Eddy Martín. (La Prensa/Archivo)

Eddy Martin no resistió

Víctima de una brutal embestida en el agitado tránsito de La Habana, en Cuba Quienes conocimos al narrador deportivo cubano Eddy Martin podemos asegurar, sin temor a desviar el lanzamiento, que tuvo una vida lo suficientemente larga y feliz. Supo extender su juventud, hasta que finalmente fue atrapado por lo imprevisible en el valle de […]

  • Víctima de una brutal embestida en el agitado tránsito de La Habana, en Cuba

Quienes conocimos al narrador deportivo cubano Eddy Martin podemos asegurar, sin temor a desviar el lanzamiento, que tuvo una vida lo suficientemente larga y feliz. Supo extender su juventud, hasta que finalmente fue atrapado por lo imprevisible en el valle de la muerte.

Pienso que revisando el video de su vida mientras luchaba tenaz y dramáticamente por resistir con esa determinación que siempre lo caracterizó, debe haberse ido con esa ancha sonrisa que graficaba su sinceridad y definía su personalidad.

¿Te imaginas todo lo que he visto en el deporte? ¡Qué mayor satisfacción que eso cuando tienes 77 años!, me decía hace unos meses en la Sala de Prensa del Estadio Hiram Bithorn, en San Juan, Puerto Rico, mientras nos tomábamos un café cubano, durante el primer Clásico.

¿Cómo has hecho? Te ves igual que en 1970, cuando te conocí, en cambio yo, hasta el pelo perdí casi sin darme cuenta, le dije.

La tranquilidad hace milagros y trabajar en el deporte, proporciona eso, porque combina el esfuerzo con el disfrute.

Fue siempre un hombre bueno.

“No sé cómo hace Eddy para llevarse bien con todo mundo”, me apuntaba su compañero de largos años Bobby Salamanca. “Hay tipos que no soporto, pero Eddy los aguanta sin perturbarse”, agregaba.

Viajaba en su carro, con todo el cuidado que tiene un hombre de 77 años, cuando fue embestido por una guagua manejada por un descontrolado. Eso ocurrió el 21 de julio, y Eddy estuvo peleando como Muhammad Alí frente a Ken Norton con la mandíbula fracturada. No pudo sobrevivir. El impacto fue tan destructivo como la ofensiva desplegada por Emile Griffith sobre Benny “Kid” Paret.

Hay ocasiones en que pasamos de la vida a una muerte más grande que nuestra vida. Eso ocurre —dice Norman Mailer—, cuando en vida no te pueden dimensionar correctamente y se hace necesario esperar morir.

No es el caso de Eddy Martin. Él fue un experto en ganar amigos, en mostrarse a corazón abierto, en jugar limpio distante de la envidia y cualquier otro tipo de pequeñeces, empeñado en mejorar en su trabajo día a día, consciente que ser un ejemplo es la mejor huella que puede dejarse a las nuevas generaciones.

Locutor de voz clara, armoniosa, con ese ritmo que alegra la acción, fue sobresaliente en radio y en televisión, y también sabía escribir, aunque no tuvo el tiempo requerido para moverse sobre las teclas de máquinas y computadoras.

Si se le hubiera pedido una última voluntad, no habría vacilado en decir: una gran actuación de Cuba en el Clásico.

¡Qué suerte! Lo vio, lo vivió, lo disfrutó y se lo llevó como otro timbre de orgullo, en una larga y exitosa carrera, que servirá de referencia para todos sus amigos.

No intentó ser mejor que alguien, pero sí batallar por superarse a sí mismo.

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