- ¿Debilidad, defecto o virtud? Todos esos nombres da Carlos Mejía Godoy a su capacidad de seducción de “todo lo que me atrae”, mujeres incluidas. Mejía asumió esta semana, después de mucho pensarlo, la bandera que quedó suelta con la muerte de Herty Lewites, el carismático candidato de la Alianza Movimiento de Renovación Sandinista (MRS)
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El domingo 2 de julio, por la tarde, Carlos Mejía Godoy está reescribiendo una obra que se llamaría Letanía por la sangre derramada. Un viejo proyecto que busca hacer justicia a los estudiantes masacrados el 23 de julio de 1959 en León: Sangre de estudiante / sangre, sangre santa / dulce y generosa / dulce y trinitaria… Suena el teléfono y es su hijo Jorge Eduardo, con una noticia: “Herty murió”.
La vida cambió ese día para este hombre que irrumpió en la vida de Nicaragua hace 40 años con una canción llamada Alforja Campesina, que alentó con su canto la lucha contra Somoza y que logró firmar jugosos contratos con una compañía disquera en España. Que se enamoró del Frente Sandinista y su revolución. Que un día dijo “no más partido” y se aferró a su acordeón. Que le propusieron candidaturas y no aceptó porque sólo quería ser cantor. Y que aquel domingo, con aquella noticia, sabía que todo iba a cambiar en su vida.
¿Qué sintió en ese momento que le dan la noticia?
Una mezcla de rabia, de dolor y de impotencia. No salí de la casa. Me quedé trabajando. Fue como que Herty me inyectó energía para poder seguir trabajando en esto. Yo pasé como una hora llorando. Desahogando todo esto. En ese momentito yo oigo las palabras de Herty. Herty, meses atrás me había llamado. Primero me llamó la Mónica Baltodano, después Víctor Hugo Tinoco. Me andaban entotorotando para la causa… Y yo: No, no, no… Que pensátela. Voy a pensármela.
¿Le estaban proponiendo la candidatura a la Vicepresidencia?
Sí, sí. No era una propuesta muy concreta, pero se sentía. Volver a la política… Volver a acostumbrarte a las cosas que van contra tu ética… Y para sondearlo les pregunté: ¿Qué pasa si mañana por componendas o por alianzas estratégicas los veo de nuevo con aquellos que te han machacado? “Aquí no hay retroceso, vamos a fondo contra el pacto y la corrupción”, me dijeron. Y lo que más me gustó, lo digo de corazón, aunque sea simbólicamente: “Nos vamos a bajar los salarios”. Firmar eso es un documento ético muy importante.
¿Qué cosas cambiaron ahora para que haya aceptado esta vez y no en aquella?
El vacío de Herty. Imposible de llenar. Nadie sustituyó a Sandino, pero el sandinismo creció. Nadie sustituyó a Carlos Fonseca… pero ese vacío podemos llenarlo entre todos.
¿Impulsar una especie de “hertismo”?
Exactamente. Yo lo he dicho. Si triunfamos vamos a gobernar tres: Herty, Mundo (Jarquín) y yo.
¿Usted llamó a un consejo de familia para tomar la decisión?
Ellos me estaban presionando para que les diera la respuesta. Yo les daba el sí, pero todavía no me casaba. Mis hijos me dijeron: “Papá, no solamente lo apoyamos, lo empujamos a que acepte, a que se mantenga firme y a que cumpla”.
¿Cuáles eran sus temores?
Tenía mis dudas, porque se dice que la política es sucia. Que sólo los ríos no se devuelven.
¿Miedo a quedarse embarcado?
Exactamente. Pegarme la gran quemada y volver a salir otra vez frustrado, desencantado y desahuciado moralmente.
¿Cómo está viviendo estos primeros días de candidato?
De una manera muy intensa, y feliz porque estoy trabajando con mi hijo, Jorge Eduardo. Como no quiero que cambie esta parte (su oficio de cantautor) tengo que hacer tiempo para eso, tengo que hacer tiempo para hacer ejercicios. Tengo que bajar 30 libras, ya bajé 10 en estos últimos días porque el trajín ha sido fuertísimo. Quiero ponerme en disposición física, anímica y espiritual para asumir este reto. Estoy entusiasmado. Me sorprende realmente la actitud de la gente y sé que va a haber críticas.
¿Está listo para aguantar los ataques que le caerán como candidato?
Sé dónde estoy parado. Para mí es muy importante la serenidad. Yo no sé si tengo techo de vidrio, cartón, de vinil o de lo que sea, pero yo asumo mi techo. No voy a responder insultos.
¿Es machista Carlos Mejía?
Yo creo que es imposible no ser machista en estos tiempos y como miembro de esta sociedad. Pero sí, durante los últimos 30 años de mi vida me he esforzado por ir mejorando mi nivel de comprensión de la cuestión del género, del respeto a la mujer. Y si hay una cosa que les he inculcado a mis hijos ha sido esa: tienen un padre imperfecto, pero no cometan los errores que cometí yo.
¿Cuáles fueron esos errores? ¿los varios matrimonios?
Sí. Hubiera querido tener una sola familia. (Pero) me siento muy orgulloso del fruto de mi diáspora.
¿Cuántos son sus hijos?
Ocho. Y sólo uno está en el extranjero.
¿Cuántos matrimonios?
Matrimonios sólo son tres, pero he tenido más parejas. Y de otras parejas han nacido otros hijos. Pero quiero decir aquí, y lo digo sin ánimo de propaganda: me llevo muy bien con las madres de mis hijos. Lo voy a decir de una manera más amplia: me llevo muy bien con todas las muchachas, jóvenes y mayores, que han tenido que ver con Carlos Mejía. No me cruzo de acera por temor a encontrarme con alguien. Nunca he tenido un problema de alimentación o de manutención… (Ríe)
Está reconociendo que es mujeriego.
