio, piensan que no siempre es así. No faltan tampoco quienes consideran que la ética es valiosa en sí misma, independiente de los beneficios.

Para darnos un enfoque sobre la trascendencia de la ética en los negocios y la empresa, el catedrático español Doménec Melé, habla sobre estos temas en una entrevista con LA PRENSA vía correo electrónico.

Melé estará en Managua la próxima semana, impartiendo un seminario sobre Ética Empresarial, desde los aspectos económicos y sociales hasta los personales y éticos en la dirección de las empresas.

Petronic, Enitel, Nicaragua Sugar Estates Limited, Eskimo, Acoen y LA PRENSA, son entre otras las empresas que apoyan la organización del evento.

¿Cómo debe ser la ética en la empresa y en los negocios?

La ética en la empresa y en los negocios no es una ética distinta de la ética que rige la vida privada de cada uno. No puede decirse, por ejemplo, que no se debe mentir en las relaciones con los amigos, pero sí en la empresa.

Hace algunos años, Harvard Business Review, la prestigiosa revista de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, publicó uno de los artículos más polémicos de toda su historia. Su autor defendía justamente lo contrario de lo que acabo de afirmar. Venía a decir que los negocios son como el juego del póker, en el que la gente ya sabe que se miente. La revista recibió una avalancha de cartas de los lectores. No estaban de acuerdo en absoluto en que los negocios y la empresa fueran un juego. No lo son, sino una actividad humana muy comprometida en la que productores y consumidores no desean ser engañados. Cuando se engaña y se descubre tal engaño se quiebra la confianza, que es lo más fundamental para lograr negocios duraderos y para la cooperación dentro de la empresa. No, no puede haber una doble ética, hay una única ética que se realiza en la vida privada, en la familia, en la política y en la empresa. Sin embargo, existen asuntos específicos, propios de la empresa. De ellos se ocupa la ética dando lugar a la ética empresarial.

¿Es rentable ser ético en los negocios?

A corto plazo un comportamiento ético puede suponer tener que decir que no a enriquecimientos deshonestos, ya sea por negarse a negocios turbios, prácticas corruptas, escatimar medios para proteger la salud de los trabajadores, o lo que sea. Pero la honradez en los negocios y en la empresa crea confianza, buena reputación, atrae a los mejores talentos para trabajar en la empresa y retiene a los clientes. Las empresas de vanguardia que perduran en el tiempo tienen claro que, a medio y largo plazo, hacer las cosas bien no sólo es necesario, sino imprescindible.

Como es lógico, la ética no basta. Una empresa necesita un buen producto, una estrategia adecuada, promoción comercial… Pero si la empresa comete fraudes, perderá clientes, si no trata bien a los trabajadores, se irán todos los que encuentren un sitio mejor; y los que queden, que serán los menos capaces, les faltará motivación y trabajarán desmoralizados. En este sentido, la ética más que rentable es una condición de supervivencia.

Pero no hay que olvidar que la ética siempre es ‘rentable’ para quien actúa bien. No en términos económicos, sino humanos. Quien actúa bien, mejora como persona, mientras que quien actúa mal se degrada en su humanidad y se separa de Dios.

¿Ética y responsabilidad social se compaginan?

Toda acción humana, por afectar a personas, tiene siempre una dimensión ética. Por ello puede afirmarse que la ética está en el núcleo mismo de toda acción humana, también cuando se realiza en la empresa. El concepto de responsabilidad social surgió hace más de cincuenta años, para significar que la empresa tiene responsabilidades con la sociedad que van más allá de la obtención de resultados económicos y, en definitiva, de la creación de riqueza. La actividad empresarial tiene un impacto social que no se debe ignorar. Asumir este impacto es un modo de señalar que las empresas tienen responsabilidades sociales.

Pero el impacto social tiene también una valoración ética. Por ejemplo, si una empresa contamina, eso tiene un impacto social que la empresa ha de asumir, porque tiene la responsabilidad social de respetar el medio ambiente. La ética da una justificación de esta responsabilidad. De los principios éticos surge el juicio moral de que no es aceptable contaminar pudiendo evitarse, porque es contrario a la salud o a la conservación de medio natural donde se desarrolla la vida humana, y en definitiva en contrario al bien humano.

Dicho brevemente, la responsabilidad social se ocupa de las consecuencias sociales de la actividad empresarial, mientras que la ética valora la calidad moral de acciones y consecuencias de la actividad empresarial.

¿Cómo valorar más el capital humano?

Pienso que lo primero que es necesario valorar son las personas. Las personas que trabajan pueden verse también como recursos humanos para los objetivos de la empresa. Desde hace algunos años se ven también a las personas como ‘capital humano’, de modo parecido al capital físico, ya que pueden producir un rendimiento por sus conocimientos, formación recibida, experiencia acumulada, conocimiento de clientes, etc. En este sentido se habla incluso de invertir en ‘capital humano’ en el sentido de dedicar fondos en seleccionar, formar y capacitar a los trabajadores.

