Berlín/Ap
El crepúsculo de Zinedine Zidane quedó teñido por una mancha vergonzosa, quizás la peor postal que podía dejar en su despedida como futbolista.
Zidane se hizo expulsar a los 110 minutos del alargue de la final por un cabezazo artero y brutal al pecho de Marco Materazzi.
El árbitro argentino Horacio Elizondo no vio el incidente, pero fue alertado por uno de sus asistentes y le mostró la tarjeta roja al capitán francés de 34 años.
Entonces, Italia y Francia igualaban 1-1 en la final de la Copa Mundial. Sin Zidane, autor del gol galo al convertir un penal a los siete minutos, Francia sucumbió 5-3 en la definición desde los 12 pasos con la que Italia se coronó campeona del mundo por cuarta ocasión.
La expulsión de Zidane lo cambió todo, porque incluso en el alargue el equipo italiano tan sólo esperaba una cosa, y eso era los penales, comentó el técnico francés Raymond Domenech.
En un Mundial marcado por una catarata de amonestaciones, la reacción de Zidane ante las más de 60,000 almas en el Estadio Olímpico de Berlín fue lamentable.
Y como tal fue el momento triste de ver a “Zizou” caminar rumbo al vestuario, pasando al lado del pedestal donde se había colocado el trofeo de la Copa Mundial.
Hasta ahí Zidane parecía que se marchaba de las canchas por la puerta grande, ni más ni menos que en una final mundialista. Durante buenos ratos de la final, Les Bleus lucieron más dominantes que Italia.
Pero la posibilidad de despedirse en la cúspide se disipó.
Zidane había anunciado de antemano que colgaría los botines tras el Mundial de Alemania.
Fue un adiós con nota amarga para uno de los futbolistas más notables del futbol francés, si no el más grande.
En sus 12 años con la selección, lideró un equipo que conquistó la Eurocopa y la Copa Mundial en un período de dos años, el más glorioso del futbol galo.
A lo largo de su carrera Zidane combinó un talento supremo, momentos geniales y un feroz espíritu competitivo que a veces lo hizo cometer excesos.
Imborrable será el recuerdo de los dos goles que marcó en la final del Mundial de 1998 ante Brasil, cuando Francia ganó 3-0.