el artillero leonés HENRY ROA es UNO DE LOS MEJORES ATLETAS PINOLEROS entre los que intervienen en los XX Juegos Centroamericanos y del Caribe en Cartagena, Colombia. (LA PRENSA/B. PICADO )

QUÉ PEQUEÑOS SOMOS

Con muy pocas expectativas de vuelta en JCAC [doap_box title=»Esfuerzo inútil» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En 1986, en Santiago, República Dominicana, el ganador de tres juegos, Diego Raudez, intentó facilitarnos el bronce en beisbol, pero fue vencido por Puerto Rico Nuestros dos más grandes atletas, Alexis Argüello y Denis Martínez, nunca compitieron en Juegos Centroamericanos y del […]

  • Con muy pocas expectativas de vuelta en JCAC
[doap_box title=»Esfuerzo inútil» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En 1986, en Santiago, República Dominicana, el ganador de tres juegos, Diego Raudez, intentó facilitarnos el bronce en beisbol, pero fue vencido por Puerto Rico

Nuestros dos más grandes atletas, Alexis Argüello y Denis Martínez, nunca compitieron en Juegos Centroamericanos y del Caribe, tampoco en Panamericanos.

No tenemos mucho que recordar después de 71 años. Como en Cien años de Soledad, las calderas, las pailas, las tenazas, caen de sus sitios y las maderas crujen por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse.

Uno piensa qué pequeño es nuestro deporte. Así que si alguien se excede en Cartagena contra todas las adversidades, será espectacular, y volveremos a saltar de las butacas.

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REGRESEMOS A LOS JUEGOS C. A. Y DEL CARIBE

Nuestro deporte, desnudo y enclenque, consecuencia de un dramático abandono a su mala suerte, zarpa hacia Cartagena, Colombia, con los zapatos y las esperanzas rotas, confiando en algo casual para poder provocar cierta repercusión.

“Éste es el equipo más flojamente preparado que he integrado”, dice Henry Roa con esa honestidad que le impide esconderse detrás de su propia sombra. Y esa es una advertencia sobre lo que podemos esperar de una delegación armada “al bolsazo”.

La inspiración nunca está sola, tiene que contar con un soporte. Los milagros cada vez son más escasos en el deporte, incluso tratándose del regional. Y de eso tenemos que estar todos claros.

Estos Juegos Centroamericanos y del Caribe están en movimiento desde 1935, cuando Nicaragua llevó una fuerte Selección de Beisbol encabezada por los hermanos Stanley y Jorge Cayasso, y a lo largo de 71 años, es poco lo rescatable al revisar nuestras actuaciones.

Ahí está el deporte pinolero, con su expresión triste. Apenas tres medallas de oro a lo largo de 14 participaciones, con 14 de plata y 36 de bronce, es la frustrante resultante.

¿Y qué queremos? Con excepción de los años 80, ¿cuándo se ha hecho una inversión consistente en la preparación de nuestros atletas?

LAS TRES DE ORO

El primer impacto lo provocó el boxeo en 1950, en los Juegos de Guatemala, con la actuación de Gustavo Vega, conocido como “Kid Centella”, a quien vi pelear como profesional, ganador de medalla de oro en el casillero pluma.

El segundo asombro, fue construido en 1993 en Ponce, Puerto Rico, cuando sorprendentemente, el nadador Walter Sosa logró imponerse en los 200 metros combinados. Regresando de un juego de beisbol, yo estaba en mi habitación del hotel frente al televisor, viendo el evento, cuando salté de la cama, volví a vestirme y salí disparado hacia la pileta para entrevistarlo y elaborar una nota.

El tercer oro hay que agradecérselo a Svitlana Kashchenko en rifle 3 por 20, durante los Juegos realizados en San Salvador en el 2002.

En beisbol, con Cuba siempre adelante, sólo hemos podido conseguir dos de plata, una en 1978 en Medellín, con un gran staff encabezado por Porfirio Altamirano, Sergio Lacayo y Julio Moya, y otra en Maracaibo, en 1998, con Vicente Padilla salvando dos juegos y José Luis Quiroz, ganador de dos, funcionando como líder del pitcheo pinolero.

TIMBRES DE ORGULLO

En 1970, en Panamá, el atletismo logró su única medalla, y fue de plata, con el lanzador de jabalina Donald Vélez, enviando el artefacto a 72.12 metros. Raramente, Vélez se quedó corto cuando le correspondió lanzar el dardo en la prueba de decatlón.

El pingponista Oscar Molina, muy bien afilado, y considerado en ese momento el mejor pistolero del circuito Centroamericano, arañó el oro en los Juegos efectuados en México en 1990, pero finalmente perdió una gran batalla con el dominicano Juan Vila, quedándose con la plata.

A las tres medallas de oro y 14 de plata, hay que agregar 37 de bronce, 14 de ellas proporcionadas por el boxeo. Pese a lo discreto del tránsito nicaragüense en este evento, sólo en dos ocasiones, México en 1954 y Dominicana 1986, regresamos con las manos vacías, es decir, sin medallas.

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