Pero valorar a las personas exclusivamente en términos económicos es ‘cosificar’ a las personas. Digo ‘exclusivamente’ porque la valoración económica también es necesaria, pero nunca es suficiente. Hace casi veinticinco años, leí una genial distinción sobre el trabajo en una encíclica de Juan Pablo II que me dio mucha luz. El trabajo, decía este gran Papa, puede verse en ‘sentido objetivo’ y en ‘sentido subjetivo’. Lo primero se refiere a la producción, lo segundo a la persona del trabajador. Las personas tienen un valor inmenso, siempre superior a las cosas. Las cosas tienen precio, las personas, dignidad. Eso no se debe olvidar.

¿Es necesaria la promoción?

Si entendemos promoción en sentido amplio, por supuesto que sí. Promoción es, en primer lugar, desarrollo personal, ganar en competencia profesional y humana. Además, algunas personas podrán ser promocionadas a cargos de supervisión y dirección; otras quizá no, pero todas han de tener posibilidades de mejorar en la empresa.

Pero, cuando nos fijamos en las personas y las potenciamos debidamente aumenta el ‘capital humano’, y eso es bueno para el trabajador y para la empresa. Las investigaciones más recientes sobre dirección de empresas lo confirman plenamente. En este sentido, la promoción empieza por fijarse en las personas y valorarlas como tales, sin tratarlas nunca como meros instrumentos de ganancias. Pero eso es compatible con considerar su capacidad para acumular ‘capital humano’. Más aún, diría que aumentar este capital es necesario, tanto para potenciar al trabajador como para mejorar los resultados económicos de la empresa.

¿La ética es sólo para los gerentes o para todo el personal de la empresa?

Nadie pierde su conciencia moral al atravesar los umbrales de la empresa. Todos en la empresa necesitan virtudes y han de manifestar un comportamiento correcto. Pero los gerentes, en la medida en que establecen estrategias y objetivos, organizan, comunican y motivan tienen una responsabilidad distinta de otras personas en la empresa. La empresa es una actividad conjunta en la que se coordinan otras actividades particulares de diseño, producción, distribución, etc. Y los gerentes son, en gran medida, los encargados de esta coordinación. Gran parte de la ética empresarial está relacionada con la actividad de los gerentes de empresa, sin olvidar cualquier otra actuación lleva a cabo en nombre o representación de la empresa.

¿Cómo desarrollar culturas empresariales humanistas?

Las culturas empresariales humanistas surgen cuando quienes forman parte de una empresa tienen la convicción profunda de la dignidad de las personas, de su papel primordial y su centralidad en la vida de la empresa. Esto exige no sólo reconocer esta dignidad, sino hacerla efectiva, respetando los derechos humanos y favoreciendo el desarrollo de los trabajadores en su trabajo.

Implica también trabajar y dirigir buscando el bien de toda la empresa, sin aprovecharse de la situación o posición ocupada para obtener beneficios individuales y en perjuicio de la empresa.

Forjar culturas empresariales humanistas requiere una larga y laboriosa dedicación. Cultura viene de cultivar, y la cultura empresarial se logra como los cultivos: hay que seleccionar correctamente al personal, sembrar valores y abonarlos con el buen ejemplo y la dedicación, estructurar la empresa de modo que no se estropee lo sembrado, cuidar el sembrado en momentos de dificultad, tener paciencia y volver a empezar cuando las inclemencias del tiempo destruyen la plantación… Es una labor sacrificada pero que, como los sembrados, ha de dar su fruto.

¿Qué papel desempeña Dios en la responsabilidad y la ética de los hombres y mujeres que dirigen negocios?

Dios es el garante supremo de la dignidad humana y de los derechos humanos. El respeto a las personas, un sentido ético y responsable se puede también tener sin fe en Dios, pero cuando se admite a Dios el respeto al hombre se ve reforzado porque se ve el hombre como imagen de Dios y alguien a quien Dios quiere por sí mismo. La fe refuerza y amplía las certezas morales de la razón y da una motivación adicional para actuar rectamente en la empresa como en los demás ámbitos de la vida.

¿Cuál sería su consejo para aquellos hombres y mujeres que dirigen empresas y negocios para que en ellos prevalezca el sentido de la ética y la responsabilidad?

Que profundicen en su formación ética, que se planteen qué hacer para mejorar la cultura empresarial de su entorno, que tomen decisiones con sabiduría práctica y que tengan el coraje de hacer en cada momento lo que se debe hacer, aunque cueste.

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