Humor y fiesta. Los eufóricos partidarios de Felipe Calderón celebran el triunfo del candidato del PAN. Sin embargo, el PRD anunció una ola nacional de movilizaciones y la impugnación de los resultados. (la prensa/ap/gregory bull)

Dos Méxicos: Norte vs. Sur

El país sale polarizado y dividido entre derecha e izquierda, el Norte rico contra el Sur pobre, algo inédito [doap_box title=»Calderón: “Caballo que empata, gana”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El ganador de las elecciones presidenciales de México, el conservador Felipe Calderón, hizo posible el refrán popular de que “caballo que empata gana”, pues inició su carrera por […]

  • El país sale polarizado y dividido entre derecha e izquierda, el Norte rico contra el Sur pobre, algo inédito
[doap_box title=»Calderón: “Caballo que empata, gana”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El ganador de las elecciones presidenciales de México, el conservador Felipe Calderón, hizo posible el refrán popular de que “caballo que empata gana”, pues inició su carrera por la Presidencia con un hándicap: pocos, incluso en su partido, creían en él.

Calderón, de 43 años, casado, con 3 hijos y miembro del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), se presentó en la campaña electoral como el “presidente del empleo” y presumió tener las manos limpias de la corrupción endémica en México.

Un mes antes de las elecciones la oposición sacó un expediente turbio sobre un supuesto tráfico de influencias en favor de un cuñado, denuncia que le sacudió y lo bajó del primero al segundo puesto en las encuestas, pero no lo aniquiló.

Hace dos años el propio presidente Vicente Fox lo regañó públicamente por expresar sus deseos de pelear por la candidatura presidencial del PAN.

Ese pleito empujó a Calderón a renunciar como ministro de Energía y buscar y conseguir la candidatura sin el cobijo presidencial, que estuvo destinado a otro aspirante, el ex Ministro de Gobernación (Interior) Santiago Creel.

Ya como candidato del PAN, el mismo presidente de ese partido, Manuel Espino, pidió votar por el “chaparrito (bajito), pelón (calvo) y de lentes”.

Superada la pelea interna, Calderón se enfrentó a Andrés Manuel López Obrador, del izquierdista PRD, quien en las últimas encuestas fue el candidato favorito, según los sondeos de opinión.

Relegado al segundo puesto, diez puntos porcentuales por debajo de un López Obrador en ebullición, Calderón cambió el tono de su campaña electoral en marzo pasado y se lanzó con mensajes agresivos contra su principal contendiente, quien, según analistas, cometió una serie de errores.

La campaña agresiva y los fallos de López Obrador catapultan a Calderón al primer puesto por un par meses, pero después ese lugar cambió de manos hasta el pasado 2 de julio en que se convirtió en el ganador de los comicios.

Calderón es “un panista de toda la vida”, pues su carrera política en ese partido conservador la inició desde joven influido por las ideas de su familia.

Su padre, Luis Calderón, fue uno de los fundadores del PAN y su esposa, Margarita Zavala, es diputada por ese partido político. Desde su juventud ocupó varios puestos en la estructura partidista hasta que llegó a la Presidencia del PAN.

Al frente del PAN, Calderón se distinguió por una participación activa del partido en las negociaciones por la reforma política y logró triunfos para su colectividad en los Estados de Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes.

Calderón estudió leyes en la Escuela Libre de Derecho, maestría en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y maestría en Administración Pública por la Universidad de Harvard.

Sus detractores le acusan de haber avalado, en calidad de presidente del PAN, que el Congreso aprobará la conversión en deuda pública de 120,000 millones de dólares del rescate que hizo el gobierno de los bancos privados en la crisis económica de 1994.

También sus críticos lo ubican como representante de la ultraderecha, que busca diluir el Estado laico y permitir mayor participación privada en sectores estratégicos del país, como el energético.

Se opone a los matrimonios entre personas del mismo sexo, al aborto, a la muerte asistida, y está de acuerdo con la cadena perpetua especialmente para los secuestradores.

