Paco Soriano, el rey del hit. (la prensa/archivo JEA)

LA PRIMERA SELECCIÓN NACIONAL DE BEISBOL

Hace 81 años Nicaragua obtuvo su primer galardón internacional en el ámbito deportivo: una selección nacional de beisbol fue a Costa Rica y volvió invicta con la Copa Olímpica. Aquí se resume la extensa crónica que escribió y publicó el promotor y mánager Tex Ramírez sobre las peripecias del viaje, desenlace y emociones del evento. […]

  • Hace 81 años Nicaragua obtuvo su primer galardón internacional en el ámbito deportivo: una selección nacional de beisbol fue a Costa Rica y volvió invicta con la Copa Olímpica. Aquí se resume la extensa crónica que escribió y publicó el promotor y mánager Tex Ramírez sobre las peripecias del viaje, desenlace y emociones del evento. Éste lo desconocen las nuevas generaciones
LA ODISEA DE LAS OLIMPÍADAS

En realidad se trata de una comprimida versión que he elaborado del folleto que hace unos meses Maribel Otero me localizó en la Biblioteca Nacional Rubén Darío: La Odisea de las Olimpiadas, firmado por “J[osé] Santos Ramírez h(ijo)” en Managua, 1925. Constando de 25 cm de altura y de 36 páginas en papel periódico de la época, su título en la cubierta lo complementan cuatro subtítulos: “Las pintorescas aventuras del camino /la lucha con los yanquis del canal /el resonante triunfo de los deportistas nicaragüenses /juicio honroso de los críticos”.

Por tratarse, como sospecho, de un ejemplar único, conviene difundir su contenido y compartirlo. Ya obsequié fotocopias del mismo a las autoridades beisboleras: Carlos J. García, Bayardo Cuadra, Alberto Rondón y Julio C. Miranda.

A Tex Ramírez —nombre que asumió imitando el del promotor estadounidense Tex Richards— se le debe no sólo ese gran triunfo pionero, sino haber elevado el beisbol a categoría de espectáculo lucrativo, titulado precisamente El Field, del cual —hasta ahora— nadie ha encontrado un ejemplar. Apenas se sabe que tenía cuatro páginas. Su material era ameno, pícaro, chistoso y publicaba caricaturas (las de Vélez Paiz y Chilo Barahona). En varias ocasiones fue demandado por injurias y calumnias. Valía, en su primera época (¿tuvo una segunda?) un centavo.

El folleto no lleva sello editorial. Por sus numerosos anuncios se deduce que fue iniciativa exclusiva de Tex Ramírez. Por eso hay que considerarlo, si no el primero, uno de los más tempranos cronistas de nuestro beisbol con “Arsene Lupin” (seudónimo de Lolo Estrada), “Pelotero” (seudónimo de un desconocido periodista obrero), “Mister Hit” (Ernesto Bunge) y “DON” (Leonardo Lacayo Ocampo).

En cuanto a los integrantes de la selección —escogida por el mismo Tex— la formaron dos granadinos: Francisco “El Conejo” Acosta (LF) y Francisco Monterrey “La Leyenda Negra” (P y 1B); cuatro masayas del “San Fernando”: Gilberto “El Salvaje” Miranda (P), Julio Paniagua (RF), Enrique Miranda (CF) y cuatro capitalinos: tres del Bóer: Eduardo López Mario “Patón” (c), Anselmo “Chema” Mayorga (2B), Paco Soriano (SS) y uno del Managua: Miguel “Cola” Barrios (3B).

En mi versión he suprimido el Epílogo (un breve artículo de la revista Deportes de San José, Costa Rica) y he sustituido los siete capítulos, convencionalmente numerados (Capítulo primero, segundo, etc.) por atractivos subtítulos tomados del texto. En fin, procuré mantener la frescura y espontaneidad del original, sus recursos coloquiales y sabor “nica”, incluso términos ya en desuso y su significativo humorismo.

Por fin, se la dedico al licenciado Julio Valle-Castillo, Director del Instituto Nicaragüense de Cultura, en compensación por la acogida que le ha otorgado (al igual que a mi poemario Extrabases y otras sorpresas) y en reconocimiento a la alusión que en su Oda beisbolera a Denis Martínez hizo del principal héroe de la jornada: Gilberto “El Salvaje” Miranda.

