- Al CEO de Petrobras, José Sergio Gabrielli, le gusta el tono oscuro de sus manos: están bañadas en petróleo.
Frente a las aguas del oceáno Atlántico, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se preparaba para convertir un anuncio oficial en una repetición de una de las imágenes clásicas del caudillo Getúlio Vargas, creador de la petrolera estatal Petrobras (Nº 3) en los 50: Lula exhibía una de sus manos totalmente negra, llena de petróleo. Para aprovechar el anuncio de un aumento en la extracción de crudo, que condujo a Brasil a la autosuficiencia en producción, y obtener una buena foto para su campaña -que disputará en octubre-, Lula no titubeó: levantó ambas manos y gustoso las exhibió a los fotógrafos. Junto a él, el ejecutivo José Sergio Gabrielli de Azevedo también embetunaba sus manos en oro negro. Fue el ápice de la gestión de Gabrielli al frente de Petrobras, marcada por los buenos resultados.
En 2005, las acciones ordinarias de Petrobras (PN) subieron de US$ 11,6 a US$ 18,5, un 60 por ciento. Los ADR comercializados en la Bolsa de Nueva York pasaron de US$ 37,78 a US$ 71,27 (79 por ciento). En junio de este año, el ADR se ubicaba en US$ 89,31 (un alza de 25,3 por ciento) y Petrobras ON en Bovespa en US$22,3, resultados impulsados por el alto precio del barril de petróleo Brent, que subió 25,8 por ciento en el primer semestre de 2005 (45,7 por ciento durante 2005).
Bendita crisis
Economista licenciado de la Universidad Federal de Bahía y doctorado por la Universidad de Boston en Estados Unidos, Gabrielli asumió la presidencia de la estatal en julio del año pasado, luego de que su antecesor, José Dutra, renunciara al cargo por una crisis política del gobierno de Lula, quien pidió a los ministros y funcionarios estatales que querían participar en las elecciones que dejaran sus puestos para recomponer la base de apoyo parlamentaria, nominando a miembros de otros partidos. Ocupando el puesto de director de Finanzas (CFO) y de Relaciones con Inversionistas (RI), Gabrielli tenía ventajas para aspirar al máximo sillón: era un técnico, tanto por su historia «petista» (del gobernante partido PT) como por su conducción de la estrategia de transición del gobierno de Fernando Enrique Cardoso para el de Lula, a fines de 2002. Y Gabrielli aprovechó la oportunidad para destacarse.
Antes de convertirse en presidente de Petrobras, en su paso por la dirección de finanzas y RI, Gabrielli fue reconocido por el mercado, con premios como el trofeo «El equilibrista, ejecutivo de finanzas 2004», otorgado por el Instituto Brasileño de Ejecutivos de Finanzas. Además, recibió, en 2005 y por parte del International Stevie Business Awards, el título de mejor ejecutivo de finanzas de Latinoamérica. La empresa, por primera vez, conquistó el galardón «Transparencia 2004» -otorgado por la Asociación Nacional de Ejecutivos de Finanzas, Administración y Contabilidad- al ser considerada la compañía más transparente de Brasil; además de un reconocimiento por parte de la revista estadounidense Investor Relations Magazine.
Para conquistar el cargo, Gabrielli contó con el apoyo de la ministra de la Casa Civil, quien ocupó el lugar del ex brazo derecho de Lula, José Dirceu, acusado de ser la cabeza detrás del escándalo de las mesadas. El mercado aprobó el cambio. «En ese momento, lo único que no querían los accionistas era un político a cargo», afirma el analista Luiz Otávio Broad, de la corredora Ágora. «El relevo fue positivo, por el perfil más técnico de Gabrielli en comparación con Dutra. Aunque nada muy diferente debe ocurrir en la nueva gestión», apunta Jacopo Valentino, gestor de renta variable de BNP Paribas Asset Management.
Ya al frente de la mayor empresa de Brasil, Gabrielli condujo a la compañía al anuncio de autosuficiencia y le tocó ser el malo en la pelea con el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien decretó la renacionalización de los activos energéticos en suelo boliviano e invitó a las compañías extranjeras a permanecer en el país sólo como prestadoras de servicios. «El decreto trae indefiniciones que pueden conducir a situaciones dramáticas, y nos obliga a reaccionar», decía Gabrielli.
al enfrentamiento
La reacción de Petrobras fue la más combativa entre las empresas extranjeras instaladas en Bolivia. El episodio también dio pie a la ironía de Gabrielli: «La alternativa sería pensar en armas de destrucción masiva en Bolivia, o solicitar el apoyo del ejército brasileño», declaró, para después descartar cualquier posibilidad de apagón o corte de provisión del gas que viene de Bolivia y que se utiliza en la industria paulista, su mayor consumidor. «Es pura especulación irresponsable». Después del incendio inicial, las negociaciones entre Petrobras y Bolivia se reactivaron, aunque Gabrielli prefiere no comentar el asunto con la prensa. «La conducción de ese episodio fue una demostración de amateurismo por parte del gobierno brasileño», afirma el diplomático Rubens Barbosa, quien fuera embajador de Brasil en Estados Unidos.
Gabrielli, un ejecutivo de gobierno -el Estado controla Petrobras con 51 por ciento de sus acciones- también se ha enfrentado al Banco Central, con deseos de tener una mayor libertad para traspasar el alza de los precios del crudo a sus productos. «Brasil está enfocado en sólo una meta inflacionaria (…) y los bancos centrales trabajan con un conjunto de variables relevantes para tomar decisiones», afirmó a fines de 2005. El Banco Central no dio un acuse de recibo a la crítica, y siguió el ritmo lento en la reducción de la tasa de interés. Mientras, Petrobras continuaba su política de no traspasar los aumentos, lo que ayuda a la inflación, pero despierta críticas entre los analistas.