- Al borde del abismo después de Cartagena
[/doap_box]
SIN PREPARACIÓN SE PARTICIPÓ EN jUEGOS CAC
“Si en verdad me amais, decidme cuánto”, le pregunta Cleopatra a Marco Antonio en la obra de Shakespeare, y recibe como respuesta: “Miserable es el amor que puede contarse”.
¿Cuánto queremos a nuestro beisbol, o es que hemos dejado de quererlo y nos importa un pito su presente y su futuro?
Sin duda, un drama, y no propiamente shakespeariano.
No solamente se trata de “quererlo o no quererlo”, sino de interesarse decididamente en su desarrollo y sus proyecciones, incluyendo por supuesto al gobierno.
Desde siempre, el beisbol ha sido algo prioritario en Nicaragua, como en Cuba, pero eso lo entendió muy bien Fidel Castro, no aquí, y el gran deporte que fue pasión —aparentemente inagotable— de un pueblo, se desangra y se desvanece frente a nuestras narices.
Hemos sido eliminados en el torneo de biesbol de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena, Colombia, sin dejar constancia del nivel competitivo que se supo construir en diferentes etapas. No es lo mismo ser eliminado como Argentina en la reciente Copa del Mundo, ofreciendo pruebas fehacientes de calidad, que como Francia en el Mundial del 2002, inutilizada por completo, dejando un “olor” a escombros.
Si peloteros como Henry Roa advirtieron que el equipo no había sido bien preparado, si los inconvenientes no pudieron ser superados, si se careció de fogueo, ¿a qué fuimos? A mostrar nuestra falta de interés y de organización. A buscar un milagro, como si eso fuera posible al bolsazo.
En 1986, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, también nos eliminaron, pero se peleó bravamente hasta el último instante con Diego Raudez crecido, buscando su cuarta victoria del torneo frente a Puerto Rico. Fue diferente. Se lloró en el dogout.
Hoy, no quedan ni lágrimas. O no vale la pena llorar.
Después de lo ocurrido en Cartagena, aproximándonos al reto que representa competir en Cuba en busca de boletos para otros eventos de mayor exigencia como lo son Panamericanos, Serie Mundial y Juegos Olímpicos, no podemos seguir así.
Es urgente proceder a una revisión de nuestro beisbol. Se necesita un sistema operativo, no tan grande y funcional como el que organizó Fidel en Cuba para mantener el beisbol como algo más que un deporte, pero si, lo necesariamente eficiente para poder reconstruirnos, y resurgir.
Salta a la vista que la Feniba no responde a las expectativas. En general el deporte, útil como medicina preventiva, de mayúscula importancia en la formación y tan necesario en lo recreativo, ha sigo ignorado por los últimos gobiernos, lo cual ha afectado severamente al beisbol.
Cada país del planeta tiene su deporte prioritario. Y esto no es un invento de Poncio Pilatos, sino algo que responde a los antecedentes y la trascendencia que juega en la sociedad. Raramente, aquí eso no ha funcionado.
No vamos a utilizar el tiempo para desembocar en lamentos y reclamos, una forma tonta de mantenernos navegando en el mar de la inutilidad. Hay que ser precisos sobre lo que debemos hacer.
Feniba es legal, pero no es justo que sin capacidad para manejar nuestro beisbol, lo siga haciendo. Por lo menos debe abrir espacio para equipos de trabajo verdaderamente efectivos y con ideas claras, así tengamos que olvidarnos de participar internacionalmente por algunos años, mientras se le da forma y fondo al proyecto.
De qué nos sirve participar si competitivamente no existimos, y si en casa carecemos de una estructura para garantizar el desarrollo de proyectos.
En Managua, una capital súper poblada, se sigue utilizando un estadio nacional en ruinas, como es el construido por Anastasio Somoza García hace más de medio siglo, cuando todo Managua alcanzaba en ese parque.
Los estadios pequeños de los departamentos no tienen mantenimiento y se juega con candilejas como en la época de Charles Chaplin.
¿A cuántos entrenadores hemos mandado a capacitarse de verdad, no en cursos rápidos, buenos para aprender a freír huevos? Sin ese recurso, nuestro beisbol no va a ninguna parte.
¿Quiénes forman parte del aparato de dirección y qué tipo de soporte tienen? En todos los países de Centroamérica, el futbol se mueve alrededor de un equipo con personal competente y asalariado, es decir de tiempo completo, con exigencias qué cumplir y sometido a evaluaciones.
Mientras el deporte avanza aceleradamente en el resto del mundo, nosotros nos movemos como un cangrejo artrítico y cojo.
Nuestro beisbol de rodillas, mira hacia arriba implorando: Señor, ¿por qué tardas? ¿qué esperas para tender un manto de luz sobre las tinieblas?
Estamos sumergidos en un drama, pero no hacemos nada por emerger. Diablos, ¡cómo eriza los pelos tanta incapacidad!