Nadie se acuerda ya de Gilberto “El Salvaje” Miranda: ganador de los dos partidos contra los yanquis en la Zona del Canal, cuando ocupaba la patria una Guardia Delegación (Legation guard) de cien hombres desde octubre de 1912. Pero el nuevo presidente electo en octubre de 1924, don Carlos Solórzano, comenzaba a gestionar su retiro.

De Managua a Corinto en tren del F. C. P. N., y de Corinto a San Juan del Sur en barco de carga salió la selección. Tex Ramírez la comandaba y Salvador García Valery era su orador. En una gasolina llegaron a la hacienda Conventillos, de un señor Gross.

Hambrientos, devoraron cuatro imponderables pescados cocinados por Mister Chapman: un gigantesco holandés que se les había unido entusiasmado desde San Juan del Sur “El Salvaje” fue el que más devoró, quedando fortalecido para los estupendos out drops con que triunfaría en las Olimpiadas. De Conventillos salieron montados unos, y a pie otros, hacia La Cruz, donde éstos llegaron enlodados hasta más arriba de las rodillas.

Todos fueron detenidos por el Comandante. “Tengan la bondad de pasar al cuartel”, les dijo. García Valery no pudo convencerlo con su oratoria. Durmieron en tapescos con berrugones. Al día siguiente se trasladaron a la escuela; Chapman ocupó nueve pupitres para acostarse. Transcurrieron horas de fastidio hasta la mañana del 24 cuando estiraron las piernas dando saltos y corriendo, rematando con la Gallina Ciega.

1. Don Felipe Ruiz, de Masaya

—“¡Salvaje”, aquí te busca el Judío Errante! —llamaron a nuestro pitcher estelar. “Hola, don Felipe Ruiz”, saludó a un viejito montado en una pequeña yegua. Don Felipe abrazó a todos los muchachos. Venía desde Masaya para ir a verlos jugar en las Olimpiadas. “Ya estoy viejo para andar, pero ‘La Pulga’ aguanta”, se refirió a su yegüita. “Leí eso de las Olimpiadas de París, y como no puedo ir allá, me dije: ¡A Costa Rica, Felipe! Y aquí me tienen, porque yo no me muero sin saber lo que son las Olimpiadas”. El viejito se transformó en la mascota del team.

Antes de la Noche Buena, fueron presentados a las chicas más lindas del pueblo. Al corazón del “Salvaje” le dio Cupido un batazo. ¡Todavía va en el aire como una pelota! En La Cruz una linda fielder quedó esperándolo para sacarlo out en flay. Los muchachos seguían practicando cuando hacía buen tiempo. Un chino cantinero era el ganancioso. El hijo de Confucio llamó a Tex: “Si usteles jugá la bola toto lo lías, yo dalé tlagos de balde todo lo lías”. La oferta fue acogida por aclamación. A todos les entraron ganas de practicar, especialmente al “Salvaje”.

El viernes 26, a las 12 de la noche, un baquiano los condujo a Liberia en cabalgata. “¡Agáchense con es rama…! ¡Cuidado que aquí hay un hoyo!” Donde los ticos derrotaron a los filibusteros llegaron a las cinco y media de la mañana con hambre olímpica. Mister Chapman mató dos loras que comieron porque con buena hambre no hay lora dura. Don Jorge Peralta los recibió en Santa Rosa y salieron a las diez para Liberia.

Con una pluma de lora en el sombrero, iban contentos sobre los machos trotones. El señor Peralta, con su grupo, se extravió. De improviso vieron un hombre a pie. El sol ardoroso les quemaba en aquellos llanos. A las cuatro le preguntaron al hombre:

—Amigó, dónde hay agua por aquí.

—¿Ustedes son nicas?

—Sí, ¿y en qué nos reconocés?

—En que dicen amigó y no amigo como los ticos. Yo también soy nica, y les ofrezco una jícara de pinol dentro de un ratito que pasemos por mi rancho.

Aquella palabra —pinol— fue como un conjuro mágico. Echaron pie en tierra en la finquita y la esposa e hijas del providencial paisano batieron los pinoles levantamuertos. Cuchicheando primero con la esposa, el nica les preguntó:

—¿Ustedes andan en revolución?

Soltando la carcajada, le dijeron: “¡No hom! Vamos a las Olimpiadas de San José.

—A las Olim… ¿qué?

Una comitiva de unos 60 nicas, semi-nicas y ticos les esperaba en Liberia. ¡Viva Nicaragua! (y se echaban un trago). ¡Viva Costa Rica! (otro trago). ¡Vivan los deportistas! (otro trago) De cuatro en cuatro desfilaron. La banda iba adelante tocando La Marsellesa. García Valery dijo su primer discurso. Le contestó el Gobernador antes de ofrecerles un banquete en el mejor café.

