Ernesto González Valdés

Cuando nos alejamos del tema escuela y nuestros hijos empiezan a interesarse por la vida nocturna ¿A qué hora debo regresar a casa? Una de las manifestaciones de los adolescentes, casi jóvenes, de querer ser ya adultos, es el llegar tarde a casa, entiéndase pasada una hora a la cual anteriormente no estaban ni acostumbrados, […]

Cuando nos alejamos del tema escuela y nuestros hijos empiezan a interesarse por la vida nocturna

¿A qué hora debo regresar a casa?

Una de las manifestaciones de los adolescentes, casi jóvenes, de querer ser ya adultos, es el llegar tarde a casa, entiéndase pasada una hora a la cual anteriormente no estaban ni acostumbrados, pero menos autorizado por sus padres a llegar tan “tarde”.

Resulta problemático para los padres y madres mantener a sus hijos bajo la “falda” del hogar a medida que estos crecen (de edad) .

Ya no es que llegue de la escuela y se encierre en la casa a realizar las tareas, sino a veces la misma necesidad de estudiar en equipo, con sus compañeros y compañeras de la sección, no sólo porque haya que entregar un trabajo “en equipo”, sino para aclarar las dudas mismas, que no necesariamente un papá o una mamá pueden aclarar.

Todo esto requiere que el hijo o hija vaya a casa de otro estudiante, e inclusive asista a la biblioteca. Ya aquí tenemos un motivo que justifica que debemos solicitar al joven estudiante por una parte: “¿A qué hora regresás?”

¿Acaso lo anterior significa un control exagerado sobre la persona? No, ya que conocer ese dato tan sencillo de a qué hora llega nos da a todos tranquilidad de saber que las cosas están bien.

¿Qué cosas, se preguntará usted? Hablar de cosas es referirnos a que nuestro hijo conociendo que está en un lugar determinado (en la escuela, en la biblioteca, en casa del equipo de estudio) en un período de tiempo dado, sabemos que está seguro en el sentido mismo de que por cualquier necesidad pueda localizarse allí.

Por otra parte no podemos vivir ajenos a la realidad de la violencia que de forma solapada siempre nos amenaza y que de una manera u otra cuando sabemos donde están resta la probabilidad de algún posible pormenor (o “pormayor”) en el regreso a casa.

Los hechos se tornan para los padres y madres más riesgosos cuando nos alejamos del tema escuela y nuestros hijos empiezan a interesarse por la vida nocturna, cuando van a fiestas, discotecas y no quieren que los vayamos a traer porque ya no son “chavalos” y prefieren venir en taxi o en el vehículo de alguno de los amigos.

Lo anterior se origina producto que la adolescencia es el momento en que se comienza a forjar la personalidad. Es la etapa de iniciación en la toma de decisiones y en la asunción de la responsabilidad de sus actos.

Todo ello hace que quieran ver ampliada su tiempo hasta altas horas de la noche. Y por nuestra parte (los adultos) que queramos seguir protegiéndolos con la imposición de una hora de vuelta temprana.

Es por esto que resulta necesario que confiemos en nuestros hijos, que observemos su grado de madurez y la forma en que ellos asumen sus responsabilidades.

Estos serán los factores principales que los padres deberemos tener en cuenta al momento de tomar la decisión de ampliar el horario.

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