- Más de 500 víctimas de tsunami en Indonesia
PANGANDARAN, Indonesia/ AP/EFE
Rumores de una nueva ola asesina provocaron pánico generalizado en la población más afectada por el reciente tsunami, al conocerse una filmación en vídeo que mostró todo el horror. La cifra de víctimas se elevó ya a 531 muertos y más de 270 desaparecidos.
Por otra parte, un terremoto estremeció los edificios altos de la capital indonesia, y sus habitantes salieron a las calles, presas del pánico.
El vídeo muestra niños jugando en las olas y construyendo castillos de arena, y un muro negro de agua que se abate sobre la playa de Pangandaran. La persona que filma, huye en medio de gritos.
El tsunami, provocado por un terremoto submarino de magnitud 7.7, cayó sobre un tramo de 180 kilómetros de costa en la isla de Java, que no padeció la devastación del 2004.
Las olas de más de dos metros de altura se internaron hasta 200 metros tierra adentro, destruyendo viviendas, restaurantes y hoteles. Autos, motos y bicicletas quedaron enredados en aparejos de pesca junto con muebles y otros restos.
Desde entonces, una serie de repeticiones del terremoto han estremecido la región, y el fuerte temblor frente a la costa de Java provocó oscilaciones en los edificios altos de la capital. No se informó de víctimas ni daños.
El centro del temblor de magnitud 6 se encontró 45 kilómetros bajo la superficie del estrecho de Sunda, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos, y se produjo 150 kilómetros al suroeste de Yakarta.
En Pangandaran, ambulancias con las sirenas encendidas transportaron los cuerpos a un cementerio para un entierro común, al que asistieron cientos de personas. Al caer la noche, fueron enterrados 24 cadáveres no identificados, a los que se sujetaron etiquetas numeradas. Había entre ellos cinco niños.
LLEGA AYUDA
La ayuda de emergencia empezó a llegar ayer a la zona golpeada por el tsunami (ola gigante), cuando la cifra de víctimas mortales ascendió a 525 y otras 273 personas siguen desaparecidas.
En contraste con la playa de Pangandaran, a unos 270 kilómetros al sureste de Yakarta, que hasta la tarde del lunes era uno de los centros turísticos más desarrollados de la región, la costa del distrito de Cilacap está salpicada de pequeñas aldeas de pescadores que sucumbieron bajo la fuerza de las olas.
En este distrito, el más cercano al epicentro del seísmo de 7.7 grados de magnitud que originó el tsunami, los centros de desplazados improvisados en campos de futbol, plazas abiertas y mezquitas, recibieron hoy plásticos para cobijarse y comida instantánea.
Sin embargo, las autoridades locales señalan que la distribución de ayuda humanitaria es muy difícil por la dispersión de los refugiados.
La Agencia de Gestión de Desastres Nacional de Indonesia tiene 38,700 personas desplazadas, mientras el Ministerio de Asuntos Sociales informó de 700 heridos.
“Durante la noche, en la mezquita de Cilacap duermen cerca de 500 personas, pero a las seis de la mañana se vacía. En el patio de la oficina del gobierno esta noche durmieron también centenares de personas y se fueron al amanecer. Entonces, ¿dónde repartimos comida?”, dijo el director de Asuntos Sociales de Cilacap, Muryianto.
Quienes optan por dormir cada noche alejados de las playas contestan que no se fían del Gobierno.
“¿Quién les va a creer? No nos avisaron que venía un tsunami hace dos días y tampoco nos van a avisar si vuelve a repetirse, ¿no?”, señaló Suyi, de 19 años de edad y madre de dos hijos de uno y tres años.
Suyi se encontraba fuera de su pueblo cuando las olas gigantes arrasaron su casa y las de otros vecinos.
“No noté el maremoto ni me enteré de nada hasta que, cuando me estaba acercando a la casa en autocar, vi gente corriendo y gritando aterrorizada. Me bajé del autocar y corrí con mis dos hijos en brazos hasta que me quedé sin fuerzas”, añadió.
El marido de Suyi y la mayoría de residentes de Lengkong son pescadores y sus frágiles casas y barcos cedieron con rapidez a la fuerza del mar.
En el cementerio del pueblo se dio ayer sepultura a ocho víctimas, entre ellas un bebé de tres meses enterrado con su peluche favorito, que fueron encontradas por los equipos de rescate entre los escombros de edificios y embarcaciones de pesca.
Todavía tres personas siguen desaparecidas en esta aldea, por lo que los residentes siguen excavando con las manos y palos.
Esta imagen se repite a lo largo de todo el litoral afectado y muchos no pueden contener las lágrimas cuando reconocen a algún familiar muerto.
Los más jóvenes son muy críticos con el Gobierno y reclaman la ayuda de las organizaciones internacionales.
“Necesitamos que nos ayude la comunidad internacional. Este desastre se podría haber evitado con un sistema de alerta de tsunamis, pero el Gobierno ha hecho absolutamente nada”, indicó el universitario Wedi Firnadi, de 20 años, quien regresó esta mañana para ayudar a su familia desde Yogyakarta.
“Aquí no hay muchos heridos pero todo el mundo está traumatizado. Las réplicas no se sienten pero ayer cada pocas horas alguien gritaba ¡tsunami, tsunami!, y todos salían corriendo”.
La magnitud de este nuevo desastre natural es inferior a la de otros recientes en el país y la Oficina de Cooperación de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas cree que el Gobierno indonesio podrá atenderlo en solitario.
OCHA ha dejado abierta la puerta a una intervención internacional si Indonesia hace una petición formal.
Organizaciones como Save the Children y Oxfam han movilizado equipos de emergencia desde la cercana ciudad de Yogyakarta, donde sigue en curso la operación humanitaria por el terremoto del 27 de mayo, que mató a unas 5,700 personas.
El director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, invitó a los países de la región a “continuar sus esfuerzos” para poner en marcha sus sistemas nacionales de alerta y “realizar la última etapa que va hasta las poblaciones costeras”, informó en un comunicado.
El Sistema de Alerta de Maremotos del océano Índico, instalado en los últimos 18 meses por las autoridades de la región con la ayuda de la Comisión Oceanográfica de la UNESCO (COI), funcionó bien” y el boletín de alerta “llegó a Yakarta 19 minutos después del terremoto”, por lo que las autoridades “recibieron las informaciones que les permitían actuar”, precisó.
Sin embargo, murieron varios cientos de personas y decenas de miles perdieron sus domicilios y medios de subsistencia.
El sistema tiene, pues, “todavía grandes fallas”, en particular en lo que concierne “a las alertas rápidas dirigidas a las poblaciones costeras”, recalcó Matsuura.