- Dos nicaragüenses supervisan la calidad y la contabilidad de la compañía de aceites Cargill en Charlotte
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Especial para La Prensa/ Charlotte, North Carolina, EE.UU.
Los hermanos nicaragüenses Roberto Enrique y Vanessa Castillo viven en un mundo de fórmulas químicas y de números contables. El mundo de ellos tiene un nombre: Cargill, una de las compañías más grandes del mundo donde se procesan aceites para la industria alimenticia.
Los hermanos Castillo viven y trabajan en Charlotte, North Carolina. Roberto Enrique es técnico del laboratorio químico y se encarga del control de calidad de la planta que tiene Cargill en esa ciudad.
“Aquí se elaboran aceites de soya, maní, canola y de coco, entre otros”, señala Roberto Enrique acerca de su rol en el laboratorio de Cargill en Charlotte.
Explica que en el laboratorio de la refinería se asegura que el producto esté hecho según las especificaciones dadas por sus clientes, entre los que figuran empresas como: Nabisco, Pepperidge Farm, Galletas Lancer y M & M.
ENTRE NÚMEROS
Por su parte, Vanessa Castillo no es química al igual que su hermano. Ella se mueve en un mundo de números , es la supervisora del departamento de contabilidad y tiene bajo su cargo a siete empleados de la planta de Cargill en Charlotte.
Vanessa Castillo, con 29 años de edad, muy pronto obtendrá su máster en Ciencias de la Contabilidad.
Los Castillo nacieron en Managua y pasaron parte de su niñez en Bello Horizonte, en la casa que sus padres, Enrique y Miriam Castillo.
El matrimonio Castillo junto con sus hijos entraron a Estados Unidos en diciembre de 1984 cargando con ellos esperanzas e ilusiones, tan necesarias en la nueva vida que les esperaba. En ese entonces Roberto Enrique tenía 11 años y Vanessa siete años.
Ambos hermanos se graduaron en la misma escuela de Miami Gardens, la American Senior High School.
Roberto Enrique debido a sus magníficas calificaciones logró lo que muy pocos consiguen: una beca estatal y así con ese premio a su excelencia bajo el brazo logró ir a la Florida Atlantic University en Boca Ratón donde obtuvo su título de químico.
Los Castillo, al contrario de muchos jóvenes en Estados Unidos que abandonan a muy temprana edad las aulas escolares, parecieran no querer retirarse nunca. Actualmente Roberto Enrique sigue estudiando en la Universidad de North Carolina y en diciembre del 2007 espera obtener un máster en Economía.
Roberto Enrique, con sus 33 años, es el hermano mayor de los Castillo y es un lector insaciable, vive comprando libros todo el tiempo y se los “devora” rápidamente.
En su casa de Charlotte tiene anaqueles llenos de libros, en su totalidad todos son en inglés. Él confiesa con cierto pesar que no puede leer en español y dice aún con más pesar que nunca ha podido leer a ningún autor nicaragüense.
Todos esos libros de Roberto Enrique están arreglados como si los hubieran colocado con balance y compás, con ese celo del que probablemente hicieron uso los bibliotecarios de la quemada biblioteca de Alejandría.
Al contrario de su hermano que es parco al hablar y que sólo muestra cierta locuacidad cuando se le habla de libros, Vanessa tiene un carácter más alegre y juguetón y dice haber leído algunas obras de Rubén Darío.
“Leí Azul, de Rubén Darío me costó leerlo, ya que cuando no entendía una palabra consultaba el diccionario, me llevó leerlo casi dos meses, pero lo terminé y le entendí bien”, dijo.
AÑORANZA DEL TERRUÑO
Ambos sonríen cuando recuerdan la casa de Bello Horizonte y los viajes a Pochomil junto con sus padres y su abuela Dora Castillo.
“Íbamos a Pochomil en la camioneta azul de mi papá y todos los niños íbamos en la parte de atrás, disfrutando el paisaje y comiéndonos la comida, cuando llegábamos al mar casi ya no llevábamos nada de comer”, dijo Roberto Enrique con una sonrisa maliciosa al recordar esos viajes de arena, mar y comilonas.
Los dos hermanos junto con su madre han viajado tres veces a Nicaragua.
Acerca de estos viajes Vanessa piensa que le gustaría ir con más tiempo. “Me gustaría conocer más acerca de Nicaragua, principalmente de su cultura y sus costumbres. Sé muy bien que yendo sólo por dos semanas no captaré la esencia del país”.