- Hace quince años, Denis Martínez lanzó su Juego Perfecto contra los Dodgers de Los Ángeles en las Grandes Ligas y, con ello, consiguió que los reflectores apuntaran hacia él para dejar al descubierto una admirable y motivadora historia de lo que se puede conseguir cuando se trabaja con el brazo pero se lucha con el corazón
DENIS MARTÍNEZ, lANZADOR DE GRANDES LIGAS
Con una pelota entre sus manos, Denis Martínez aprendió a dibujar sonrisas en rostros con lágrimas y transmitió alivio en medio del dolor.
En más de una ocasión, Edgard Tijerino ha narrado el entusiasmo de la gente por Martínez, aun desde los refugios o las trincheras durante la guerra de 1979.
El interés persistió en los años ochenta más allá de la división sufrida por la familia nicaragüense. Ahí estuvo siempre Denis, como el referente, mientras cubría de orgullo al país.
En los noventa alcanzó su mayor notoriedad con su Juego Perfecto ante los Dodgers para dar luego los toques finales a una carrera cuyo brillo ha persistido más allá del campo de juego.
“No todo mundo se pasa 23 temporadas en las Grandes Ligas”, dice Martínez, en el Aeropuerto de Managua, mientras espera por su vuelo que lo llevará de regreso a Miami.
Los cabellos sobre su cabeza están siempre firmes, como suelen ser sus posiciones, pero ahora se mezclan con ciertos hilos plateados que delatan su vuelta por el medio siglo.
Pero aún está esbelto y se mantiene en forma como si tuviera que lanzar. Aunque aún lo hace en las prácticas primaverales con los Orioles o con la Selección Nacional de Nicaragua.
Sin embargo, su mejor pitcheo ahora no es su curva sino su ejemplo y su capacidad para estimular a la actual generación de peloteros nicas y a cada prospecto que sueña con el beisbol.
“Uno logra estimular a los niños y a los jóvenes con su ejemplo. A mí me pone contento saber que muchos se han animado a tratar de destacarse y llegar a Grades Ligas”, dice Denis.
Martínez lo entiende porque también fue un chiquillo con aspiraciones y sueños en la Granada de los años sesenta, desde donde saltó a la fama y se ha dedicado a animar al país.
SIEMPRE QUISO SER PRIMERO
n ¿Qué recordás de tus días de niño en tu natal Granada?
Cada vez que pienso en eso, me veo jugando en las calles de Granada como cualquier otro chamaco. Aquí en Nicaragua el sistema ha sido siempre buscar cómo entretenerse en la calle y yo fui atraído por el deporte. Y me veo jugando a ser el primero. Nunca me gustó ser segundo. Claro, también iba a la escuela pero lo que menos hacía era estudiar. Lo más importante para mí en esa época era jugar beisbol.
n ¿Así que fuiste competitivo desde que eras un chavalo?
Yo nací así. Nunca tomé nada a medias. Siempre le puse todas las ganas a lo que hacía. Eso creo que fue un don que Dios me dio y creo que lo aproveché. Así es como yo lo siento. Creo que tuve mi oportunidad y la aproveché. Uno debe estar listo para cuando llega la oportunidad. A veces sólo llega una vez.
n He escuchado muchas versiones. ¿Dónde exactamente naciste en Granada?
Nací en la Calle Nueva y después viví de la iglesia de Xalteva 2 cuadras y media al norte. Es parte del barrio La Otra Banda, por la zona del hospital San Juan de Dios. Y fijate que es interesante señalar que ese era un barrio en el que se jugaba muchísimo beisbol de calle. Llegaban de otros barrios. Yo sólo miraba porque los que jugaban eran más viejos, pero después me les metí y jugábamos y acabamos a los que llegaban.
n ¿Tu familia, tus papás, sobre todo, eran humildes, económicamente limitados?
Sí. Eran gente sencilla. Mi mamá era de Managua y mi papá de un lugar llamado El Capulín, que es entre Granada y Masaya. Él era un hombre del campo, que trabajaba la tierra. Era agricultor. Pero en medio de esas limitaciones, ellos me inculcaron muchos valores que luego me sirvieron mucho cuando decidí hacer carrera en el beisbol.
n ¿Y cuándo comenzás a jugar de una manera un poco formal?
Bueno, yo comienzo en la categoría infantil con el equipo El Esfuerzo de Manuel Bermúdez. Y en la primera liga que participo, le ganó 1-0 el juego inaugural al Jabón Prego, pero éste equipo me protesta porque dice que soy mayor de edad y me sacan de la liga. Lo curioso es que después, el Jabón Prego me buscó como refuerzo y yo fui. Después pasé a la liga juvenil y fuimos campeones nacionales. Ya para entonces, mi nombre comienza a sonar en Granada como jugador.
n ¿Y llegás al Granada de Primera Divisón, entonces?
No. El Granada de esa época era muy fuerte y pensé que tenía más chance en el San Fernando. Así que me vine a Masaya pero tanto el doctor Nicolás Bolaños como (Alberto) “Guaracha” Castellón, no me vieron mucho y me dejaron fuera del equipo. Para esa época, yo era short y tercera base. Me defendía al bate pero era flaquito y sin poder y quizá eso no les gustó a ellos pero a lo mejor no captaron mis deseos y mi corazón.
n Al siguiente año, sí fuiste al Granada y te quedaste, ¿no?
Sí. Llegué como tercera base y me quedé en el equipo. Pero un día, en un juego de práctica, Heberto Portobanco me dijo que si quería lanzar y yo le dije que sí porque la verdad, era un chavalo bien suelto, sin miedo. Y le tiré a la Selección Nacional que iba a un torneo creo que a Costa Rica y en 7 entradas me hicieron dos carreras. Recuerdo que una fue un jonrón de Rafael Obando. Pero a Heberto le gustó lo que vio y me dejó como lanzador. Ese año (1972) fui hasta el mejor novato y me “colé” en la Selección. El resto de la historia, ustedes la conocen. Abrí contra Cuba en Dominicana, lancé en el Mundial de 1972 aquí y en el de 1973, cuando me trencé en duelo que perdí 1-0 con Dick Wortham de Estados Unidos. Luego vino lo de la firma con los Orioles.
n ¿Cómo fue eso de la firma?
A mí me firma Julio Blanco Herrara, quien vino con Ray Pointevint a ver a Antonio Chévez. Pero Tony Castaño habla para que me vean a mí. Me chequean y les gusté. Así que me firmaron por 3 mil dólares. En el fondo creo que lo hicieron por no hacer sentir mal a Tony. Además que 3 mil dólares era una cantidad por la que se podían arriesgar.
n Las Ligas Menores, ¿fue una etapa dura para vos? Muchos dicen que es duro.
Para mí no. Yo iba determinado. Pienso que todo depende del sistema en el cual uno se desarrolla. Por eso uno tiene que hablar mucho con los prospectos que son firmados y que luego se quieren venir. Quizá para ellos es traumático salir del campo y venir a la ciudad. Y más aún ir a Estados Unidos, donde la vida es demasiado rápida. El beisbol requiere mucha disciplina, mucho esfuerzo y algunos no están acostumbrados a eso.
n A otros les basta con el bono de la firma y se vienen para su casa …
También existe ese elemento del conformismo o falta aspiraciones o de responsabilidad diría yo. Muchos saben que al regresar, en su casa los esperan y aunque sea plátano con sal pueden comer. A mí me enseñaron a ser responsable de lo que hacía y como ya estaba casado, tuve que socar para mantener a mi familia. Pero nada es fácil en la vida. Hay que batallar con el corazón.