2. “Dennos una cama para acostarnos”

A las 10 de la mañana salieron de Liberia en dirección a La Ballena, puertecito en el Golfo de Nicoya. Iban “hechos leña” y más tristes que nunca. Pero era preciso llegar a tiempo. En La Ballena, Paco Ibarra —quien se les había juntado en Liberia— compró una guitarra para distraerlos durante las siete horas de navegación que distaban de Puntarenas. Paco comenzó a cantar a bordo en la lancha de gasolina: “Adiós mi chaparrita, /no llores por tu Pancho, /que si se va del rancho /muy pronto volverá”. En Puntarenas llegaron a la una de la mañana. Un entusiasmado gentío los recibió vivando a Nicaragua. Mas el entusiasmo se había quedado en las albardas y a todos les dieron ganas de gritar: “¡Dennos una cama para acostarnos!” Tocaba la banda. Gritaba la gente. Muchos ticos los abrazaban y algunos nicas cantaban: “Viva León…”

Cuando se percataron ya estaban entusiasmados. El club de futbol de Puntarenas les dio la bienvenida y salieron del muelle en desfile hacia el Hotel Europa a otro banquete, de saco y corbata. Desde el comedor echaban el ojo a los catres… A los postres, llegó un telegrama del Comité: “Tomen tren expreso a las 3 de la madrugada. Vénganse uniformados para la ceremonia inaugural”. A la Estación les acompañaron muchos nicas, quienes les dieron pachitas de whisky. Pero Tex las decomisó. A las 8 y media llegaron a San José. Flotaba la bandera de Nicaragua en el último carro. Un gran gentillo los recibió. Y entre pitazos y sirenas y vivas desfilaron por las principales calles de San José. Los jugadores devolvían los saludos con las gorras en las manos. Muy gentil se veía “El Salvaje”. Parecía un deportista londinense.

3. “¡Viva Nicaragua!”

En el Estadio los vítores eran ensordecedores. “Vivan los bravos nicas! ¡Vivan los héroes! ¡Viva Nicaragua! Aquello era Grecia. Sentían un “torozón” en la garganta. La voz de la Patria en la lengua de la bandera parecía decirles: ¡Mantenedme en alto! Inmediatamente desfilaron los atletas: 45 con la bandera americana, luego los 15 nicas y en seguida los ticos con su pabellón. El poeta Rogelio Sotelo les dio la bienvenida y oficialmente se declararon abiertas las Olimpiadas. Comenzaron las pruebas de atletismo entre yanquis y ticos ante miles de espectadores. Luego marcharon al Hotel Francés. Había que recuperar fuerzas para jugar contra los yanquis. Durmieron de las 10 de la mañana a las cuatro de la tarde. Comieron, se arreglaron y, encorbatados, marcharon a las calles en grupitos. Los ticos les reconocían. A Mister Chapman le confundieron como su representante.

4. Indescriptible ovación al “Salvaje”

Costa Rica no se presentó en el primer juego por temor. Se armó una bronca entre el público. Mil nicas pagaron su entrada para verlos jugar. El Comité les otorgó el triunfo. Los pizarrones de los diarios anunciaban el próximo juego: Mañana 1° de enero juegan Nicaragua y Canal Zone. Amaneció el año nuevo. La temperatura era deliciosa, alegre el sol. Inquietos, pero resueltos, a las 8 de la mañana ya estaban en el campo. A las 9 principió la partida. Había no menos de diez mil espectadores. Un silencio profundo reinaba en el Estadio. Mister Reason, el primer yanqui, fue al bate; el “Salvaje”, fulminante, ponchó a Reason que tenía fama de hiteador. (Ovación de los centroamericanos). Tomó el leño el capitán Mister Raffers, y conectó un doble. (Los 250 turistas yanquis gritaron delirantes). Comenzó la inquietud y la expectación. Al tercero al bate, Mister Myrs, el “Salvaje” lo dejó “güeliendo el bate”, es decir, ponchado. Llegó el cuarto: el catcher Mc Klen, un yancón colosal, gran técnico; pero el “Salvaje”, en tres pencazos, lo dejó rascando de cólera, ponchándolo también (Indescriptible ovación al “Salvaje”).

