A escasos cuatro meses para que en nuestro país se lleven a cabo las elecciones presidenciales, los partidos políticos ya han empezado a promover y mostrar su producto. “El plan de gobierno”, para algunos teóricamente bien estructurados y para otros, ambiguos, poco convincentes y por sobre todo, confusos.
Para poder entender la coyuntura moderna es necesario reconocer que el desarrollo de una nación y en este caso de Nicaragua estará en dependencia de un plan nacional de gobierno, el cual es suministrado por el partido político victorioso donde debe involucrar y sincronizar de forma correcta los eslabones necesarios para lograr consolidar la estabilidad macroeconómica, vigorizar la apertura externa y provocar la inversión extranjera directa.
De los actuales partidos en contienda hasta la fecha solo dos han profundizado en su plan de gobierno, el doctor José Rizo Castellón por el PLC y el señor Daniel Ortega por el partido sandinista, ambos ha realizado presentaciones públicas con propuestas ampliamente diferentes y considerablemente alentadoras en uno de los casos y peligrosas en el otro.
En relación a la ALN-PC, Alianza MRS y Alternativa por el Cambio, aún no han hecho su presentación pública, lo que se presume deben estar trabajando para presentarlo posteriormente, lo cual refleja disparidad competitiva y desconcierto dado el contexto actual que exige la importancia de dar a conocer el producto vital de un partido político como es el plan de gobierno.
Los ciudadanos nicaragüenses antes de votar debemos analizar de forma madura y sensata cuál de los partidos políticos nos ofrece de manera real, convincente y por sobre todo cuál de ellos nos propone soluciones posibles y alcanzables en una era de mercado y relaciones mundiales vitales para el desarrollo del país. En este caso el segmento de votantes que está indeciso debe ser captado por el marketing político de los partidos, el cual se sostiene en el plan de gobierno para posteriormente reforzar con la fórmula presidencial y cerrar con la estructura partidaria.
Analizando por separado cada una de las propuestas, el señor Daniel Ortega, antes de presentar su plan de gobierno, quiso sorprender con el nombramiento de su fórmula presidencial el doctor Jaime Morales Carazo pensando que como un «As» por debajo de la manga podría atraer parte de los indecisos y una parte del capital nacional generando confianza en el capital extranjero, pero tal parece la movida política no surtió el efecto esperado.
La fórmula presidencial sandinista antes de demostrar reconciliación muestra confusión, los principios no se unen, se heredan, se entregan como legados y se defienden por encima de la vida porque son únicos. Esta fusión demostró intereses personales y partidarios que han tenido su efecto en el corto plazo y se espera que éstos aumenten en la medida que el día de las elecciones se acerque.
Las diferencias y deficiencias de la fórmula sandinista quedaron plasmadas en el plan de gobierno presentado por el señor Ortega, la estrategia de economía mixta es un vocablo con conceptos y definiciones diferentes para la fórmula frentista a tal grado que el señor Carazo no ha logrado el resultado que se esperaba, muy al contrario la consecuencia es de poca credibilidad dado que los puntos esenciales del libre mercado y la libre empresa no son claros en un mundo exigente de reglas transparentes y equitativas para la competitividad mundial.
El Frente Sandinista se ha transformado organizativamente y ha adoptado una postura fuerte de imposición y sometimiento partidario, pero se ha quedado rezagado en el contexto de la economía moderna, sus planteamientos estratégicos del plan de gobierno no calzan con el siglo XXI, son más aplicaciones cosméticas que soluciones reales.
En la otra acera, el doctor Rizo y el doctor Alvarado se presentan como una fórmula seria, cimentada en la trayectoria política y social de ambos candidatos, luchando por separarse de todo escándalo pasado, para dar paso a una nueva perspectiva política y de gobierno nacional.
El plan del doctor Rizo y el doctor Alvarado está estructurado en los tres ejes esenciales que necesita Nicaragua para su desarrollo: transformación, comercialización y equidad. Nicaragua necesita urgentemente transformar sus políticas de desarrollo enfatizando su mayor apoyo en la mediana, pequeña y microempresa, siendo posible a través de un plan de desarrollo sectorial y regional, el cual estará definido de acuerdo a las necesidades de cada departamento región o municipio. Este tipo de estrategias es la que Nicaragua ha estado demandando por muchos años y es hasta ahora que una fórmula lo contempla en su plan de gobierno.
La comercialización a través de una política de mercado responsable y de permanente seguimiento y sistematización es lo que permitirá el desarrollo sostenido que genere confianza a la inversión extranjera, permitiendo crear una infraestructura económica capaz de hacerle frente alas exigencias del mercado moderno.
La equidad, según el plan, debe ser el producto de las directrices anteriores, sin olvidar que por encima de todo el agro es la base fundamental para lograr nuestro desarrollo y para ello se ha contemplado de forma responsable la idea del doctor Alvarado: la creación del banco de fomento, el cual vendrá a dar profundidad al desarrollo agropecuario del país.
Los nicaragüenses debemos recordar que un país con trabajo sostenible, con inversión y con estabilidad social es un país en desarrollo. De esto está claro la empresa privada y al igual que los nicaragüenses nos preocupa nuestro futuro, en donde el único peligro a la vuelta de la esquina es retroceder en los mecanismos de aplicación económicos obsoletos, confusos y de alto riesgo.
El autor es analista económico.