[/doap_box]
El grado de culpabilidad que pueden sufrir los padres cuando su hijo ha sido víctima de maltrato por parte de la persona encargada de cuidarlo, ya sea este un empleado o un familiar, depende del lapso de tiempo que tardan en descubrirlo.
Cabe mencionar que el maltrato no es sólo la agresión física o el abuso sexual, está también el maltrato verbal y sicológico.
Los padres que descubren que sus hijos están siendo víctimas de maltrato, experimentan un sentimiento de enojo que luego se transforma en culpabilidad y en algunos casos en depresión, si una vez comprobado el abuso se dan cuenta de que no percibieron las señales que el niño daba, como cambios inexplicables de comportamiento o rechazo hacia esa persona que los cuidaba.
En muchos casos, los padres tratan de resarcir el daño que el niño ha sufrido con sobreprotección o proporcionando cosas materiales.
La mejor prevención es la comunicación. Pero no basta con llegar a la casa y preguntarle al niño si comió, si hizo tareas o si se portó bien; es importante cuestionar e indagar sobre el día en general, si jugó con sus amigos o si pasó algo diferente ese día. Si el hijo está acostumbrado a conversar con los padres y si siente que puede confiar en ellos y que ellos confían en él, es más probable que en caso de estar en una situación de maltrato (por parte de la persona que debería cuidarlo, de un familiar o del profesor de la escuela) va a decirlo a sus padres inmediatamente.
Si el agresor es un empleado, lo obvio es prescindir inmediatamente de los servicios. Pero si es un pariente tía, prima, abuela o vecina muy próxima, como suele suceder en muchos casos, cuando difícilmente el niño va a dejar de ver a esa persona lo indicado es poner límites claros. Prohibir incluso que ese pariente tenga contacto con el niño a solas. Además, los padres deben hablar con el hijo, darle la seguridad de que eso no va a volver a pasar y hacerle entender que ellos como padres no estuvieron de acuerdo con la situación.
Cualquier tipo de maltrato deja secuelas y muchas veces éstas pueden ser difíciles de superar sin ayuda profesional pero hay que dar tiempo a que el niño se recupere solo. Si después de algunas semanas no hay muestra de mejoras, entonces sí hay que buscar ayuda profesional.