Hay parejas que realmente se quieren y se desean, pero discuten tanto que ellos mismos llegan a pensar que son incapaces de continuar juntos.
Casi siempre el motivo de tanta discordia radica en no saber resolver los problemas.
La clave para solucionar cualquier conflicto es tan sencilla como compleja a la vez. Se trata de aprender a discutir, aprender a poner los problemas sobre la mesa y aprender a negociar.
Claro que esta no es una práctica sencilla y es muy normal que la pareja se sienta incapaz de conseguirlo por sí misma y en ese caso es conveniente que deje de lado los prejuicios y acuda a un terapeuta de pareja.
La solución
Una de las técnicas empleadas por los profesionales consiste en juntar a la pareja y dejar que uno de ellos hable, con la condición de que el otro no le interrumpa y sin intentar dar soluciones al problema. Cuando ha terminado, el otro tiene que explicar lo que ha oído.
De esta forma, el otro puede corregir cualquier malentendido.
La técnica tiene dos pilares sagrados que es necesario respetar para que funcione.
El primero de los pilares de la técnica es que ambos estén dispuestos a trabajar para poder entenderse.
La segunda condición es que el que escucha no prepare su contraataque sino que intente comprender la posición del otro. Para esto deberá trabajar en la tolerancia.
La importancia de aprender a discutir
Lo mejor que se puede hacer para mejorar la salud de una relación es aprender a discutir antes de que las diferencias afecten la relación.
La evasión no siempre es la mejor alternativa. Dejar pasar los problemas y evitar discusiones es peor, pues si la tensión se acumula la explosión es peor. El desacuerdo forma parte de la relación. Es sano discutir, lo que no hay que permitir es que la discusión sea el centro de la relación.
Una pareja que discute sus problemas y diferencias tiene más posibilidades de continuar junta que otra que pospone los enfrentamientos.