Mariano Rivera ha sido el más consistente, dominante y confiable relevista que ha tenido el beisbol. Tan es así, que no resulta difícil recordar las escasas ocasiones en las que ha fallado: una ante Cleveland en 1997, otra frente a Arizona en el 2001 y dos más ante Boston en el 2004. Pero a la par de esos cuatro tropiezos, hay 34 rescates en play offs.
Y para situar en perspectiva la grandeza de Rivera, es bueno señalar que quien le sigue en salvamentos en postemporada es el retirado Dennis Eckersley con 15. Y que sólo uniendo todos los rescates de Eckersley, Jason Isringausen y Rob Nen se le puede superar con 37.
Pero tal como lo ha dicho antes, Mariano acepta lo que Dios ha dispuesto para él. Incluso, en situaciones incómodas, como cuando fue presentado y ovacionado —en burla— durante la ceremonia de los Medias Rojas en el Fenway Park, por dejar escapar dos victorias en la Serie de Campeonato de la Liga Americana del 2004, reacciona apropiadamente. Ahí se quitó la gorra y saludó al público.
“Dios sabe por qué hace las cosas. Hay personas que creen que me molesto cuando se me habla de la falla que tuve ante Arizona en la Serie Mundial del 2001, pero también en ese momento le di gracias a Dios que perdimos”, señala Rivera.
Resulta que de haber ganado los Yanquis, Enrique Wilson, entonces jugador utility de la tropa de Nueva York, había dispuesto tomar un avión que lo llevaría a Dominicana al día siguiente. Pero como perdieron, decidió quedarse. El vuelo que tomaría, era el 587 de American Air Lines que se precipitó al mar y no hubo sobrevivientes.
“Estoy alegre de haber perdido la Serie Mundial, porque eso significaba que continúo teniendo a un amigo (Wilson)”, dijo en aquel instante Mariano, cuya modestia, sencillez y generosidad, son características duras de encontrar en los súper atletas de hoy día.