- Europa reinó; los árbitros y Brasil desentonaron
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Berlín/ Ap
Supuestamente ésta iba a ser la Copa Mundial de Ronaldinho, a decir del desborde de pirotecnia publicitaria que precedió a Brasil. También sería el torneo en el que África y Asia se confirmarían como protagonistas de primera fila.
Al final, sin embargo, Europa volvió a imponer su jerarquía en su patio y con dos equipos que llegaron jaqueados por un escándalo de corrupción (Italia) o que su mejor momento había pasado (Francia).
Algunos de los grandes favoritos, como la pentacampeona Brasil y Argentina ni siquiera pudieron superar los cuartos de final. España fue la historia de siempre, arrancando a paso redoblado pero se desinfló ante la primera prueba exigente. La anfitriona Alemania, con un equipo con muchas limitaciones, excedió las expectativas al entreverarse como tercero ante una nación que sumió en un febril patriotismo durante un mes.
Así son los mundiales: hay sorpresas y sorprendidos.
Aparte de que Zinedine Zidane tomó un segundo aire para instalar a Francia en el partido final, éste fue el Mundial en que los arbitrajes dieron mucho de qué hablar y las críticas anduvieron al por mayor.
De antemano se había advertido que no se iban a tolerar las simulaciones y los árbitros estuvieron con celo para pintarlas. El resultado fue un alud de 27 expulsiones y 341 tarjetas amarillas.
Pero pasaron cosas inverosímiles como el error del inglés Graham Poll, que le mostró tres amarillas al croata Josip Simunic. Y qué tal Valentín Ivanov, el ruso que estableció un récord de expulsiones (4) en el Holanda-Portugal por cuartos de final.
Cuando el mismo presidente de la FIFA, Joseph Blatter, se dispara diciendo que Ivanov “se merecía la tarjeta amarilla”.
Pero, ¿qué se recordará de Alemania 2006?