¡Los nicas a la ofensiva! Como de costumbre, el primer indio al bate fue Soriano (quien se había pegado a la espalda un número 13, recortado en papel por ser de mal agüero para los yanquis) y dejó pasar la bola con desprecio, soltando su peculiar carcajada. Por continuar riéndose, le cantaron el segundo strike. Se enderezó y metió el bate apenas para hacer rodar la bola sobre tercera y embasarse en primera. Los yanquis se desconcertaron. Paniagua, el segundo al bate, fue out. McKlen tiraba de rodillas la pelota a segunda base, pero Soriano se la robó de manera magnífica. Otro indio al palo, Francisco Monterrey, dio un triple avanzando Soriano hasta home.

Desde ese momento, el triunfo lo sentían en la mano. Al terminar el partido, el score marcó 7 carreras Nicaragua y 2 los yanquis que cambiaron 3 pítcheres, mientras el “Salvaje” se mantuvo soberbio e imperturbable, y la fanaticada centroamericana popularizó el grito de guerra y victoria del team nicaragüense: “¡Ra! ¡Ra! ¡Ra!… ¡Sis Bun Bá! ¡Nicaragua, Nicaragua, ganará!” Entonces los yanquis despacharon un aeroplano de Panamá para traer nuevos lanzadores y desquitarse la derrota en el partido del siguiente día. “¡Que vengan nuevos pítcheres!”, gritó Soriano. “¡Que vengan!”, repitió el “Salvaje”. Cuando el Presidente de Cultura Física de la Zona del Canal, doctor Edgard A. Bogda, oyó ese grito de guerra deportiva recordó el de su universidad y, entusiasmado como un muchacho, se fue a estrecharle la mano a los jugadores nicas diciéndoles: “You are real sportsman” (Ustedes son verdaderos deportistas).

5. Las invitaciones a champaña quedaron canceladas

Tex conferenció en la noche con sus muchachos y, atendiendo el extraordinario esfuerzo que había emprendido el “Salvaje”, propuso a José Martínez “Crema”, que estaba descansado, como lanzador. Pero el “Salvaje” no lo permitió: quería triunfar y triunfar siempre. Tex explicó que tenían proposiciones para realizar una gira por Panamá y Cuba, y que debían, a todo trance, ganar el trofeo de las Olimpiadas. Por lo tanto, todas las invitaciones a champaña quedaron canceladas, y los muchachos se acostaron a las nueve, como buenos hijos de dominio.

Al levantarse el 2 de enero, comenzaron a hacer ejercicios en rotación con los brazos. Parecían locos. “¿Qué están haciendo?”, preguntó la señora del hotel. “Esto, señora, se llama ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra! y sirve para echarle la cola de chancho a los yanquis”. Desayunados se fueron al Estadio a las ocho. Los yanquis querían que los nicas tomaran el bate. Y aceptaron. “No les tenemos miedo”, dijo Tex. En el público, las apuestas menudeaban. Sólo dólares se veían en todas las manos. Los yanquis, mientras tanto, querían ganar tiempo, y se quedaron viendo el cielo, esperando a los pítcheres que les llegarían en aeroplano.

“¡Play ball!” Los muchachos tomaron el bate. Soriano conecta un hit sobre la segunda. Con un nuevo batazo, Paniagua empuja a Soriano hasta tercera. Monterrey pega un hit formidable y Soriano llega al plato, marcando la primera carrera, entre el enorme griterío de los espectadores. ¡Los yanquis al bate! Reason acierta batazo de dos bases. (Un estremecimiento recorrió a los millares de espectadores. La lucha iba a ser tremenda). Ruffus fue out en primera. Myrs, ponchado. El temible catcher McKlean dispara un enorme triple, y entra la primera carrera en las piernas de Reason. El partido se empata.

En el segundo inning, Mayorga propina triple; López, un doble, siendo out en tercera, pero entrando la carrera de Mayorga. Los yanquis al bate: cero; quedan dos a una. En el tercero, los yanquis anotan otra carrera, emparejando. La lucha sigue feroz. Lo peor era que el pitcher del Canal, un zurdo, tiraba una bola extraña: lenta, tan lenta, que casi se le veían las costuras. Y los bateadores nicas fallaban. Pero el “Salvaje” se encapricha, y al llegar su turno al bate se fija en el bola y acierta una línea, disparándola como un proyectil en dirección del pitcher, quien mete la zurda, pero la bola le raja la mano entre los dedos anular y del corazón, quedando inutilizado.

6. ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra!… ¡Sis! ¡Bun! ¡Bá!

