Querido Padre Alberto:
Leo sus consejos con mucho interés. Pero no creo que alguna vez le hayan hecho una pregunta como la que yo le voy a plantear hoy.
Soy una mujer cubana de 57 años. Desde muy joven vine a Estados Unidos con mi madre y mi hermano menor. Nuestro padre se quedó en Cuba por razones políticas y por no estar muy claro en lo que buscaba en la vida. Yo tuve contacto con mi padre sólo de vez en cuando, a través de cartas y llamadas.
Hace cinco años, quise ir a ver a mi padre grave, y por mil complicaciones de ese régimen totalitario, no pude llegar. En resumidas cuentas, mi padre murió y me quedé con un gran dolor en el alma. Es irónico que por razones de trabajo he viajado al mundo entero, y cuando mi padre estaba muriendo se me hizo imposible tomar un avión para visitarlo a 90 millas.
Durante todos estos días hemos tenido que ver la enfermedad de Fidel Castro en la televisión. También se escuchan muchas opiniones sobre el tema de su muerte y posible reemplazo en la radio. Yo siento que lo odio y que ni lo quiero ver. Me imagino que tendrá que irse al infierno, porque en el cielo no hay espacio para él.
Creo que mi pregunta primordial es: Para una persona cristiana, que así me criaron, ¿cuál debe ser mi postura ante un dictador tan cruel como ese señor?
Magdalena, frustrada y resentida con sólo pensar en Fidel
Estimada Magdalena:
Cuando una persona lastima, oprime y abusa de todo un pueblo por casi 50 años, tal como lo ha hecho el tirano de Cuba, los sentimientos negativos y el terrible dolor que produce en millones de personas son muy grandes.
Creo que todo lo que hemos vivido en estos días nos tiene que hacer reflexionar sobre el significado que tiene todo esto para nuestro mundo, para Cuba y para cada uno de nosotros como seres humanos. Pensar sólo en un enfermo de poder, sería un gasto de tiempo.
Los resentimientos y el odio que llevas por dentro, especialmente por no haber tenido la libertad de entrar en tu país a ver a tu padre, son heridas profundas y algo que es natural sentirlo, de lo contrario no serías un ser humano. Pero recuerda que son millones de personas las que han sufrido situaciones similares debido a esta dictadura cruel e inhumana. Con estos hechos, tampoco conseguiremos justicia por los miles y miles de crímenes causados por su dictadura.
Lo que sinceramente no entiendo es el salir a la calle a “festejar” el hecho de que un dictador le pase el poder a su hermano temporalmente. Tampoco entiendo el celebrar la muerte de alguien, por muy malo que sea. Quizás la euforia y el entusiasmo nos llevan a salir a la calle, pero primero hay que saber lo que se celebra.
Yo sí pienso celebrar. Voy a celebrar el día que los cubanos sean verdaderamente libres. Voy a celebrar el día que las familias puedan reunirse y viajar libremente a estar con sus seres queridos cuando quieran, como lo pueden hacer la mayoría de los ciudadanos del mundo. Mi celebración no se basará en la enfermedad o la muerte de nadie. Voy a celebrar cuando la tiranía de Cuba —y todas las tiranías del mundo— se vengan abajo. La justicia no se encuentra en la muerte o la enfermedad de alguien, sino cuando la paz y la libertad reinen en nuestro mundo.
Un abrazo,
Padre Alberto
Envíe sus cartas a:
Rev. Padre Alberto Cutié
Radio Paz 830 AM
PO BOX 421500
Miami, Fl 33142
www.padrealberto.com