- El país sale polarizado y dividido entre derecha e izquierda, el Norte rico contra el Sur pobre, algo inédito
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Lejos de definir un rumbo político claro, las elecciones presidenciales en México mostraron por primera vez un país profundamente dividido entre izquierda y derecha, empatado en sus fuerzas y con un Presidente bajo la amenaza de la contestación.
Los comicios presidenciales del 2 de julio, que el conservador Felipe Calderón ganó por estrecho margen al izquierdista Andrés Manuel López Obrador, reflejaron que México está dividido entre el Norte rico e industrial y el Sur pobre y agrícola.
“En un país polarizado políticamente, con una enorme brecha económica entre el norte y el sur, y un Congreso dividido casi en tres partes iguales sólo cabe la opción del Gobierno de coalición y unidad nacional”, dijo ayer a Efe el analista Gabriel Gutiérrez, profesor universitario de Ciencias Políticas.
“Finalmente se cumplió el peor escenario”: un presidente elegido por escaso margen tras seis años de bloqueo político, consideró el analista Sergio Sarmiento en el diario Reforma.
La balanza definitiva de la elección se encuentra en manos del Tribunal Federal Electoral (Trife), que deberá decidir de aquí al 6 de septiembre si declara presidente electo a Calderón o si acepta la impugnación de las elecciones que anunció López Obrador.
El futuro escenario plantea al próximo presidente la necesidad de gobernar con criterio “de inclusión” para estrechar la brecha entre los desarrollados Estados norteños, varios de los cuales colindan con EE.UU., y los empobrecidos del sur, según varios observadores.
Los Estados del norte votaron mayoritariamente por Calderón, mientras que Ciudad de México y las regiones del sur lo hicieron por López Obrador, ex alcalde de la capital del país, quien ha prometido combatir la pobreza y eliminar los privilegios de los que, según asegura, gozan los empresarios más ricos.
Según el escrutinio definitivo del autónomo Instituto Federal Electoral (IFE), Calderón, del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), obtuvo 15.2 millones de votos ó 0.57 puntos porcentuales más que López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien obtuvo 14 millones 756 mil 350 votos.
En Estados como Nuevo León (norte) y Jalisco (noroeste) el apoyo de Calderón llegó, sin embargo, al 48.8 por ciento y al 49.3 por ciento, mientras que en los sureños Chiapas y Oaxaca el respaldo a López Obrador trepó al 43.3 por ciento y al 45.9 por ciento.
En esos dos Estados del sur y en el vecino Guerrero se concentra la mayoría de pobres de México, un país donde se calcula que la mitad de los 106 millones de habitantes está en esa condición.
Para Jaime Olaiz, profesor de la privada Universidad Panamericana, el pasado domingo “se hizo evidente que el norte industrializado votó por Calderón y el sur agrícola lo hizo por López Obrador”.
Con ese resultado cree que el próximo mandatario afronta el reto de “gobernar para todos”.
El presidente de la poderosa Confederación Patronal de México (Coparmex), Alberto Núñez, coincidió con los analistas en que el futuro jefe de Estado deberá “gobernar para todos” y recordó que el candidato más votado “sólo” obtuvo el respaldo de 15.2 millones de los 71 millones de ciudadanos incluidos en el Padrón Electoral.
Calderón llamó a formar un gobierno de unidad y a afrontar “entre todas las fuerzas políticas y sociales” los problemas del país, como la pobreza, la corrupción y la inseguridad.
El nuevo mandatario asumirá el cargo el próximo 1 de diciembre para un mandato de seis años y sucederá a Vicente Fox, del PAN, como Calderón, quien durante su Gobierno ha hecho énfasis en la ortodoxia fiscal, la apertura comercial y el combate a la pobreza, especialmente en las regiones indígenas del sur del país.
México, tras las elecciones presidenciales más reñidas de su historia, no se alineó a la oleada de gobiernos de izquierda dominantes en América Latina en los últimos años.