Anoop Singh. ()

Sin influencia

Los vientos populistas y la menor cantidad de deudores en la región hacen menguar la figura del FMI en América Latina Washington Quizás con cierta nostalgia, un periodista comentó en una conferencia de prensa durante la asamblea de abril del Fondo Monetario Internacional (FMI) que el evento se parecía poco al de otras primaveras, cuando […]

  • Los vientos populistas y la menor cantidad de deudores en la región hacen menguar la figura del FMI en América Latina

Washington

Quizás con cierta nostalgia, un periodista comentó en una conferencia de prensa durante la asamblea de abril del Fondo Monetario Internacional (FMI) que el evento se parecía poco al de otras primaveras, cuando se hablaba de riesgos de crisis en Argentina o Brasil en lugar de la bonanza económica de los tiempos actuales. Cuando el reportero preguntó si el FMI estaría perdiendo su identidad debido a eso, el jefe de la institución para el Hemisferio Occidental, Anoop Singh, apeló de inmediato a la ironía.

“Bueno, esta mañana yo esperaba a muy pocos de ustedes, por las razones que acaba de mencionar”, dijo en medio de risas. “Y me sorprendí al ver tantos como veo, por lo que diría que eso mismo responde la pregunta”.

Sin embargo, muchos apuntan a otros indicadores para mostrar una menguante influencia del FMI en la región. Actualmente la institución sólo tiene acuerdos stand by con tres países latinoamericanos: Uruguay, Colombia y Perú, y los dos últimos caducan en los próximos meses. Brasil y Argentina cancelaron en diciembre el total de sus deudas con el Fondo, por US$15,500 millones y US$9,600 millones, respectivamente, con festejos en ambos países. Las únicas naciones que reciben préstamos de reducción de pobreza en la región son Nicaragua, Honduras y Guyana.

Aunque parte de eso se debe al aumento en los precios de los commodities y al flujo de capitales que otorgaron alivio financiero a América Latina, en general el fenómeno se reproduce en otras zonas. La cartera global de préstamos del FMI es la menor desde la década de los ochenta, con unos U$S35,000 millones. “El Fondo está perdiendo influencia en todo el mundo”, dice Peter Kenen, profesor de economía en Princeton y consultor del Tesoro y la Reserva Federal estadounidenses, así como del propio FMI. “Eso es particularmente claro en América Latina, donde virtualmente no hay países que tomen préstamos”.

Otros observan que los vientos populistas que están soplando en la región alejaron aún más al FMI. “Hay una pérdida de cierto consenso sobre cómo hacer las cosas, y eso es preocupante”, dice Ricardo Hausmann, profesor en Harvard y ex economista jefe del BID. “Se está creando en una parte de la opinión política de América Latina la percepción de que el Fondo es algo así como el enemigo; es una visión ideológica”.

En medio de este panorama, el organismo fundado hace 61 años, comenzó a procesar cambios. Los 184 países que lo integran decidieron en abril mejorar su poder de “vigilancia multilateral” para monitorear las políticas cambiarias de los gobiernos, con la mira puesta en Asia. También se prevé aumentar el peso dentro de la institución de algunos países emergentes, como China o México. Y para asegurarse de que los costos del FMI seguirán cubiertos, su jefe, Rodrigo de Rato, acaba de formar un comité de notables que lo asesorará.

Sin embargo, es dudoso que alguna de estas reformas logre aumentar el peso del organismo en América Latina. Muchos avizoran que el principal cambio en ese sentido podría darse cuando pase el ciclo económico actual, que permitirá un crecimiento de 4.3 por ciento en la región este año, y algunos países vuelvan a golpear la puerta del Fondo para pedir ayuda. Pero con el vertiginoso aumento en las reservas de la región (que según el organismo superaron los US$200,000 millones el año pasado) hay quienes dudan que las cosas vuelvan a ser como antes. “Los países están armando reservas para prevenirse solos, sin necesidad del FMI, y ahí es donde puede haber un quiebre con la historia”, opina Claudio Loser, quien antes ocupó el cargo de Singh. “Van a esperar hasta último momento para tener que ir al Fondo, porque no hay gran simpatía por la institución”.

