El presidente Fidel Castro, con el niño Elián González, en un acto público en La Habana, el año pasado. (LA PRENSA/AFP-AIN-Randy RODRIGUEZ)

Disidentes y opositores

La disidencia y la oposición a Fidel Castro nacieron casi simultáneamente al triunfo de la revolución cubana y se han mantenido, con altibajos, como un elemento siempre presente y molesto para el hombre que dirige el país desde hace 47 años SÉPTIMA ENTREGAEFE-REPORTAJES Tildados de mercenarios, contrarrevolucionarios, agentes de la CIA y con todo tipo […]

  • La disidencia y la oposición a Fidel Castro nacieron casi simultáneamente al triunfo de la revolución cubana y se han mantenido, con altibajos, como un elemento siempre presente y molesto para el hombre que dirige el país desde hace 47 años

SÉPTIMA ENTREGAEFE-REPORTAJES

Tildados de mercenarios, contrarrevolucionarios, agentes de la CIA y con todo tipo de apelativos por parte del Gobierno, la relación de Castro con la disidencia ha sido termómetro del clima político de la revolución a lo largo de sus diferentes etapas.

Junto a los primeros opositores en los años cincuenta, que en su inmensa mayoría abandonaron el país tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, el movimiento de oposición y disidencia (aquellos que participaron en el sistema revolucionario y salieron de él) ha caminado en paralelo al gobierno instalado en 1959.

De las filas del ejército rebelde surgieron los primeros disidentes.

Húbert Matos, uno de los jefes de la Sierra Maestra, condenado a 20 años de prisión meses después del triunfo de la revolución acusado de traición por oponerse al ingreso de comunistas en la dirección del país.

Algunos de ellos se echaron a los montes del Escambray para iniciar un movimiento de resistencia contra Castro que desembocó en lo que se bautizó como la guerra contra los “bandidos”, derrotado en los años sesenta.

Uno de ellos fue el español Eloy Gutiérrez Menoyo, que comandó un frente en la lucha contra Batista, luego combatió contra Fidel y estuvo en prisión desde 1961 hasta 1986, cuando salió tras las gestiones del gobierno español de Felipe González.

Aunque no encajen dentro de la concepción actual que vincula disidencia con derechos humanos, los movimientos opositores también se generaron a medida que la revolución iba evolucionando y los actores iban quedando apartados o inconformes con los derroteros que tomaban la línea de gobierno.

A finales de los sesenta, Aníbal Escalante, integrante del viejo Partido Comunista y de línea de pensamiento pro-soviética, fue condenado a 15 años de prisión junto a otras 36 personas por conspirar contra la revolución.

Mientras, algunos intelectuales del ámbito académico se descolgaban con una línea de disenso manifiesto, que acabó con varios de ellos también en prisión a principios de los setenta.

Tras las depuraciones internas, el movimiento disidente tardó tiempo en recuperar vigor.

Elizardo Sánchez, uno de los profesores que acabó en prisión en 1972, opina que “en 1987 los disidentes actuando en las calles eran menos de diez en todo Cuba”.

Desde entonces los grupos se han multiplicado y, según Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), han surgido cientos de grupos de disidencia con miles de activistas.

Para Osvaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación y premio Sajárov del Parlamento Europeo en 2002, esto se produjo porque la “frustración” acumulada por la población ante el “agotamiento” del sistema vio en la Perestroika de la Unión Soviética que “era posible el cambio”.

A partir de ahí se articularon varios proyectos, entre ellos el Varela, del propio Payá, con propuestas para una “reconciliación nacional” y un cambio de modelo.

Según Payá, la visita del ex presidente Jimmy Carter en 2002 permitió a muchos cubanos conocer de la existencia de “proyectos de cambio no violentos”.

2003, LA PRIMAVERA NEGRA

Uno de los golpes más duros para la disidencia llegó en marzo del 2003, con la detención y condena a penas de prisión de 75 bajo la acusación de conspirar con EE.UU., atentar contra la independencia del Estado y socavar los principios de la revolución.

Posteriormente, 15 se beneficiaron de licencias extrapenales por motivos de salud para salir de prisión y tres, entre ellos el periodista Raúl Rivero, lograron abandonar el país.

Aunque Payá considera un “error y falta de realismo” atribuir a cuatro o cinco líderes la disidencia en el país, entre las agrupaciones disidentes más activas en Cuba están las Damas de Blanco, que agrupa a mujeres familiares de los 75 y también fueron galardonadas con el Sajarov en 2005, y Arco Progresista de Manuel Cuesta Murua, de tendencia socialdemócrata.

También figuran Marta Beatriz Roque, de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil; Vladimiro Roca, de Todos Unidos, escisión del movimiento del mismo nombre fundado por más de 50 líderes opositores en 1999, y Gustavo Arcos, del Comité Cubano pro Derechos Humanos y la Fundación Hispano-cubana, con sede en Madrid.

FUTURO

Arcos, de 79 años, estuvo junto a Fidel Castro en el asalto al Moncada (1953), donde fue herido, estuvo en prisión seis años y como Gutiérrez Menoyo, también residente en Cuba y cabeza del movimiento Cambio Cubano, no ha cambiado su posición pese a pasar por prisión.

“Este es un régimen totalitario, un sistema policiaco, y muchos de nosotros desde el principio nos separamos porque no luchamos para establecer el sistema comunista aquí”, dijo a EFE Arcos.

Gutiérrez Menoyo asegura que Castro traicionó la revolución y que en 1995, en un encuentro que tuvo con él, le pidió que la retomara, a lo que el presidente cubano le respondió que “la confrontación norteamericana lo impedía”.

FUERA DE CUBA

Fuera de Cuba, el movimiento es variopinto con posiciones situadas en un arco muy amplio del espectro ideológico.

La Fundación Nacional Cubano Americana, creada por el millonario Jorge Mas Canosa, es el grupo más importante del exilio cubano más conservador y elitista en Miami.

Junto a ella está la Junta Patriótica Cubana, que agrupa a casi 200 organizaciones del exilio estadounidense, entre ellas, la paramilitar Alpha 66, que cuenta en su haber con actos terroristas e intentos de asesinato contra Castro.

En una posición más moderada como la Unión Liberal Cubana, fundada por el escritor Carlos Alberto Montaner.

Para casi todos, la muerte de Fidel Castro supondrá el final del régimen político actual en Cuba, aunque muchos no dejan de reconocer el papel histórico que ha jugado.

Arcos dice que el líder cubano “indiscutiblemente es una personalidad política, con cultura” y para Sánchez es “un político genial, el más brillante que ha existido en la historia de Cuba e incluso en la época colonial”.

“Si viera a Fidel le diría que piense, en los finales de su vida, contribuir a una solución pacífica de su país. Quién mejor que él para contribuir a una solución pacífica”, dijo por su parte Gutiérrez Menoyo.

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