El comandante en jefe observa el cintillo electrónico informativo del edificio de la Sección de Intereses estadounidenses en La Habana. (la prensa/efe/Alejandro Ernesto)

Vecinos y enemigos

En 1940, un niño de Birán, en el oriente de Cuba, envió una carta a Franklin D. Roosevelt para felicitarle por su reelección en la presidencia de EE.UU. y, de paso, pedirle un billete de diez dólares, porque nunca había visto uno. Su nombre era Fidel Castro, que ya desde temprana edad hacía saber a […]

  • En 1940, un niño de Birán, en el oriente de Cuba, envió una carta a Franklin D. Roosevelt para felicitarle por su reelección en la presidencia de EE.UU. y, de paso, pedirle un billete de diez dólares, porque nunca había visto uno. Su nombre era Fidel Castro, que ya desde temprana edad hacía saber a sus vecinos del norte de su existencia. Si ha habido un país que ha marcado la historia de la revolución cubana ha sido EE.UU.

EFE-REPORTAJES

Si ha habido un país que ha marcado la historia de la revolución cubana ha sido EE.UU.

La invasión de Bahía de Cochinos en 1961; la crisis de los misiles (1962) y el bloqueo a la isla, marcaron desde sus inicios la relación de la revolución cubana con Washington.

Castro ha sido considerado durante décadas el antagonista de EE.UU., el único gobernante que se ha opuesto con éxito a su poder en el continente y el abanderado de la lucha contra la omnipotencia militar norteamericana.

El mismo ha favorecido esa imagen con críticas a los diez presidentes que, desde Eisenhower, han pasado por la Casa Blanca desde el triunfo de la revolución, en enero de 1959, y un discurso en el que plantea el modelo defendido por Washington y el de La Habana como los polos entre los que se tiene que decantar el mundo.

En una Cuba en manos de empresas e intereses privados de EE.UU., Castro encabezó una revolución que enarbolaba la bandera del nacionalista e independentista José Martí.

Ya desde la universidad se manifestó contra los gobernantes que habían “traicionado” a su pueblo echándose en brazos de EE.UU., pero sus primeros pasos como gobernante fueron cautelosos, alternando declaraciones contra el “imperio” con rechazos al comunismo.

EE.UU. miró con recelo desde el principio a la revolución pero fue el segundo país, tras Venezuela, en reconocer al nuevo gobierno.

Sin embargo, la Reforma Agraria, la normalización de las relaciones con la URSS y las expropiaciones de los servicios, en manos de empresas de EE.UU., precipitaron los acontecimientos.

En octubre de 1960, EE.UU. empezó a cimentar el embargo a la isla y, en diciembre, la visita de Castro a Nueva York para asistir a la Asamblea General de la ONU evidenció su alejamiento definitivo, plasmado en la ruptura de relaciones en 1961.

Castro consideró inadecuado el trato recibido por la delegación cubana y se alojó en un hotel de Harlem en medio de un seguimiento de los medios de comunicación estadounidenses sin precedentes.

Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles

En abril de 1961 se produjo la invasión de contrarrevolucionarios cubanos apoyados por la CIA de Bahía de Cochinos. La batalla de Playa Girón, saldada con una victoria de las fuerzas castristas sirvió después de bandera a Castro para defender el orgullo nacional.

En Playa Girón se instaló una pancarta que rezaba “la primera derrota del imperialismo en América” y Castro diría posteriormente que aquel día “el socialismo quedó cimentado para siempre con la sangre de nuestros obreros, campesinos y estudiantes”.

La invasión fue el germen para la crisis más grave de la Guerra Fría: la “Crisis de los Misiles”, en octubre de 1962. Cuando EE.UU. descubrió la presencia de rampas de lanzamiento soviéticas en la isla, se propuso destruirlas u obligar a su retiro.

EE.UU. y la Unión Soviética resolvieron directamente la crisis con la retirada de 42 misiles de Cuba y la posterior eliminación de misiles estadounidenses en Turquía (que no fue hecha pública de inmediato, aunque de todos modos los misiles Júpiter eran obsoletos y ya había sido programado su retiro). Castro, que no fue parte de la negociación, aseguró que el resultado había sido “un triunfo” de la isla. Sin embargo, el conflicto fue dirimido directamente entre el presidente estadounidense John F. Kennedy el secretario general soviético Nikita Krushchov y fue el momento de la Guerra Fría más cercano a una guerra nuclear. A cambio de la retirada de los artefactos, Washington se comprometió a no invadir la isla.

