- El reto de Gatusso es tratar de sujetar al “Mago” Zidane
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Italia frente a Francia en batalla por la Copa
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Ver Infografia > Como ocurre siempre, la final de la Copa del Mundo está ahí, frente a nuestras narices, danzando seductoramente, agrandándonos los ojos, acelerando el latir de los corazones y agitando incontrolablemente las emociones.
¿Será una final de alarido? Sobre esta expectativa estamos cabalgando mientras llega el momento del inicio (1:00 p.m.).
Italia con el utilísimo Andrea Pirlo, con Francesco Totti, Luca Toni, Fabio Cannavaro, Gianluca Zambrotta, Fabio Grosso, Gianluiggi Buffon y Alessandro Del Piero siempre listo, se ve muy bien armada, de la cabeza a los pies, pero Francia tiene la magia de Zinedine Zidane, el ímpetu de Thierry Henry, la inspiración de Patrick Vieira y la solidez de Lilliam Thuram.
Italia, por lo que ha mostrado, se ve más equipo, y hasta se dio el lujo de terminar con cinco delanteros contra la temible Alemania, pero Francia, en principio sub-estimada, en peligro de ser descartado, logró un crecimiento tan impactante, que ahora eriza pelos.
¿Quién prevalecerá? Esta es la última intriga, tensa, deslizante, con todos zig-zaguendo en el campo minado de las especulaciones.
¿Podrá Genaro Gatusso reducir el radio de acción de Zidane y evitar que tenga la pelota en su poder suficiente tiempo para desequilibrar?
¿Quién será más incidente, Grosso o el veloz y desconcertante Frank Ribbery? ¿Será capaz Thuram de dirigir con acierto la defensa francesa frente a las constantes y violentas arremetidas del ataque italiano?
El factor Del Piero, ¿qué importancia tendrá? ¿Escapará Henry a una custodia de tanto oficio que lo tiene bien estudiado? ¡Diablos! ¿Qué será cierto?
“El mundo ve a Italia como campeón”, titula en grandes caracteres la Gazetta dello Sport, y cita a Pelé y Maradona, que se inclinan por el equipo más compacto del Mundial.
Históricamente, Italia ha manejado un futbol especulativo, extremadamente firme en la defensa, congelante y hasta destructivo a veces, pero ahora ofrece más variedad, y más agresividad por su rápido y seguro tránsito por el medio campo.
Francia, siempre creativo, desde antes de la era Platini, actualmente bastante envejecido, ha preferido la seguridad atrás con el liderazgo de Thuram, el uso eficaz de los contragolpes con el aprovechamiento del talento y destreza inagotable de Zidane, y la presencia y proyección del siempre amenazante Henry.
Hay ventaja italiana en la cabaña con Buffon. Es más seguro que Barthez se mueve mejor en el área y sus tenazas son confiables. A los 35 años, una edad en la que el inglés Gordon Banks era el mejor del mundo sin discusión, el francés no es el arquero que vimos brillar en 1998.
Uno supone que toda final de Copa, con algunas excepciones como la de 1994, es la fiesta del alarido.
Esta es una final, que mientras avanzaba la primera etapa, no podía ser sospechada.
Fundamentalmente, por la irregularidad de Francia y el alarmante declive mostrado por Zidane. El equipo que hoy diputará la Copa, estuvo en peligro de volver a ser eliminado lo más pronto posible como ocurrió en el 2002 ante el asombro del planeta.
Pero Francia sobrevivió detrás de Suiza dejando atrás a Corea, y Zidane resurgió espectacularmente, con tres actuaciones cumbres.
Italia en tanto, estuvo inestable durante el empate 1-1 con Estados Unidos, pero saltando sobre República Checa y Togo, se impulsó hacia la final con dominio y contundencia, hasta hacerse merecedora del calificativo: equipo de mejor rendimiento.
¿Qué esperamos?
Un juego de intenso accionar y suficiente brillantez que nos mantenga tensos, rechinando los dientes, con nuestros corazones hinchados. Una auténtica fiesta del alarido, como deberían de serlo todas las finales.