LA MANO QUE MECE LA CUNA

Las madres que trabajan suelen dejar a sus hijos al cuidado de personas de confianza pero ¿qué tan confiables son estas personas? Esa es la duda que acecha a quienes temen que sus hijos sufran maltrato [doap_box title=»Secuelas que puede presentar un niño maltratado» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La pérdida de la autoestima es la principal y […]

  • Las madres que trabajan suelen dejar a sus hijos al cuidado de personas de confianza pero ¿qué tan confiables son estas personas? Esa es la duda que acecha a quienes temen que sus hijos sufran maltrato
[doap_box title=»Secuelas que puede presentar un niño maltratado» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La pérdida de la autoestima es la principal y representa un daño incalculable porque destruye muchas cosas más. Una persona con baja autoestima tiene dificultades para triunfar en la vida y para establecer relaciones interpersonales de manera apropiada.

Le genera al niño inseguridad, temor a la oscuridad, temor a estar solo y dificultad para confiar en las demás personas.

Identificar señales

La agresividad es un indicador, más aun cuando está focalizada en una persona en particular, no necesariamente el agresor pues, por lo general, va a ser con la persona que ellos consideran que los debería de proteger y no lo está haciendo. Por ejemplo, un niño se puede enojar con la mamá porque ella se va todos los días a trabajar y lo deja con una persona que le hace daño y él en su interior se pregunta por qué la mamá lo deja con esa persona. Entonces, el hijo es agresivo por eso y los padres pueden pensar que es simple malacrianza y le pegan para corregirlo, sin darse cuenta que puede ser una señal de alerta.

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Gloria, la madre de la pequeña Michell, una bebé de pocos meses, dejaba a su hija bajo los cuidados de la niñera, mientras iba a su trabajo en el banco. Cuando llegaba a su casa despertaba a la bebé para pasar un momento con ella.

Con el paso de los días notó que la niña estaba más delgada pero que, al menos cuando estaba con ella, mostraba un apetito feroz. La bebé casi no tenía dientes pero se abalanzaba sobre todo lo que era comestible.

Un fin de semana se encontró en la puerta de la casa con la vecina y esta le dijo que quería contarle algo. Por medio de su empleada, la vecina se había enterado que la niñera de Gloria no le deba de comer a la bebé porque se llevaba la comida para su propio niño.

Este caso encierra uno de los mayores temores que enfrentan los padres a la hora de escoger quién se quedará con sus hijos mientras ellos salen a trabajar.

Consejos para contratar a la persona que cuidará a su hijo

Para la sicóloga Rosa María Mendoza, es esencial que los padres se tomen cierto tiempo antes de escoger a la niñera que cuidará a sus hijos para conocer mejor a esa niñera e informarse sobre la experiencia que ésta pueda tener. Lo que incluye cuestionar sobre los trabajos anteriores y los motivos por los que se fue.

Los padres necesitan saber lo más posible sobre la experiencia de la niñera y su enfoque sobre el cuidado de los niños. Hay que tomarse el tiempo de conocerla. Verificar las referencias que presenta y, por más seguridad, solicitarle el récord de antecedentes criminales.

Hay que entrevistar a varias y confiar en la intuición de padres. Después de la entrevista hay que sentir la plena tranquilidad de que esa es la persona indicada. Pero ante todo, según la sicóloga, hay que mantener mucha comunicación con los hijos y por medio de ellos, monitorear el desempeño de la niñera.

Aunque no siempre la niñera es una persona extraña, en nuestra cultura latina es muy común que los que cuidan a los niños sean los mismos parientes: una tía, una prima, la abuela o vecina que es como si fuera de la familia. En ese caso, lo indicado es también la comunicación con los hijos y monitorear a través de ellos el comportamiento de ese pariente encargado de cuidarlos. “La comunicación diaria con nuestros niños es un elemento de prevención”, dice la doctora Mendoza.

Señales a las que hay que estar alertas cuando un niño está siendo maltratado

Cuando quien está siendo maltratado por el adulto responsable de cuidarlo es un bebé, se hace más difícil descubrir la situación porque el bebé no puede contarle a sus padres lo que está pasando.

En ese caso, los padres deben tener mayor cuidado y poner el doble de atención.

Al llegar a la casa deben ir a ver al bebé, aunque este esté durmiendo, revisar —pero sin ser evidente— mientras juega con el bebé, si tiene algún rasguño, algún hematoma o alguna cicatriz. Observar si está comiendo y evacuando normalmente, si duerme y si el sueño es tranquilo o no.

La madre, en particular, debe conectarse con su hijo y esforzarse por identificar las formas que éste tiene de comunicarse, o sea, aprender a identificar el llanto, porque los niños pequeños que aún no aprendieron a hablar, expresan sus sentimientos, el miedo, la alegría o la ansiedad a través del llanto, el cual también puede ser por sueño, hambre, incomodidad, necesidad de contacto o cólico.

La doctora Mendoza dice que un niño de brazos que llora y se resiste a irse con la persona que se supone que lo cuida todos los días, esa ya es una señal de alerta.

“Los niños no son complicados, si se sienten bien con alguien se van con ese alguien, si no se sienten bien, no se quieren ir”, dice y aconseja a los padres que tengan confianza en las señales que los niños dan, no caer en la negación porque eso sólo empuja el problema para adelante no lo resuelve.

Cuando los niños ya saben hablar, el problema es un poco menos difícil de ser identificado a tiempo. “Las madres y los padres trabajadores deben sentarse a jugar y a conversar con sus hijos”, aconseja la sicóloga.

En niños más grandes es posible notar si hay alteración en la conducta regular, si hay estados depresivos, si el niño sólo quiere estar encerrado y durmiendo, esas conductas pueden ser señales de que algo les pasa.

Según la doctora Rosamaría Sánchez, las señales que los niños dan cuando algo les está pasando es un cambio en su comportamiento habitual, ya sea que duerme más, que come más, que habla menos, que está agresivo o que maltrata animales”, comenta la experta.

Hay que platicar con el niño. Mientras mayor sea el nivel de confianza, hay más posibilidad de prevenir una situación de maltrato.

La sicóloga aconseja que los padres hagan saber a sus hijos que ellos son sus principales protectores.

Por eso recomienda que cuando los niños dicen una verdad, por más grave que sea, no hay que castigar sino más bien analizar con el niño lo que pasó y hacerlo reflexionar.

“No siempre es correcto castigar”, opina la doctora Mendoza. Por ejemplo, si el niño le cuenta que quebró un objeto y lo castigan, están creando un precedente para que luego, tenga temor de decir la verdad”.

Si los padres se limitan a juzgar y sancionar crean barreras que, más en la adolescencia, pueden emerger .

La confianza en los hijos

Cuando la comunicación se corta pasan cosas, se acumulan cosas y después es más difícil para ellos hablar del problema. Es importante creer en los hijos, antes que en parientes o profesores; si el niño ve que se le tiene confianza, no hay por qué temer que recurra a mentiras en situaciones delicadas.

Lo principal es fomentar una relación de confianza, comprensión y aceptación, ya que los niños están en proceso de desarrollo.

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