La guerra que libran cárteles de la droga en México llegó para quedarse al famoso balneario de Acapulco (sur), escenario de decenas de ejecuciones en la últimas semanas, que hacen palidecer a la inseguridad que desde hace años afectaba a las ciudades fronterizas.
“Se trata de una batalla campal que ahora es más visible, sobre todo porque la violencia ya llegó a zonas donde regularmente no se movían los narcotraficantes”, explicó el criminólogo Rafael Ruiz.
Decenas de hombres asesinados a balazos y policías decapitados, cuyos despojos aparecen en las calles, han hecho que Acapulco figure entre las ciudades que tienen que ser intervenidas por el gobierno federal, ante la incapacidad de las autoridades locales.
Sin embargo, “el control del narco ya se les salió de las manos” tanto al gobierno federal, como al local, consideró el especialista.
Hasta junio, según reportes de la prensa mexicana, la guerra de los clanes de la droga había sumado cerca de 1.000 víctimas en todo el país, de las cuales más del 10% corresponde a las ejecuciones registradas en Acapulco.
El otrora idílico puerto del Pacífico mexicano, en el estado de Guerrero, es disputado por dos grupos de narcotraficantes que luchan por controlar las rutas del trasiego de drogas desde el sur-sureste hasta el norte del país, según la Procuraduría general (PGR).
“Son dos grupos los que están enfrentados, es el grupo de los ‘Beltrán’, cuyo operador principal es Edgar Valdez Villarreal, alias ‘la Barbie’ y el otro grupo es el de los ‘Zetas’, que es del cártel del Golfo que lideraba Osiel Cárdenas”, dijo el procurador mexicano Daniel Cabeza de Vaca.
Los Zetas son ex militares que desertaron del Ejército para ofrecer sus servicios a los capos de la droga, aunque en los últimos meses las autoridades han detectado que aquellos ya son independientes.
En poblaciones cercanas a Acapulco y en el vecino estado de Michoacán (oeste), los delincuentes han utilizado incluso bazucas y granadas de fragmentación contra oficinas de la Policía.