Resultó tan exitoso el experimento de los Dodgers con las transmisiones en español, encabezadas por René Cárdenas, que muy poco tiempo después, otros 14 equipos tenían la suya.
Y Cárdenas adquirió tanta notoriedad que fue contratado por los Colts 45 de Houston para que les montara el proyecto a ellos. Y lo hizo también que una de las vigas sobre la cúpula del majestuoso estadio Astrodome de Houston lleva su nombre.
“Hubo una época incluso, en la que viajaba de Houston a Arlington todos los días, narraba el juego para los Rangers y luego volvía en avión la misma noche a Houston”, señala Cárdenas, mientras sonríe en el comedor del Minute Maid.
Pero su época de esplendor fue en Los Ángeles con sus Dodgers. En un momento llegó incluso a tener un nivel de raiting superior (7.5 a 7.1) al del legendario narrador Vin Scully, miembro del Salón de la Fama.
Pero todo comenzó en el barrio La Bolsa, frente a la vieja Catedral, en Managua, donde nació René.
“Mi tía Graciela Escobar de Pereira tenía unas grandes casas en el barrio, y una de ellas la alquilaba a un periódico que se llamaba La Nueva Prensa. Entonces, La Nueva Prensa era de nuestro barrio. Así que crecí sintiendo el olor a la tinta. Veíamos a los redactores, escuchábamos a las grandes máquinas imprimir el diario y mirábamos los camiones que llegaban a cargar y distribuir el periódico”, rememora Cárdenas.
Así que ahí quedó definido su destino. Y su tío Leonardo Lacayo Ocampo se encargó de encauzarlo y lo hizo periodista.
“Una tarde, ocurrió una de las cosas que más me llenaron en mi vida: una llamada del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, quien me contrató como editor deportivo de LA PRENSA. Eso se me hizo sentirme feliz y comencé a trabajar”, afirma.
Sin embargo, el doctor Juan Velásquez Pietro se lo llevaría después a La Voz de Nicaragua.
“Pasé de ganar 75 córdobas semanales a 450 dólares en el mismo período. Así que me dije, patitas pa’ que te quiero”, asegura Cárdenas.
Posteriormente tuvo su paso por La Voz de la América Central, donde se encontró con Sucre Frech, a quien motivó a entrar a la narración deportiva y luego hicieron equipo.
“He tenido una vida feliz, con muchos recuerdos que me llenan de grata satisfacción y sobre todo al lado de mi chamacona, Jilma, con quien llego a 50 años de casado el próximo año”, señala Cárdenas, mientras deja ver esa impecable dentadura de actor cinematográfico.
Del barrio La Bolsa a las Grandes Ligas es el camino que Cárdenas ha trazado para las nuevas generaciones.