“No hay fórmulas mágicas”

Muchos afirman que su poder como jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) para América Latina ha disminuido en los últimos tiempos. Pero Anoop Singh sostiene que su vínculo con la región es más normal que antes. A juicio del funcionario indio, la merma en los programas del Fondo con la región significa un “éxito” y ahora hay que buscar consensos en cada país en vez de modelos regionales. En diálogo con Gerardo Lissardy, corresponsal de AméricaEconomía en Washington, Singh se muestra más pragmático de lo que muchos imaginarían.

¿Está de acuerdo con la opinión de varios expertos que creen que el FMI ha perdido influencia en América Latina?

No. Lo que ocurre es que la región está entrando en una nueva fase. La estabilidad macroeconómica, combinada con el clima externo, significa que las necesidades de financiamiento del Fondo son mucho más pequeñas. La región no necesita de nuestros recursos ahora y eso es un éxito.

Pero como la cartera de préstamos a la región se redujo, la influencia del FMI también pudo disminuir. ¿Los países no tienen más libertad para actuar sin condicionalidades?

El problema de la región en los últimos 50 ó 100 años han sido los episodios periódicos de inestabilidad macroeconómica, y ahora hay mucho más reconocimiento de que la región necesita estabilidad para librarse de la volatilidad, dañina para el combate a la pobreza y la desigualdad. Ése ha sido nuestro mensaje principal. Estamos muy complacidos de que prácticamente todos los países coincidan en la necesidad de consolidar la estabilidad macroeconómica. Además, el FMI no es como otras instituciones de desarrollo; nuestro portafolio es para apoyo en tiempos de crisis. Que éste haya bajado es normal, y no es un indicador crítico de influencia. Significa que en circunstancias normales no hay necesidad del tipo de condicionalidades vistas como intromisiones de los países.

¿Le parece que esto se debe a factores cíclicos o es una tendencia a largo plazo?

Si los países pueden mantener la estabilidad macro en forma permanente, la necesidad de financiamiento de crisis va a ser mucho menor. Así que espero que el ciclo sea menor.

¿El FMI tendrá menos programas en la región de los que tenía hasta hace poco?

No quiero hacer pronósticos. En este momento el clima es muy favorable a pesar de las turbulencias recientes y los países no necesitan programas. Ahora, lo que va a pasar mañana no lo sé. El Fondo está aquí para ayudar a los países si lo necesitan.

¿Y cómo puede ejercer su influencia el FMI en estas circunstancias?

Seguimos con contactos permanentes con los países. Y la atmósfera de diálogo es mucho mejor que antes. Ayuda mucho que, en general, no tengas que firmar una carta de intención o poner condiciones. Hemos vuelto a un diálogo normal, lo que significa que los países tienen propiedad total de sus políticas y nosotros tenemos que asesorarlos sobre las lecciones de otros lugares. Tenemos que trabajar más con parlamentarios, congresistas, ONG… Cuando estuve en Santiago hace unos días, por ejemplo, hasta me encontré con gremios comerciales.

¿No cree que en la región se perdió el consenso sobre la necesidad de liberalizar la economía, más allá de la estabilidad?

Es muy difícil generalizar. En todos los países el deseo de tener una inflación baja es muy fuerte. Necesitamos un consenso país por país sobre cómo ser más eficientes. No hay una fórmula mágica que funcione en todos. Pero no creo que los países estén mirando hacia adentro: vea lo que pasó con las exportaciones en los últimos años.

¿No buscan un consenso regional?

Vamos país por país, porque cada uno tiene una situación diferente.

¿Y no se preocupan cuando ven que Bolivia estatiza su sector energético, o que Argentina tiene los precios del gas y la electricidad artificialmente bajos?

Los países necesitan más inversiones productivas, porque en América Latina la productividad ha sido baja. Esto ha sido un gran problema comparado con Asia. Tenemos que ver cuáles son las políticas en función de eso. Pero no vamos a tomar una posición doctrinaria. Los hechos aún se están desarrollando. No tenemos detalles de lo que va a pasar en Bolivia; tenemos que esperar y ver. No vamos a guiar nuestras acciones por los anuncios en la prensa.

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