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NECESITA SER REINVENTADO
ESPECIAL PARA LA PRENSA
Nuestro beisbol está en crisis. Ya nadie lo niega. Entre 1970 y el 2005 en Managua han desaparecido más de una tercera parte de los campos donde se practicaba beisbol. Nicaragua ha perdido una cuarta parte de sus equipos y cerca del 25 por ciento de sus ligas. El equipo nacional ahora no va más allá del sexto lugar en los torneos internacionales. La última vez que quedó segundo en un torneo mundial fue en 1990. Ningún dirigente nacional forma parte de la dirigencia internacional del beisbol, que ahora gravita entre Estados Unidos, Europa y Asia.
Lo de los patios se puede explicar por el crecimiento desordenado y acelerado de las ciudades. Más de seis de cada 10 nicaragüenses viven ahora en un núcleo urbano. El campo se está quedando sin gente, y las ciudades sin espacios. Como 600 mil nicaragüenses se han ido del país desde que llegó la democracia. Al menos tres mil 500 de ellos juegan pelota en Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica.
Esta cantidad aumentará en la medida en que el país siga expulsando gente.
Además de la disminución de espacios, las pocas instalaciones existentes envejecen sin ser repuestas. La última vez que se inauguró un parque importante fue en 1972. ¡Hace 34 años! En este contexto resulta más fácil y cómodo colocar un aro en un poste del alumbrado o poner a rodar un balón de futbol en la calle.
La reducción en la cantidad de equipos tiene que ver con la crisis económica y social. De unos ocho mil equipos que había en todas las categorías quedan poco más de cinco mil. Y la tendencia es al decrecimiento. Un país en el que ocho de cada diez sobreviven con menos de dos dólares diarios, difícilmente puede pensar en jugar pelota. Una jornada dominical en liga de barrio cuesta unos cincuenta dólares por equipo. Habrá que agregar los implementos, que suman al menos 600 dólares. Y los uniformes, que pueden sumar entre 400 y 800 dólares. Y el calzado, otros 500 dólares. Estos estimados son de liga de patio, no de mediano ni de alto nivel.
YA NO NOS INVITAN
La calidad de los equipos nacionales ya no es suficiente para participar en los principales eventos. Hemos quedado fuera de los Juegos Olímpicos —lo que no importa porque el beisbol en general también—, no nos invitan a la Copa Intercontinental ni para rellenar la eventual inasistencia de algunos de los países invitados, ni al Clásico Mundial de Beisbol. Es decir, ya no somos lo suficientemente buenos como para salir a competir con los mejores del mundo. Ahora tienen mucho mejor nivel Holanda, Italia y Australia, donde el deporte nacional son el futbol y el rugby.
Además de eso el beisbol como organización y como empresa es dominado por estadounidenses, asiáticos y europeos. Los años cuando dirigentes locales no sólo formaban parte de las estructuras mundiales sino que hasta las dominaban, es cosa del pasado. En nuestros tiempos con dificultad se aferran a sus puestos en medio de escándalos cada vez más evidentes.
El beisbol moderno demanda una cierta estética. Lo que incluye lo que especialistas denominan biotipo. En el beisbol los prospectos deben ser altos, fuertes, atléticos, rápidos y versátiles. Acá la inmensa mayoría no son rápidos ni veloces, no son fuertes ni atléticos. El prototipo de pelotero nuestro es más bien un tipo entre bajo y mediano de estatura y pasado de peso.
Por supuesto que hay bajo nivel de versatilidad. Pareciera que ni el cinco por ciento de los mejores peloteros del país poseen las “cinco herramientas” ansiadas por los buscadores de talentos (poder, tacto, brazo, defensa y velocidad). Y la minoría que pareciera poseerlas es extraída muy pronto y llevada al exterior sólo para ser devuelta al cabo de dos o tres años, luego de haber sido triturada por la maquinaria de hacer peloteros profesionales.
