de Izquierda a derecha, Los nicaragüenses Leo de Jesús Olmar Sándigo, de Camoapa, y Apolinar de la Cruz, originario de Managua, junto a otros migrantes que esperan el ferrocarril en territorio mexicano para que los acerque al “sueño americano”. (LA PRENSA/J. GARCIA DAVISH)

Aumenta migración de nicas a EE.UU.

Corresponsal/méxico Al parecer nada detiene la migración de nicaragüenses que han decidido enfrentar todo tipo de desafíos con tal de llegar a Estados Unidos. Las cifras de deportados de México a Nicaragua cada vez aumenta más. En el primer semestre de este año el Instituto Nacional de Migración de México reporta 2,190 nicaragüenses que han […]

Corresponsal/méxico

Al parecer nada detiene la migración de nicaragüenses que han decidido enfrentar todo tipo de desafíos con tal de llegar a Estados Unidos. Las cifras de deportados de México a Nicaragua cada vez aumenta más.

En el primer semestre de este año el Instituto Nacional de Migración de México reporta 2,190 nicaragüenses que han sido regresados a su país de origen, la mayoría pertenecen a los departamentos de Chinandega y León. Mientras que en el mismo período del 2005 esa institución señala que deportaron a 1,687 nicaragüenses.

Parece que a los nicas no les atemorizan ni muros, ni ejército, ni muerte; ellos sólo quieren alcanzar “el sueño americano”.

Dalis Heriberta Moreno (28 años) es de Chinandega, ha caminado más de 55 kilómetros entre potreros, pantanos, por donde ladrones, homicidas y violadores abusan de las mujeres indocumentadas. El cansancio, hambre y las heridas de sus pies no doblegan su espíritu. A la par de ella, cinco hombres más van en este peligroso viaje.

Moreno cuenta que en Nicaragua dejó a un niño de 12 años, pero lo hace para mejorar sus vidas. “Me vine para salir de la pobreza. Allá se gana poco, todo es caro, el dinero no vale, por eso uno toma la decisión de salir y prosperar”.

En Nicaragua, Moreno se dedicaba a negociar vendiendo ropa y además en su casa vendía helados y gaseosas.

La chinandegana está consciente del peligro. “Estoy clara que hay riesgo de violaciones, de caerse del tren, o lo mata Migración cuando lo agarra a uno. Pero todo esto se vive sólo por necesidad, porque en mi país no se hace nada, tenemos que buscar la vida en otro lado”.

Sobre la militarización de la frontera entre México y EE.UU. dice que “Estados Unidos está en su derecho, pero el Presidente de ese país no va a poder más que Dios y la fe de nosotros de llegar”.

Moreno, quien ha llegado de Chinandega a Tenosique, Tabasco, dice que durante este trayecto ha caminado mucho, aguantado hambre, sol y sed. “En Miami tengo mi esposo y mis primos. La idea es llamarlos más adelante y pedirles dinero”, dijo.

En el patio de la casucha, el también nicaragüense Marvin Meza, de 42 años, originario de Chinandega, recibe asistencia médica de un miembro del Grupo de Protección al Migrante Beta Tenosique.

A diferencia de Moreno, Meza salió de su país con 90 dólares y la ilusión de regresar a la mayor brevedad posible.

Meza era transportista en su país y su salario era muy reducido. “Voy en busca de un mejor futuro para mi familia. Tengo dos hijos de 13 y 14 años, ellos necesitan dinero para su educación. Voy a Houston”, expresa.

Con las mismas huellas de la caminata de dos días, Jorge Alberto Estrada Gutiérrez, de 24 años y también de Chinandega, reposa bajo un frondoso árbol de mango, en su mente lleva la imagen de su hijo de dos años de edad y de las dificultades que tenía para poder alimentarle.

A unos 500 kilómetros de Tenosique, en Arriaga, los también nicaragüenses Denis Alberto Flores, José Luis Escoto Delgado, Leonel Antonio Torres Torres y Eider Lira Espinosa, en forma paciente esperan el arribo del ferrocarril que los transportará de Arriaga a Ixtepec, Oaxaca.

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