Sergio Ramírez Mercado. ()

Sergio Ramírez Mercado. () Un reino de

A pesar de tener una relación distante con los animales, el escritor Sergio Ramírez, inspirado por el silencio que existe entre los animales y las personas, escribió su nueva obra retornando a sus años de cuentista En su oficina repleta de libros y de fotos familiares, el escritor Sergio Ramírez Mercado preparó su nuevo libro […]

  • A pesar de tener una relación distante con los animales, el escritor Sergio Ramírez, inspirado por el silencio que existe entre los animales y las personas, escribió su nueva obra retornando a sus años de cuentista

En su oficina repleta de libros y de fotos familiares, el escritor Sergio Ramírez Mercado preparó su nuevo libro de cuentos. Inspirado en sus años de infancia decidió basarse en los animales, sobre todo en aquellos que han sido noticias. A esta nueva obra la tituló El Reino Animal.

¿Por qué Sergio Ramírez vuelve al cuento?

Yo nací en la vida de la literatura como cuentista, a los 17 años escribí mi primer cuento. Inconscientemente dirigí mis pasos hacia la narrativa. A los 20 años publiqué mi primer libro de cuentos y siempre me gusta regresar al cuento como una forma de probarme a mí mismo que soy el de antes, el que se entrenó en la literatura como cuentista. Así que mis primeros cuentos eran los de Tropeles y Tropelías, Catalina y Catalina y ahora éstos de El Reino Animal que pertenecen a mi otra parte de mi etapa de cuentista. Yo disfruto mucho escribiendo cuentos porque el cuento tiene reglas muy estrechas en las que tienes que resolver las cosas muy hábiles.

¿Por qué un libro enfocado en los animales bajo el título El Reino Animal?

Cuando tenía 10 años yo me encontré con unos álbumes de estampas de animales, que se llamaba precisamente Reino Animal y en recuerdo a ese álbum, yo bauticé este libro. Creo que me impresionó ese álbum porque al final los últimos animales, que no salían, eran los más misteriosos para mí, como el orangután, el gorila, el león de la selva, el rinoceronte. El más común era la mariposa.

Entonces de esta vinculación de la infancia viene quizás este libro y también del amor por la noticia periodística, ya que todos los cuentos están sacados de una noticia de periódico que leí y oí contar.

¿Qué tipo de animales participan en esta obra?

En este libro yo he querido traer como personajes a los animales, con quienes he tenido una relación quizás distante, pero siempre respetando ese silencio que existe entre los animales y las personas, el cual es todo un misterio. Tomando en cuenta no sólo a los animales de los circos sino también a los que fueron parte de mi infancia. En el libro hay cuentos de ballenas, lagartos, tortugas, focas y más.

¿Y quién es el que escribe en este libro, acaso es el niño que habita dentro de Sergio Ramírez?

Yo creo que sí es el niño que habita en mí. Este libro es escrito por el niño que yo fui y a lo mejor sigo siendo en muchos sentidos.

¿Cuáles son las diferencias de esta nueva obra en comparación con sus obras anteriores?

Bueno, una de las ambiciones de un escritor en su madurez, para no decir en su tercera edad, que no me gusta decir eso, es siempre experimentar con el lenguaje, salir por una parte donde el público no me espere, porque pienso que lo peor que le puede ocurrir a uno es volverse un actor predecible. Por eso esta ambición de “zafarme” de la predicción del lector. Eso es lo que ahora me preocupa en la escritura. Seguramente después voy a salir con otra cosa, otro salto en el vacío.

¿Cuál es el cuento con el que más se identifica?

Con el de la ballena. Se llama Mañana de Domingo. Cuando están cargando a la ballena, llega gente del Marena, de la Policía y por último aparecen dos personajes que son de la vida real, el doctor Incer y el doctor Germán Romero Vargas. Atraídos por la noticia llegan y participan en el diálogo final. El delegado del Marena dice que esa carne no es apta para el consumo humano. “Todo esto es consecuencia del hambre que sufre nuestro pueblo”, dijo el inspector. El doctor Romero respondió: “La ballena es como el país”, dijo con leve sonrisa, “sólo quedan los despojos”. Quizás por eso es que me identifico con el cuento de la ballena.

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