mariano rivera es lo más próximo al relevista perfecto en el beisbol de las Grandes Ligas. (LA PRENSA/ AP )

duro y brillante

Para muchos se trata del mejor cerrador de todos los tiempos [doap_box title=»La grandeza se construye en octubre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Cuando pidieron a Ozzie Guillén que definiera a Mariano Rivera, lo hizo con la espontaneidad que lo caracteriza: un Salón de la Fama dentro y fuera del campo. Sus oponentes temen más al que se […]

  • Para muchos se trata del mejor cerrador de todos los tiempos
[doap_box title=»La grandeza se construye en octubre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Cuando pidieron a Ozzie Guillén que definiera a Mariano Rivera, lo hizo con la espontaneidad que lo caracteriza: un Salón de la Fama dentro y fuera del campo.

Sus oponentes temen más al que se encuentran dentro del campo. “Cuando él viene al relevo, sabemos que es tiempo de irnos”, dice Jim Thome, el artillero de los Medias Blancas.

”No hay comparación con nadie. Ha sido el mejor de todos los relevistas que ha tenido el beisbol”, dice Dennis Eckersley.

Además de registrar sensacionales temporadas, Rivera no ha vacilado en utilizar los play-off para incrementar su grandeza.

Mariano ha actuado en 72 juegos de postemporada. Tiene 34 salvados en 37 oportunidades. Su récord es de 8-1, con la microscópica efectividad de 0.81.

Ben Walker, de AP, pone en perspectiva su grandeza: ponga a Mariano en los Bravos de la última década, y verá que en lugar de ser la decepción, serían la dinastía de octubre”.

Rivera, que es humano, falló ante Cleveland en los play-off de 1997, ante Arizona en la Serie Mundial del 2001 y ante Boston en el campeonato de liga en el 2004. Aún así los fanáticos de los Yanquis lo aman.

¿Mariano o Trevor Hoffman? Ha sido una inquietud en los últimos días. Con todo respeto, quizá habría que recordar, que Rivera tiene 34 salvados en postemporada, por 2 de Hoffman, quien incluso, no pudo salvar un Juego de Estrellas después de estar adelante con dos outs y dos strikes.

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mariano rivera, un orgullo latino

Karl “Chico” Heron frunció el ceño de su rostro moreno, cuando vio de nuevo al mismo pelao (chavalo, en “panameño”) en su prueba de prospectos en el terreno de juego del vetusto Estadio Juan Demóstenes Arosemena, de la capital de Panamá.

“¡Vaya la vida!, pero si a este pelao ya lo miré”, refunfuñó Heron. Pero el recomendador que lo traía desde Puerto Caimito, le explicó que el angosto chavalo, con cintura de modelo, fácil sonrisa y ojos saltones, era ahora pitcher y no shor stop.

“¿Pitcher?”, indagó el legendario scout panameño.

El chavalo empezó a soltar su brazo y tras varios envíos a 84 y 85 millas, Heron decidió dejarlo entre el grupo de jóvenes que adiestraría durante varias semanas para luego mostrárselos a su supervisor, Herb Rayburn, de los Yanquis de Nueva York.

Rayburn lo vio y no lo firmó aquel día, pero una noche después llamó a Heron y le dijo: “Oye, firma al pitchersito que vimos. Creo que vale la pena. ¿Cómo es que se llama?”

— “Mariano Rivera”, respondió Heron. Y así se quedó el joven, que se dedicaba a la pesca en la zona de La Chorrera y que ahora conocemos como el mejor cerrador de la historia.

“Firmar a Mariano para mí fue una bendición de Dios. Aún lo recuerdo con su cuerpo bien angosto y con una gran habilidad para fildear porque era short, pero sobre todo, me gustó que su recta se movía”, dice Heron, ahora scout de los Cardenales.

Desde aquel día, la vida de Mariano dio un giro drástico y tras varios obstáculos que debió superar en las Ligas Menores, incluyendo una cirugía, ahora se dedica a sembrar el pánico en los últimos innings desde la colina de los Yanquis, a cuya grandeza ha contribuido bastante.

“Soy un campesino a quien Dios le dio una habilidad que he tratado de aprovechar”, me dijo una mañana de 1996 en Tampa, mientras concluía una sesión de entrenamientos en primavera.

El año anterior, Rivera había hecho su debut en las Grandes Ligas y aún con su récord de 5-3 y 5.51, los Yanquis estaban convencidos de que sería el preparador perfecto para John Wetteland, el veloz derecho que laboraba como cerrador.

Su temple y su frialdad para crecer sobre la presión que agobia a los demás, hizo que los Yanquis dejaran ir a Wetteland y le dieron el puesto de taponero a partir de 1997. Y desde entonces, no ha parado de cerrar puertas a los contrarios en los últimos episodios, para construir una de las carreras más brillantes de todos los tiempos entre los rematadores.

Durante esa década, Rivera ha saltado la frontera de los 50 rescates en dos ocasiones y cuatro veces la de 40.

Su autoridad, presencia y el nivel de eficacia que ha conseguido, lo han vuelto para muchos expertos, el mejor de cuantos cerradores han existido.

“Es el mejor de todos los tiempos”, dice Dennis Eckersley, el otrora sensacional relevista corto de los Atléticos de Oakland.

Recién ha doblado la curva de los 400 rescates y lejos de perder brillo, se ha vuelto más duro y preciso asfixiando oponentes, mientras llena de orgullo a toda Latinoamérica.

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