Superados los conflictos violentos, el exilio radical afincado en Miami, las migraciones y el embargo han sido los elementos angulares de las relaciones entre los dos países en los últimos años.

Castro ha acusado reiteradamente a EE.UU. de proteger y dar cobijo a terroristas “de la mafia cubana de Miami” y de estar detrás de los más de 600 intentos de asesinato de que ha sido objeto, según las autoridades de la isla.

A la cabeza de la lista de “terroristas” señalados por La Habana figuran Orlando Bosch, Santiago Álvarez y Luis Posada Carriles, ex agente de la CIA, al que tanto Cuba como Venezuela atribuyen la voladura de un avión de Cubana de Aviación sobre Barbados en 1976 que dejó 73 muertos.

Además, Cuba acusa a Posada de intentar asesinar a Castro durante la Cumbre Iberoamericana de Panamá, en 2000.

EL EMBARGO

En octubre de 1960, con el embargo de las exportaciones cubanas, EE.UU. inició el boicot económico, comercial y financiero a la isla, que en marzo de 1961 se amplió a todas las mercancías destinadas a Cuba.

La siguiente vuelta de tuerca llegó en 1963, con el anuncio de Washington de no embarcar mercancías financiadas por su gobierno en buques de países que mantuvieran comercio con Cuba.

La Habana asegura que el embargo ha costado a la isla 80,000 millones de dólares.

En 1977, la apertura de oficinas consulares, bajo la denominación de Secciones de Intereses en La Habana y Washington, abrió una línea de comunicación que soslayaba el embargo.

La declaración del período especial, en 1990, en medio de una profunda crisis económica en la isla tras la caída de la URSS, motivó la promulgación en EE.UU. de dos leyes para cerrar aun más el cerco: la “Torricelli” (1992) y la “Helms-Burton” (1996).

La segunda preveía la posibilidad de demandar y sancionar a empresas que hicieran negocios con Cuba. Sin embargo, lejos de eso, el “bloqueo” se convirtió en una justificación recurrente del Gobierno a los problemas económicos de la isla.

“¿Qué no podríamos hacer el día que cese el bloqueo, el día en que nos dejen en paz?”, dijo Castro en 1995, en uno de los momentos más delicados para la revolución.

La autorización de EE.UU. en 2000 de vender alimentos y medicinas a cambio de pago en efectivo a Cuba — que permitió el comercio de productos agrícolas desde finales de 2001— y la visita de Jimmy Carter, en 2002, rebajaron ligeramente la tensión.

Castro jugó en el partido de las estrellas del beisbol cubano con Carter, quien entonces defendió el acercamiento entre los dos países y las reformas políticas en la isla.

Las relaciones durante el Gobierno George W. Bush se volvieron a tensar, especialmente tras la presentación de la “Iniciativa para Cuba Nueva”, que rechaza el levantamiento del embargo y prevé más restricciones a los viajes, y un plan de transición para la isla, en el que Washington trabaja desde 2004.

EL CASO DE ELIÁN GONZÁLEZ

El caso del niño balsero Elián González llevó a Castro a lanzar su “Batalla de Ideas”, una estrategia para fortalecer y defender los principios de una revolución que intentaba salir del período especial.

La llegada del “niño balsero” a Miami, en noviembre de 1999, tras una travesía en la que perdió a su madre, desató una guerra por su custodia entre unos familiares lejanos en Florida, apoyados por el anticastrismo, y el padre, respaldado por Cuba.

Durante los siete meses de estancia del “balserito” en EE.UU., La Habana convocó movilizaciones masivas en busca del favor de la opinión pública internacional, hasta que, en abril de 2000, Bill Clinton ordenó la entrega del niño a su padre.

La lucha por la libertad de los “cinco héroes”, como se denomina en la isla a cinco agentes condenados a penas de entre quince años y cadena perpetua en Miami en 2001 por espionaje, también se enmarca en la “Batalla de Ideas”.

Cuba asegura que los agentes no atentaron contra la seguridad de EE.UU. y Castro dijo que “cumplían el sagrado deber de proteger a su pueblo tratando de evitar que se produjeran actos terroristas como el de Barbados”.

En 2005 un tribunal de apelación de Atlanta revocó las condenas y ordenó un nuevo juicio fuera de Miami por las irregularidades del proceso, pero los agentes permanecen en prisión y Cuba lleva adelante una intensa campaña de promoción de la causa en todo el mundo.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí