(laprensa/ C. malespin)

“Votemos por la nación y no por partidos”

Después de muchos meses de silencio, el general Humberto Ortega analiza en esta entrevista las pugnas que desde antes del triunfo sobre Somoza han mantenido los sandinistas y que hoy se expresan en dos opciones electorales de distinto signo [doap_box title=»Más militantes que hermanos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Humberto Ortega es dos años menor que su hermano […]

  • Después de muchos meses de silencio, el general Humberto Ortega analiza en esta entrevista las pugnas que desde antes del triunfo sobre Somoza han mantenido los sandinistas y que hoy se expresan en dos opciones electorales de distinto signo
[doap_box title=»Más militantes que hermanos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Humberto Ortega es dos años menor que su hermano Daniel, actual Secretario General del Frente Sandinista. Nació el 10 de enero del 1947, y dice haber mantenido con su hermano una relación más de militantes que familiar.
¿Con Daniel Ortega tiene relación familiar?
Yo le hacía esta pregunta para saber si las diferencias que usted ha tenido con su hermano han llegado hasta el seno familiar.
Durante las honras fúnebres de la madre de ambos, doña Lidia Saavedra, se les vio distanciados al punto que el cardenal Miguel Obando y Bravo debió llamarlos a una reunión privada, para que se pusieran de acuerdo dónde se enterrarían los restos de doña Lidia. “Aquí no sólo Daniel Ortega y Humberto Ortega deben reconciliarse, aquí se demanda una verdadera reconciliación de los nicaragüenses”, dijo Daniel Ortega en ese momento.

Yo separo muy claramente la actividad política, institucional o de gobierno, de la vida íntima. Tanto amistosa como personal. No me gusta revolver. Creo que hay pocas imágenes de mi esposa, de mis hijos.

De la familia Ortega Saavedra sólo quedamos Daniel y yo. Desde los años sesenta, a pesar que éramos familia, siempre tuvimos bien marcadamente el ámbito de trabajo y nos mirábamos no como hermanos sino como militantes con obligaciones, con críticas. A veces es difícil creer eso…

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Humberto Ortega, ex jefe del Ejército

Humberto Ortega luce distanciado de su hermano mayor, Daniel Ortega. No lo dice y pide que no le hagan preguntas sobre su vida personal. Rara vez, dice, se va a ver una foto de su esposa o de sus hijos. Tampoco —continúa— ningún miembro de su familia se involucró bajo su sombra en funciones de gobierno o de partido, mientras estuvo en el poder. Excepto Daniel Ortega, claro está.

Humberto y Daniel Ortega fueron dos de los tres jefes “terceristas” escogidos para formar la Dirección Nacional del Frente Sandinista en 1977, cuando las tres tendencias de ese partido que mantenían una pugna enconada por definir quiénes y cómo se iba a luchar contra Somoza, decidieron unirse. Pero los Ortega no sólo se tomaron dos cargos en la Dirección Nacional, sino también los dos puestos más importantes del gobierno revolucionario que se estrenaba el 19 de julio: la coordinación de la Junta de Gobierno y la jefatura del Ejército. Eso, para Humberto Ortega, demuestra quien tenía la sartén por el mango en ese entonces.

Pero, las rencillas se mantuvieron, sobrevivieron al poder y aparentemente algo tienen que ver en la actual organización de los sandinistas. Por un lado, Daniel Ortega, con las llaves del Frente Sandinista, rodeado principalmente por ex antiguos miembros de la tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), que dirigían Tomás Borge y Bayardo Arce; y por el otro una gran disidencia que ha arrastrado a la vieja guardia sandinista. Henry Ruiz, Dora María Téllez, Víctor Tirado López, Luis Carrión, Víctor Hugo Tinoco, Mónica Baltodano, Joaquín Cuadra, Hugo Torres… ¡Tantos jefes guerrilleros que marchaban hacia Managua y hoy adversan al Frente Sandinista!

Al momento en que cae Somoza, todos los grandes jefes guerrilleros marchan hacia Managua. ¿Había interés de estar en la foto de la victoria?

La historia es única. Ahí están los hechos. ¿Cuáles fueron las tesis que triunfaron y cuáles fueron los hombres que al final tuvieron el poder concreto de ese esfuerzo? Precisamente porque los terceristas, que éramos nosotros, teníamos más mérito, sobre todo en esa etapa final, se determinó que el coordinador de la Junta (de Gobierno) fuera Daniel y no fuera Tomás Borge ni Henry Ruiz ni Jaime Wheelock. Eso no fue una cosa caprichosa. La correlación de fuerza real se impuso. Tampoco fue caprichoso que Humberto Ortega asumiera la organización, la fundación de las armas, el Ejército.

En esos días finales, aún con que las tres tendencias habían firmado la unidad, había desconfianza y fuerzas que no aceptaban la autoridad de ustedes.

Sí, lógicamente. Bayardo Arce (era GPP) no quería integrarse al ritmo nuestro. Quería maniobrar antes, pero finalmente se integró y el Frente Norte se hizo una fuerza tan voluminosa como la del Frente Sur. Íbamos todo llenos de grandes reservas, de grandes celos, de grandes desconfianzas.

En general, antes del fin de Somoza las tres tendencias sandinistas eran radicales y sectarias ante los otros opositores antisomocistas, pero desde 1977 los terceristas de manera pragmática moderaron su radicalismo y dieron lugar a alianzas como el Grupo de los 12 y en la región a un frente de países no izquierdistas, a excepción de Cuba, que posibilitaron contar con las armas sin las cuales hubiera sido imposible el triunfo insurreccional. Pero aún en la tendencia tercerista hubo siempre corrientes radicales, dogmáticas, similares a las de las otras tendencias, que cuestionaban a la dirección tercerista por su flexibilidad política y por defender el papel y consecuencia en la lucha antisomocista de compañeros como el carismático Edén Pastora Gómez o Herty Lewites, ambos militantes sandinistas originarios del movimiento político conservador de la derecha antisomocista.

¿Y esas desconfianzas sobrevivieron ya en el poder?

Y así triunfamos y teníamos serias reservas entre nosotros. Y así continuamos caminando mucho tiempo. Había muchos resquemores entre nosotros y una gran competencia por hegemonizar el desenlace del somocismo. Triunfamos en medio de grandes codazos.

La mayoría de la vieja guardia guerrillera ya no está en el Frente Sandinista. Usted mismo no milita en ese partido. ¿Cómo explica eso?

Más que estar viendo si elementos sandinistas de tendencias pasadas hoy están aquí o están allá, en todo caso pienso yo que lo que ha habido aquí es que el Frente Sandinista que existió para botar a Somoza fue uno, que a mi modo de ver jugó su papel histórico, y luego como gobierno fue adquiriendo otras connotaciones.

¿La casi desaparición de la vieja guardia en el actual Frente Sandinista no se explicará más bien en ese proceso de codazos que usted mismo mencionaba?

A mi modo de ver el proceso no fue tan simple. El partido queda sin los soportes que tenía para tener una mayor presencia a través del Gobierno. El partido sandinista y sus organizaciones de masas, al perder el subsidio que el Gobierno proporcionaba, entra en una situación crítica pero logra conservar sus principales estructuras y unirse ante el espíritu revanchista de la derecha en los primeros años del gobierno de doña Violeta, lo que facilitó con el liderazgo de Daniel Ortega reestructurar las fuerzas y asimilar nuevos cuadros, en particular los antiguos miembros del Ministerio del Interior como Tomás Borge y desmovilizados del ejército. Otros sandinistas por diferentes razones decidieron alejarse del FSLN, la mayoría en la búsqueda por subsistir en la deteriorada situación económica y social del país o desencantados por lo que se consideró la muerte de la utopía revolucionaria.

¿Quiénes son los que están en el Frente Sandinista actual?

Yo creo que el Frente Sandinista en medio de las dificultades que ha habido en Nicaragua de institucionalizar la fuerza política, ha venido cogiendo un perfil muy particular de un partido de izquierda, de corte radical con una expresión bastante ortodoxa en cuanto a su vida orgánica, a su funcionamiento partidario. Este partido es totalmente distinto al Frente Sandinista que existía cuando botamos a Somoza. Allá existía un verdadero Frente, en cuanto a alianza y componentes orgánicos. El actual Frente Sandinista se organiza, sobre todo, después de Violeta.

¿Usted se identifica con este Frente Sandinista?

Yo renuncié en 1991 cuando se presentó la necesidad de dejar la vida partidaria para asumir de lleno la institución militar…

Pero ahora usted ya tiene varios años de haber salido de Ejército.

En esos años que yo salgo, el Frente Sandinista lo agarró fundamentalmente Daniel Ortega. Algunos sandinistas no quisieron seguir en esa tarea nueva de construir un partido. Hubo disidencia política también, como la de Sergio Ramírez que se fue a formar otro movimiento, porque tuvieron contradicciones y no se entendieron y se impusieron unos sobre los otros.

¿Y por qué cree usted que se impone el grupo de Daniel Ortega y no el de Sergio Ramírez, Mónica Baltodano o Herty Lewites?

Daniel Ortega tiene una militancia desde los años sesenta, con una gran autoridad, y por el papel que jugó, pienso yo, como Presidente en la etapa del gobierno revolucionario, y porque se metió de lleno a sostener las bases del partido. Tiene una virtud: es muy tesonero. Pasa día y noche entregado a la tarea de su partido. Esa ha sido la diferencia con otros cuadros importantes de éstos que me estás hablando. ¿Qué pasó? En la estructura de poder del Frente de antes, había la dirigencia claramente constituida, había un sector intermedio muy potente intelectualmente hablando y luego las bases. Pero esas correas intermedias por “equis” o “ye” motivo desaparecieron. Y lo que quedó fue el mando casi directo, vertical, de la cúpula, y particularmente del liderazgo de Daniel Ortega con una base sandinista que siempre ha sido, al ser muy popular y muy pobre, muy atrasada y con muchas limitaciones de tipo cultural y político.

¿Usted cree que es acertado que Daniel Ortega sea por cuarta vez el candidato del Frente Sandinista?

El Frente Sandinista, con sus cálculos, sus análisis, me imagino que lo lleva a determinar su fórmula. ¿Qué viabilidad electoral tiene eso? Eso está por verse el 5 de noviembre.

En la anterior campaña electoral, usted sí dijo que no consideraba sensato que Daniel Ortega fuese el candidato del Frente Sandinista.

Es que en aquel momento recordá que, si bien es cierto yo ya no estaba en el Frente Sandinista, tenía más vinculación con este partido. Yo opiné que no era lo más prudente, que no era imprescindible que ese partido llevara ese candidato. Yo pensaba que era muy difícil, incluso con otro candidato, que el Frente ganara. Pero que siempre era importante conservar un espacio de poder importante en la sociedad. ¿Vos te imaginás si se hubiera procedido como yo indicaba, la autoridad moral que tuviera en este momento, de haberse apartado, de haberle dado margen a otro y lanzarse hoy?

Usted dice que en aquel tiempo no le veía mucho chance al Frente Sandinista. ¿Ahora sí se lo ve?

Es muy difícil poder decir con gran convicción quién va a obtener la victoria electoral en esta ocasión. Hay otras condiciones. Hay cinco fuerzas. Está sucediendo en Nicaragua un fenómeno interesante. A pesar de todas las dificultades y las contrariedades, seguimos tratando de encauzarnos en formas democráticas.

Voy a hacer la pregunta de otra forma: ¿usted cree que sería sano para Nicaragua un triunfo de este Frente Sandinista en el que ya no están ustedes?

Lo más importante es que el 6 de noviembre estas elecciones nos van a dejar una mayor estabilidad o nos van a dejar una mayor inestabilidad. Ninguna fuerza por sí sola, y más ahora que están divididas, ninguna puede imponer, monopolizar esa victoria electoral como si fuera una victoria de una revolución. No hay chance en este momento para revoluciones, no de derecha ni de izquierda.

No me queda claro aún por quién va a votar Humberto Ortega.

Ahorita estamos en un momento de reflexión. Tenemos que votar por lo que consideremos mejor para los destinos de este país.

¿Tiene candidato?

No tengo candidato en este momento. Seriamente te lo digo: no tengo candidato. Tenemos que votar por los intereses de la nación y no por los intereses de un partido equis. No podemos ir a darle un cheque en blanco a nadie. Votar a ciegas. Después nos vamos a arrepentir. Veamos el comportamiento de cada quien.

¿A usted le simpatizaba Herty Lewites?

Con él cultivé yo una amistad. Era un hombre bastante liberal de pensamiento. Fue un tercerista. Su amigo principal fue Daniel Ortega. Él trabajó muy estrechamente en todos los planos, de jefe y de amistad, íntimo de Daniel. Yo me siento satisfecho que en la última elección para la Alcaldía contribuí a persuadir a Daniel, conversamos en esta casa, para darle el apoyo a Herty. Reactivé mi relación personal y política y pienso que al frente de su fórmula estaba logrando determinada simpatía y creo era una figura interesante. Era un magnífico candidato.

Herty Lewites por su carisma y posiciones más flexibles y por su exitosa labor edilicia en Managua fue asumido como la figura para aglutinar a estos sandinistas en las estructuras del MRS y lo lanzan como candidato presidencial con una base importante de simpatía popular de ciudadanos no solamente sandinistas. Lamentablemente la muerte sorprende a mi amigo Herty, quien desde l971 en La Habana ratificó ante Carlos Fonseca y mi persona su compromiso de entregarse de lleno, hasta la muerte si fuera necesario, como lo hizo, por la causa sandinista de bienestar para el pueblo.

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