- Aunque las causas del sobrepeso son variadas, los médicos y nutricionistas coinciden en que los padecimientos por su causa son los mismos. Para sobrellevar este problema no es necesario hacer dietas lapidadoras, se puede comer de todo, pero en proporciones balanceadas
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Aunque Juan Pérez Orozco es un hombre de 54 años muy familiarizado con el sobrepeso, una tarde que intentó correr para alcanzar un autobús que se puso en marcha antes de que él lo abordara, se percató de algo que lo llenó de preocupación. No había avanzado ni diez metros cuando sintió que las piernas le flaqueaban y la respiración se le hacía cada vez más difícil. Sintiendo como si la cabeza le diera mil vueltas se apoyó con el brazo derecho en un poste del tendido eléctrico, realizó algunos ejercicios pausados de respiración y después de unos minutos llegó a la conclusión de que debía hacer algo para cambiar su estado físico. La primera idea que se le pasó por la mente fue la de hacer dieta, y después, la de hacer ejercicios en un gimnasio.
Según los parámetros médicos, tomando en cuenta la edad, sexo y estatura de Pérez Orozco, éste tiene entre 50 y 60 libras por encima de su peso ideal. Esa condición no sólo le provoca malestares físicos, sino también psicológicos. “A veces me dicen gallina de granja porque soy gordo y blanco”, comenta apenado.
Su sobrepeso, según dijo, tiene orígenes genéticos, al considerar que en su familia la mayoría enfrenta ese problema. También cree que la mayoría de personas suben de peso por el consumo excesivo de comidas, factores psicológicos o emocionales.
Según la psicóloga Karla Olivares, la obesidad también está ligada a niveles de angustia y problemas de autoestima. Explica que las personas con estados depresivos tienden a comer mucho o muy poco, según sea su metabolismo.
Cuando inciden factores psicológicos, emociones como ansiedad, tristeza, estrés o aburrimiento, pueden conllevar a que se ingiera mucha comida. Después de comer demasiado, la sensación de culpabilidad provoca comer más, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Existen casos en los que a los niños se les da de comer cada vez que lloran, haciendo que se asocie al alimento con una sensación de consuelo, provocando que cuando sean adultos, coman siempre que sientan un malestar.
En este sentido, la nutricionista Marta Solórzano Madriz expresó que los padres de familia muchas veces son responsables de estos desórdenes alimenticios.
Ella comenta que cuando los padres son gorditos y el hijo también lo es, responsabilizan a la herencia genética, pero dice que en realidad lo que los padres transmiten son malos hábitos alimenticios. Sin embargo, reconoce que sí hay casos en los que la obesidad se transmite genéticamente, pero muy escasamente.
¿QUÉ IMPLICA EL SOBREPESO?
Entre las personas que conviven con el sobrepeso son comunes las enfermedades respiratorias, cardíacas y de presión arterial. Los problemas renales también son comunes en estas personas.
Aunque las causas del peso excesivo son múltiples y complejas, y varían en cada una de las personas que la padecen, las complicaciones de salud, en su mayoría, son las mismas.
La nutricionista Solórzano destaca que las complicaciones más comunes son generalmente arteriales, renales y digestivas y que cuando alguien gana peso, la primera alteración es la acumulación de grasa en la sangre. Paulatinamente, ésta se acumula en el interior de las arterias, provocando una obstrucción que reduce el espacio por donde circula la sangre, forzando el trabajo del corazón, originando de esa forma, problemas de presión arterial alta.
Agregó que también los riñones se ven afectados por el alto consumo de sales, las que se acumulan en estos órganos, provocando que se sobrecarguen. De igual forma, el sistema digestivo se ve seriamente afectado por la ingesta excesiva de azúcares y grasas, que en grandes proporciones provocan serios trastornos digestivos que hasta pueden ocasionar diabetes.
El aspecto psicológico también juega un papel importante en el estado de ánimo de las personas que tienen sobrepeso. La cultura social ha estigmatizado que las personas delgadas son las únicas que “lucen bien”, y utilizando los medios de comunicación masivos han arraigado en la mente de los receptores, que estar gordo es sinónimo de “lucir mal”, induciéndolos al consumo de diversas “soluciones” para su problema.
De ahí, la oferta de máquinas para hacer ejercicios, pastillas, cápsulas, gel, fajas abdominales, entre una gama de posibles caminos que llevan a la pérdida de esas libritas de más.
Mentalmente, los que no tienen las medidas corporales “indicadas” por los expertos en modas e imagen personal, se sienten que no están acorde con los requerimientos para ser considerados atractivos.
No obstante, el factor psicológico, si se trata bien, es más fácil de superar que el físico, ya que el primero sólo requiere de la disposición mental del paciente, mientras que la segunda necesita de control alimenticio y un régimen de ejercicios que lo lleve a perder peso.