- Una irresponsabilidad nos llevó a conocer a León de noche
Íbamos para León, supuestamente presentarían en el Fortín la obra Francesca Rímini, en una función única el sábado pasado a las 9:00 p.m. Era una adaptación libre de A Puerta Cerrada, de Sartre, bajo la dirección de Norbert Bertrand Barbe.
En realidad, la única puerta que se nos cerró esa noche fue la de El Fortín de León, porque llegar allí fue casi una travesía olímpica.
Para evitar problemas salimos desde las 5:30 p.m. el equipo periodístico de LA PRENSA, con el fotógrafo Carlos Cortez y el conductor Nelson Arévalo.
TAXISTAS PERDIDOS
Arribamos a León y buscamos a unos taxistas —porque supuestamente saben bien las direcciones— para que nos orientaran. Mejor ni les hubiéramos preguntado, ellos estaban como pescados en nevera, que tienen los ojos abiertos y el cerebro congelado, así que nos mandaron a la entrada de la ciudad.
Allá nos dirigimos y buscamos largo rato y nada. Unas señoras nos dijeron que andábamos en el extremo opuesto porque El Fortín queda en Sutiaba.
EL CAMINO A EL FORTÍN
Alguien nos orientó seguir una calle recta y que al final veríamos unas ruinas, pero las calles de León son bien largas y nunca divisamos al famoso Fortín. Decidimos volver a preguntar pues los leoneses se sientan en las aceras de sus casas para conversar.
El primer señor a quien solicitamos la dirección nos remitió a Guadalupe, y aunque le aclaramos que éramos foráneos insistía en que “tiene que ir primero a Guadalupe”. Después supimos que así se llama el cementerio, quién sabe adónde nos quiso mandar ese leonés.
Desalentados fuimos a la acera de enfrente y ahí supimos que debíamos girar a la izquierda y seguir recto hasta el final, entonces venía un camino de tierra y una bifurcación, donde deberíamos tomar la izquierda y en la punta del cerro al finalizar todo, estaría El Fortín.
EL FORTÍN
Y así fue. Llegamos después de una gran búsqueda y… no había nadie. Un vigilante descalzo nos informó que no sabía de ninguna función, nadie había ensayado y allí no hay siquiera luz.
Parecía que la función se había cancelado y no avisaron. Mala onda, pues un equipo que se desplaza desde Managua hasta León un sábado de noche está sacrificando su tiempo y los recursos de una empresa para encontrarse con que nadie habló del cambio de planes.
BÚSQUEDA INÚTIL
Volvimos a la ciudad, pensamos que tal vez había un restaurante, un local que se llamara El Fortín, y rastreando encontramos a Jacinto Salinas, director de la Casa de Cultura, quien muy amablemente nos remitió donde Jean Michael Maes, un francés radicado en León que además de coordinar una base de datos informativa dirige el Museo Entomológico, pero Jean Michael no sabía nada de su compatriota.
Perdidas las esperanzas preguntamos a Salinas qué otras actividades culturales había y nos habló de un hermoso mural de 100 metros, en el Museo de las Tradiciones y Leyendas. La obra, según Salinas, es una belleza por sus dimensiones y decidimos ir a tomar unas fotos. Estaba cerrado, no pudimos entrar y nos quedamos con los deseos de entregar algunas imágenes de un mural tan grande.
LEÓN DE NOCHE
Sin más opciones decidimos ver qué hace la juventud leonesa cuando cae la noche del sábado. El panorama no fue muy alentador. Preguntamos a varias personas y lo más sobresaliente eran unas fiestas de 15 años.
La más cotizada era la que se realizaba en la Alcaldía, el parque tronaba de valses antiguos y se veía a lo lejos los arcos de flores y chimbombas pero… la entrada era exclusiva.
Entonces, qué iban a hacer los que no estaban invitados. Fácil, hay una nueva atracción: hamburguesas. Y no me refiero a McDonal’s ni nada de eso. Varios carritos instalados en las calles aledañas al parque ofrecen por 20 córdobas una hermosa hamburguesa, grande y jugosa.
Nos tocó en el carrito Ronco y Sonoro, allí compramos nuestras hamburguesas leonesas y nos parecieron riquísimas. Alrededor jóvenes, adultos y niños saboreaban hasta la última migaja.
Llegamos a León buscando alimento para el espíritu pero como no pudo ser, terminamos alimentando nuestros estómagos, a fin de cuentas José Martí decía “Ganado tengo el pan… hágase el verso”. Y nosotros después de habernos alimentado decidimos hacer esta crónica sobre una noche de sábado en León.