Para que se dé una idea: en los años sesenta menos de cinco nicaragüenses fueron reclutados para el beisbol profesional. Uno llegó al nivel AAA y el otro a AA. En los años setenta hubo menos de diez reclutamientos. Tres llegaron hasta las Grandes Ligas y uno se mantuvo ahí por veinte años. En los años ochenta hubo una cantidad similar y dos llegaron hasta las Grandes Ligas. Desde los noventa se han reclutado más del doble de peloteros que en el medio siglo anterior. Tres han llegado a las Grandes Ligas, pero se debe aclarar que Marvin Benard fue hecho totalmente en Estados Unidos, uno se mantiene y el otro tardó más en llegar que en salir.
DIRIGENCIA ENVEJECIÓ
La dirigencia se ha puesto vieja. No sólo en edad, también en materia de ideas. Tanto como lo que nos queda de parques de pelota que, cada vez se van más ruinosos a pesar del maquillaje. El modelo organizativo es más bien propio de los años sesenta del siglo pasado. Los resultados lo dicen. Se está corrompiendo tanto nuestro beisbol que abiertamente se habla de “comprar resultados”, de “perder a conveniencia”, y algunos equipos se van de los torneos cuando les da la gana.
El Estado ha mandado al beisbol a depender enteramente de la inversión privada y ésta prefiere un concierto de rock, una velada de boxeo y hasta deportes alternativos. No sólo porque el público masivamente consuma mejor estos espectáculos, también por la pérdida de credibilidad de una dirigencia que nunca se acostumbró a rendir cuentas.
Si a lo anterior le sumamos la presencia de funcionarios públicos que buscan ganar puntos en un espacio que provoca convergencias y no rechazo, el caldo no podría ser peor. Si no vean lo ocurrido sobre todo durante los años de Arnoldo Alemán, cuando hasta hubo un equipo organizado a billetazo limpio y ganó un campeonato, sólo para desaparecer al siguiente año cuando se desplomó el imperio corrupto que lo sostenía.
A esto se debe sumar una política de Estado que desde 1990 se caracteriza por invertir cada vez menos en educación, salud y deportes. En esto se gastan menos de 50 dólares por persona al año. Imagínese usted que Naciones Unidas recomienda no bajar de los 33 dólares por persona en estos rubros. Los presidentes de estos 16 años no han entendido aquello de Mens sana in corpore sano. El colmo de la baja inversión pública culminó en que tanto en 1990 como en el 2002 Nicaragua renunció a organizar los Juegos Deportivos Centroamericanos.
BOLAÑOS SÓLO CUENTOS
Alegando que el beisbol es capaz de gestionar sus propios fondos no invierte un centavo en beisbol aunque sí un poco en otros, como el futbol, voleibol, baloncesto… Y éste debe enfrentar los avances de otros deportes y la penetración inmisericorde de la televisión internacional, que impacta los gustos de la gente más joven.
Es irónico que tengamos a un Presidente que en su folclórico discurso casi siempre echa mano de una frase relacionada con el beisbol, pero nunca se decidió a gastar un pinche córdoba en el deporte del cual tanto habla. Difícilmente él podría correr, y aunque lo hiciera ya está out.
Y por más que ciertos periodistas y programas deportivos inflen lo poco que nos queda de beisbol, mejor calidad no aparece, pues olvidan decir algo obvio: hay que reinventar el beisbol en Nicaragua. Aún en este contexto tan adverso. Flaco favor le hacen al beisbol aquellos profesionales que cotidianamente hablan de nuestro beisbol sin entrarle críticamente a la inmensa crisis que soporta su deporte favorito.
El beisbol no puede continuar así. Fíjese que Nicaragua juega al beisbol desde finales del siglo XIX, y más de cien años después ni siquiera sabemos cuándo iniciará el próximo torneo nacional ni cuántos equipos participarán. Y no lo pregunte. Ni Feniba tiene idea.