EN UNA ESCENA DE Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto. (LA PRENSA/ EFE)

Johnny Depp

EFE-REPORTAJES Hace tan sólo una década, Johnny Depp era un rebelde excéntrico incómodo con su fama, su belleza y su popularidad, conocido por sus amantes (Winona Ryder y Kate Moss, entre ellas), las maltrechas habitaciones de hotel que dejaba a su paso y su manifiesto desagrado ante los “paparazzi”. “Algún día me escaparé de Los […]

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Hace tan sólo una década, Johnny Depp era un rebelde excéntrico incómodo con su fama, su belleza y su popularidad, conocido por sus amantes (Winona Ryder y Kate Moss, entre ellas), las maltrechas habitaciones de hotel que dejaba a su paso y su manifiesto desagrado ante los “paparazzi”.

“Algún día me escaparé de Los Ángeles, tal vez al sur de Francia, a una casa de campo donde pueda montar a caballo o en bicicleta e ir de un lado a otro sin preocuparme de los cientos de sanguijuelas”, comentaba rabioso por aquel entonces ese rebelde sin causa en el que ya muchos veían al mejor actor de su generación.

Dicho y hecho. Diez años más tarde, recién cumplidos los 43 años, el paraíso de Depp es una realidad. Una mansión en la campiña francesa, cerca de Saint Tropez, donde disfruta de sus paseos matinales por su huerto de frutales y del desayuno que les prepara a sus hijos, Lily-Rose, de siete años, y Jack, de cuatro, ambos fruto de su relación de ocho años con la actriz, modelo y cantante francesa, Vanessa Paradis.

También disfruta del anonimato, o mejor dicho de la discreción de sus vecinos, porque a pesar de lo que pueda parecer esta idílica descripción, la carrera de Depp nunca tuvo tanto éxito.

PARA BIEN

Lo único que ha cambiado es que este actor con mayúsculas y estrella a la fuerza, aprendió a codearse con la fama. Su apariencia sigue siendo la misma, ese estrafalario sombrero borsalino, pantalones raídos, colgajos, muñequeras, tatuajes, anillos y un aspecto desaseado que sólo esconde a alguien extremadamente pulcro de perenne perilla porque la barba no le da para más.

Pero el actor que más duro trabajó para alejarse de la industria es ahora una pieza fundamental en el engranaje de Hollywood.

Además está un talento que ya nadie discute y que le equipara al de su amigo, el legendario Marlon Brando, dos candidaturas al Oscar, por Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl y Finding Neverland, un cheque de 20 millones de dólares por película y taquillazos como el filme de piratas o el estreno el pasado año de Charlie and the Chocolate Factory.

Los hechos le confirman como el actor más buscado por el público, al menos cuando hace películas al gusto de todos.

“Me encanta que estas películas funcionen tan bien pero no voy a cambiar mi estilo por ello”, asegura calmado, liándose uno más de esos cigarrillos de tabaco de hebra Bali Shag en papel marrón Rizla.

“En realidad lo que ha cambiado es que antes no sabían qué hacer con mis estrenos y ahora tienen un producto que saben vender como todos sabemos que sólo Hollywood sabe hacer”, apostilla irónico.

A las pruebas se remite: el primer Pirates of the Caribbean recaudó 654 millones de dólares en la taquilla internacional. El segundo, Dead Man’s Chest, es con mucho el estreno más esperado del año, al menos antes de que se acerque el estreno de la tercera parte de esta trilogía, previsto para el 2007.

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