En ese momento se dibujaron en el cielo josefino tres aeroplanos haciendo piruetas. Tex cogió el megáfono, y gritó a los muchachos: “¡El que vuelva a ver para arriba pierde! Dejen que los chunches vuelen y no le despeguen el ojo a la bola”. Los yanquis cambiaron de lanzador, pero obsequió boleto y mandó a primera a Mario “Patón” y a Enrique Miranda; estando embasados éstos, Soriano pega un batazo de dos bases y entra Mario a home obteniendo la tercera carrera. Metieron otro pitcher en el octavo inning, pero Paniagua le dio de hit. Monterrey lo emuló. Barrios fue out y el “Conejo”, que llevaba en su blusa la medallita del Campeonato de 1918 de los “Gigantes”, fue al bate. “‘¡Conejo! de usted depende la salvación de la Patria”, le gritó Tex . Y el “Conejo” cogió el palo. Le untó saliva y tierra. Volvió a ver hacia el lado de Nicaragua, y dio el batazo más fenomenal de las Olimpiadas. ¡Home rum! y entraron tres carreras. “¡Ra!, ¡Ra!, ¡Ra!… ¡Sis Bun Bá…! ¡Nicaragua! ¡Nicaragua! ¡Ganará!”

Al obtener el segundo triunfo, los boys nicaragüenses, acercándose a Tex, le dijeron:

—Ahora queremos la copa.

—Pero si la Copa la darán el día que acaben las Olimpiadas.

—¡No hom! Lo que queremos es la copa, porque ya estamos desesperados del estado seco.

—¡Sí! —gritó el “Salvaje”— que se acabe la tiranía de Tex Richard!

—Abajo la tiranía —gritaron todos. Y los muchachos se dispersaron, contentos y triunfales, a un banquete y a mojar la Copa con champaña copioso.

El domingo 4 decidieron jugar, extra-Olimpiadas, un partido con los ticos que dedicaron al señor presidente Jiménez. El entusiasmo, como el sol, iluminaba la ciudad. Y el desfile de autos, camiones, tranvías y coches hacia el Estadio era extraordinario. Pero el encuentro tuvo lugar hasta en la tarde. Los ticos al bate. Los muchachos estaban nerviosos por el efecto de la viuda de Cliqcot y de otros champañas. Pitcher: Monterrey, pero el brazo lo tenía embolado y mandó a dos bateadores a primera. El tercero metió un hit, y el que estaba en segunda corrió a tercera. El catcher Mario, que también tenía embolada la bola, tiró mal y el tico entró a home. Aquello era desastroso. Una carrera, dos embasados y ni un solo out. Tex tomó el megáfono y disparó un feroz regaño: “Si pierden ahora, suicídense”. Monterrey se puso formidable y los otros tres ticos fueron sacados out. En el inning siguiente, Chema Mayorga metió el segundo home run que se ha visto en el Estadio de Costa Rica. Para no alargar el cuento el score marcó 6 por 1.

7. Los integrantes de la Selección

Los compatriotas recibieron de manos del señor Presidente de Costa Rica, licenciado Ricardo Jiménez, el trofeo de la Copa Olímpica. El manager Tex Ramírez dejó consignados sus nombres: Gilberto “Salvaje” Miranda (P), José Martínez “Crema” (P), Manuel Calero (P), Francisco Monterrey (1B y P), Anselmo Mayorga (2B), Paco Soriano (SS), Miguel Barrios “Cola” (3B), Eduardo López Mario (Catcher), Francisco Acosta “Conejo” (LF), Enrique Miranda (CF) y Julio Paniagua (RF).

En la primera plana de La Noticia se publicó el mensaje consagrador enviado por Francisco Ibarra Mayorga, Secretario de la Legación de Nicaragua: “Manager norteamericano declara al ‘Salvaje’ profesional y a Soriano, ‘Rey del Hit’ y mejor bateador del Team”. A su regreso los triunfadores se trasladaron de la Estación de Managua a Casa Presidencial para entregar el trofeo a don Carlos Solórzano. Apareció el mandatario en el balcón de su casa que daba al parque central, y desde allí escuchó el sonoro discurso lírico de ofrecimiento pronunciado por Salvador García Valery.

El 3 de agosto de 1925 las botas del United State Marine Corps (USMC) abandonaban Nicaragua. Y el cuento se acabó. Todos se olvidaron del “Salvaje”.

Más de cuarenta años después, Julito Valle-Castillo se lo encontró, anciano y hemipléjico, en Monimbó, de donde era originario.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí