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MARTÍNEZ EN 1991, CONTRA DODGERS
Ocurrió hace 15 años y el mundo sigue andando pero, aunque el músculo duerme, la emoción continúa.
Desde 1991, el 28 de julio ha quedado perennizado en la historia de nuestro deporte. Ese fue el día que Denis Martínez realizó un trabajo perfecto frente a los Dodgers en Los Angeles. El primer latino y hasta hoy el único en lograrlo.
Dichoso aquel que de diferente manera, de acuerdo a la tarea que efectúa, y guardando distancias y consideraciones, consigue escribir su Quijote, pintar su Mona Lisa o esculpir su David.
Recuerdo esa tarde de día domingo con toda la redacción agitada después de haber escuchado la transmisión radial del juego, girando alrededor de una excitación incontrolable una vez que Denis atravesó el séptimo inning.
Él estaba ahí al otro lado del hilo telefónico, a kilómetros de distancia, pero las palpitaciones de su corazón, el jadear de su esfuerzo, la hinchazón de su tórax satisfecho por la proeza, podían sentirse.
“Fue como un sueño cuando todo terminó, no lo creía. Le di gracias a Dios por todo lo bueno que me ha dado en esta vida”, dijo tratando de ocultar su emoción después de enviar un total de 95 disparos hacia el plato, de ellos 55 strikes.
En el cuarto inning, el médico entró a chequearlo cuando Denis siguió sintiéndose afectado por la dureza del montículo… “En ese momento, ¿cómo iba a sospechar que podría tirar un Juego Perfecto? Lo importante era mantener el duelo de ceros con Mike Morgan, que ciertamente, estaba muy eficaz”.
Denis aseguró que su mente estaba en blanco después de sacar el último out a Chris Gwynn… Luego, los micrófonos vinieron hacia su rostro, las cámaras lo tenían enfocado desde todos los ángulos posibles y las libretas se movían frenéticamente en manos de los reporteros.
“Por favor, por favor, yo no estoy acostumbrado a esto”, dijo —según su relato de Gordon Verrel— a ser abordado tan bruscamente.
“No sé que responder. Siento que voy a estallar por dentro. Estoy genuinamente emocionado. Compréndanme por favor”, explicó a los periodistas.
Reviso la nota buscando detalles… ¿Qué fue lo más difícil?, le pregunté aquella tarde.
“Pitchearle a Brett Butler con cuenta de 3 y 2. No quería ver a ese tipo en primera durante un duelo cerrado. Claro, fue complicadísimo asistir el toque de bola de Juan Samuel en el séptimo y sacarlo out en primera; superar la dureza del montículo; y enfrentar a Chris Gwynn para el último out”.
Viendo el vídeo, lo más cerca del peligro, ocurrió en el sexto inning, cuando Delino Deshields fildeó un roletazo lento de Alfredo Griffin tirando muy bajo a primera base, obligando a Larry Walker a un exitoso esfuerzo. Casi lo saca de posición.
¿Cuándo comenzaste a considerar la posibilidad del no hitter?
“En el séptimo, después del batazo de Larry Walker empujador de dos carreras. Faltaban nueve outs y necesitaba un fuerte esfuerzo. Lo pensé, pero sin llegar a presionarme. Simplemente trataría de sacar out a cada bateador que viniera al plato”.
¿Cuál fue la fórmula?
“Mover mis bolas rápidas hacia las esquinas sin perder de vista la altura de las rodillas, manejar adelante en los conteos. Esto último era esencial”.
¿Qué más, Denis, que más pretendés?
“Pitchear y ganar en una Serie Mundial y seguir insistiendo en una temporada de 20 victorias. Esos son sueños no realizados. Lo de hoy fue un sueño imprevisto. Tomó forma de pronto, después de nuestra bateada del séptimo inning
Ken Gurnick, del Sporting News, nos facilitaría un detalle significativo durante la celebración en la caseta de los Expos. “Salieron las botellas de champaña, vinieron los brindis, le entregaron una copa a Martínez y él, cortésmente, la colocó sobre la mesa diciendo: no beber es difícil, pero beber es peor. Hey, recuerden que desde hace largo rato, no tomo y no tengo planeado acercarme a una recaída”.
Y después una reflexión: “Pensar que muchos me creían acabado. Pero aquí estoy, batallando con más empeño que nunca. Miren esto. Nunca hay que darse por vencido”.