No me gusta la palabra mujeriego porque la encuentro bastante impersonal y un tanto frívola. Creo que el defecto o la virtud de Carlos Mejía ha sido la seducción. Tal vez esa es mi debilidad o mi característica, pero yo soy un seductor de todo lo que me atrae. Voy a ponerte un ejemplo. Voy a seducir a una muchacha. Quiero salir con vos, le digo. Quiero presentarte un amigo, eso es todo. Agarramos la carretera a León, y me meto a Nagarote. Le pido que cierre los ojos y la llevo al Genízaro de Nagarote. Te estoy hablando del año 82. Cuando abre los ojos, casi se cae por la impresión de ver semejante árbol, anchísimo. Me dice: “Sos increíble”. (Ríe)
¿Disfruta el acto de la seducción?
¡Ah sí, me encanta! Me encanta el misterio premonitorio cuando vos conoces a una persona y empezás a tener la primera comunicación con ella. Viene el teléfono, la dirección… Yo ante todo hago una amistad. Si no hago amistad no doy el siguiente paso.
Decía Norma Helena Gadea que por ser artista, poeta, se tiene el corazón más sensible al amor.
Claro. No hay nada más parecido al acto de amor, que estar sobre el escenario. Yo creo que soy un seductor de tiempo completo.
Y ahora como candidato va a necesitar todo su poder de seducción para conseguir votos.
Pero yo no quiero que la gente me vea como el hombre que sonríe o habla o saluda para conseguir algo… Yo así he sido toda mi vida.
Sonarán sus canciones en la Alianza MRS y en el Frente Sandinista. ¿No teme que se confunda la gente?
No. El actor de radio José Dipp McConnell tenía una frase sabia: “Al pueblo no le dan gato por libre”. El pueblo sabe.
¿Carlos Mejía aprovechará las viejas canciones testimoniales para llegar a ese sandinismo duro, que se mantiene con Daniel Ortega?
Exactamente. No hay canciones del otro sector ni canciones de aquí. Ellos pueden seguir cantando mi música, no me ofende. Al contrario, me agrada. Yo sé que oficialmente han hecho un afán de aislarme, no de ahorita, sino desde que la Rosario (Murillo) me insultó. Yo he notado que en los actos públicos… para mí es una vergüenza que canten Pueblo Unido. No por la canción sino por el esfuerzo que hacen para copiar de otros lados y sustituir las que nosotros tenemos. Es al revés: son otros países los que cantan nuestras canciones, a veces. Ellos pueden seguir cantando mis canciones. La música de Carlos Mejía es patrimonio nacional.
Usted está consciente de cuánto contribuyó su canto a movilizar gente a la insurrección que botó a Somoza?
Acordate que yo vengo siguiendo la trayectoria del Frente Sandinista desde chavalo. Y me impacta la cantidad de jóvenes que mueren. Una de las cosas que me impactó del Frente es que nunca fue un terrorismo ciego. Nada que ver con las cosas de ETA, de IRA…
¿Nunca se planteó un dilema de conciencia sobre si estaba haciendo lo correcto en tanto involucrabas muerte en uno y otro lado?
Claro. Yo comencé militando en Juventud Patriótica Nicaragüense, y nos planteábamos la lucha cívica. Seguidores de la causa de (Mahatma) Gandhi, creo que de (Martin) Luther King, y es después que te vas convenciendo de que en Nicaragua no existe más posibilidad que la lucha armada. Y en la medida que te vas dando cuenta de eso, vas incorporando eso a la canción. O sea, la canción se va radicalizando.
También al revés: si la situación va influenciando sus canciones, también sus canciones van haciendo que mucha mas gente tome las armas.
Claro, claro. Cuando yo llegué a Miami hace seis años por vez primera, hay una manifestación de unas 12 personas, con unos letreros que dicen: “Carlos Mejía asesino”, “Carlos Mejía tu canto llevó a los jóvenes de Nicaragua a la muerte”. ¿Fue una canción la que cambió el rumbo de Nicaragua? No. La canción se adhirió a todas las cosas que iban naciendo como forma de comunicar. Yo nunca me sentí culpable, como tampoco nunca me sentí héroe, de haber arriesgado la vida y después haber arriesgado mi mejor momento artístico.
¿Cuál fue su “mejor momento artístico”?
Después de que hago la Misa Campesina viene la oportunidad de irme para España en el 77. Llevé como 30 discos y anduve repartiéndolos. Cuando sólo me quedaba un disco fui a la CBS (ahora la Sony Music) y ahí me encontré con un loco que se enamoró de la Misa, de las canciones, y fue el que nos consiguió el contrato con la CBS que cambió totalmente mi vida. Ya me quedé en España grabando. Fue un golpe de suerte.
En otoño del 78 yo abandono todos mis contratos en España, cuando el Frente (Sandinista) me dice: ábrase. Me fui a donde el manager, que es el mismo de Camilo Sesto y Julio Iglesias, para decirle: “Mi pueblo que está en lucha me llama a incorporarme. Ya que no puedo integrarme a la lucha armada voy a arriesgar mi carrera”. ¿Y qué significa eso? “No hay contrato octubre, noviembre, diciembre y enero”. ¡Tenemos 60 contratos firmados y recontrafirmados! “Lo siento mucho”.
¿Era mucho dinero?
Claro. Unos 200 mil dólares aproximadamente.
¿Carlos Mejía ganaba mucho dinero?
Imaginate que nos vimos obligados a vivir en el corazón de Madrid por todo el movimiento. Sólo el apartamento donde yo vivía costaba 1,500 dólares (la mensualidad).