Promete orden en las finanzas públicas y principalmente impulsar la creación de puestos de trabajo.

Gerardo Tena/EFE[/doap_box]

Analistas temen siga estancamiento por débil mandato presidencial

Lejos de definir un rumbo político claro, las elecciones presidenciales en México mostraron por primera vez un país profundamente dividido entre izquierda y derecha, empatado en sus fuerzas y con un Presidente bajo la amenaza de la contestación.

Los comicios presidenciales del 2 de julio, que el conservador Felipe Calderón ganó por estrecho margen al izquierdista Andrés Manuel López Obrador, reflejaron que México está dividido entre el Norte rico e industrial y el Sur pobre y agrícola.

“En un país polarizado políticamente, con una enorme brecha económica entre el norte y el sur, y un Congreso dividido casi en tres partes iguales sólo cabe la opción del Gobierno de coalición y unidad nacional”, dijo ayer a Efe el analista Gabriel Gutiérrez, profesor universitario de Ciencias Políticas.

“Finalmente se cumplió el peor escenario”: un presidente elegido por escaso margen tras seis años de bloqueo político, consideró el analista Sergio Sarmiento en el diario Reforma.

La balanza definitiva de la elección se encuentra en manos del Tribunal Federal Electoral (Trife), que deberá decidir de aquí al 6 de septiembre si declara presidente electo a Calderón o si acepta la impugnación de las elecciones que anunció López Obrador.

El futuro escenario plantea al próximo presidente la necesidad de gobernar con criterio “de inclusión” para estrechar la brecha entre los desarrollados Estados norteños, varios de los cuales colindan con EE.UU., y los empobrecidos del sur, según varios observadores.

Los Estados del norte votaron mayoritariamente por Calderón, mientras que Ciudad de México y las regiones del sur lo hicieron por López Obrador, ex alcalde de la capital del país, quien ha prometido combatir la pobreza y eliminar los privilegios de los que, según asegura, gozan los empresarios más ricos.

Según el escrutinio definitivo del autónomo Instituto Federal Electoral (IFE), Calderón, del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), obtuvo 15.2 millones de votos ó 0.57 puntos porcentuales más que López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien obtuvo 14 millones 756 mil 350 votos.

En Estados como Nuevo León (norte) y Jalisco (noroeste) el apoyo de Calderón llegó, sin embargo, al 48.8 por ciento y al 49.3 por ciento, mientras que en los sureños Chiapas y Oaxaca el respaldo a López Obrador trepó al 43.3 por ciento y al 45.9 por ciento.

En esos dos Estados del sur y en el vecino Guerrero se concentra la mayoría de pobres de México, un país donde se calcula que la mitad de los 106 millones de habitantes está en esa condición.

Para Jaime Olaiz, profesor de la privada Universidad Panamericana, el pasado domingo “se hizo evidente que el norte industrializado votó por Calderón y el sur agrícola lo hizo por López Obrador”.

Con ese resultado cree que el próximo mandatario afronta el reto de “gobernar para todos”.

El presidente de la poderosa Confederación Patronal de México (Coparmex), Alberto Núñez, coincidió con los analistas en que el futuro jefe de Estado deberá “gobernar para todos” y recordó que el candidato más votado “sólo” obtuvo el respaldo de 15.2 millones de los 71 millones de ciudadanos incluidos en el Padrón Electoral.

Calderón llamó a formar un gobierno de unidad y a afrontar “entre todas las fuerzas políticas y sociales” los problemas del país, como la pobreza, la corrupción y la inseguridad.

El nuevo mandatario asumirá el cargo el próximo 1 de diciembre para un mandato de seis años y sucederá a Vicente Fox, del PAN, como Calderón, quien durante su Gobierno ha hecho énfasis en la ortodoxia fiscal, la apertura comercial y el combate a la pobreza, especialmente en las regiones indígenas del sur del país.

México, tras las elecciones presidenciales más reñidas de su historia, no se alineó a la oleada de gobiernos de izquierda dominantes en América Latina en los últimos años.

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