Danilo Arbilla
Con parecida sensibilidad a la de su compatriota Antoine de Saint Exupéry, Zinedine Zidane pidió perdón a los niños. Aquél lo hizo por dedicar su obra genial —El Principito— a una persona mayor. El futbolista por el cabezazo que le propinó en el pecho al defensa italiano Marco Materazzi, a pocos minutos del término de la final por el Mundial de Futbol.
El escritor dio las razones del porqué de su dedicatoria a Leon Werth, era su mejor amigo, era capaz de comprenderlo todo, incluso un libro para niños y además vivía en Francia donde pasaba hambre y frío.
“Zizou? dio las suyas: Materazzi lo provocó insistentemente, lo tomó de la camiseta e insultó a su madre y hermana.
No estoy muy seguro de que sean casos comparables, pero dan para reflexionar; en particular lo ocurrido en Berlín.
El deportista no protestó el castigo —su expulsión del campo de juego— pero se quejó de que nada pasara con el provocador. “Ya basta con sancionar siempre la reacción”, reclamó con firmeza y con razón y dijo no estar arrepentido de lo que hizo, aunque lamentó su mal ejemplo para los niños.
Parece que el doble discurso impera en todos lados. Zidane fue elegido por los periodistas como el mejor jugador del mundial. Sin embargo el presidente de la FIFA , Joseph Blatter, dijo a un diario italiano que la organización podría impedir, luego de una investigación que se lleva a cabo, que se le diera el “ Balón de Oro? a Zidane, en defensa de la “ ética deportiva”.
Este tema de la ética da tanto para un fregado como para un lavado. Por ejemplo, desde hace muchos años la FIFA viene siendo cuestionada, incluso por los deportistas, por cómo maneja el futbol y en particular todos los negocios que giran en torno al deporte más popular del mundo. ¿Será la FIFA el mejor juez? Y tras esta pregunta me asalta aquella otra tan terrible y siempre tan vigente: ¿Y quién custodia a los custodios?
En el Mundial de México de 1986, el futbolista argentino Diego Armando Maradona fue elegido como el mejor jugador de ese torneo. Y efectivamente lo fue. Jugó maravillosamente, hizo dos goles que quedaron para el recuerdo. Los dos contra la selección de Inglaterra, a la que el equipo argentino se impuso por 2 a 1, en un triunfo que fue considerado como la “ gran revancha” o la “venganza” por la guerra de Las Malvinas. El segundo, valorado como el mejor en la historia de los mundiales, fue la culminación de una larga carrera de tres cuartos de cancha. Fue magnífico, digno del mayor aplauso en la misma medida que el anterior, el primero, debería merecer siempre el mayor de los rechazos. Fue un gol ilegítimo, que hizo con la mano, anticipándose al portero inglés y el que sin duda incidió mucho y le dio una ventaja indebida a los argentinos. Maradona no fue expulsado, quizás el árbitro no lo vio, en esa época no había grandes pantallas en los estadios; quizás hasta creyó que “fue la mano de Dios”, como dijo el propio Maradona, jactándose. Fue el mejor jugador de ese Mundial “Un bel morire tutta la vita onnora”. Pero no por ello es justo. Un bien morir no puede “blanquear”, premiar y menos honrar una vida que no fue honorable. Del mismo modo que no es justo que por un error en un mal momento se empañe toda una trayectoria, como puede ocurrir con el futbolista francés.
Maradona buscó y obtuvo un beneficio ilegítimo con su manotazo. Materazzi buscó y obtuvo un beneficio ilegítimo con sus insultos a la madre y la hermana de Zidane. No fue, en cambio, lo que éste buscó y menos lo que obtuvo con su cabezazo. Puede que ello igual no justifique su reacción ni deba generarle aplausos, es más, podrá si censurársele por muchas cosas, pero jamás por no ser honesto o por tratar de conseguir la victoria por una vía incorrecta. Y éstos, sin duda, cuando se quiere hablar de ética, son los valores que deben tomarse en cuenta.
Y por último, en épocas en que tantos ante los atropellos, las mentiras y los insultos mantienen la cabeza gacha o responden con la misma artera moneda, reaccionar con genuina indignación, aún a riesgo de perder todo lo que se tiene, pasa a ser una noble tarea. Creo que también esto hay que contabilizárselo al haber de Zidane.
(Periodista uruguayo).