- Nicaragua se está quedando sin actores teatrales. La Escuela Nacional de Teatro Pilar Aguirre, desde el 2000 ha producido sólo un graduado. La matrícula actual es de 13 alumnos en los tres años de la carrera
Cada año, unas 60 personas de diversas edades se matriculan en la Escuela Nacional de Teatro Pilar Aguirre. No obstante, la deserción es tan abrumadora, que ninguno, o casi ninguno llega a terminar los tres años requeridos para obtener el título de teatrista profesional.
Para darse una idea de lo mal que está la carrera, entre el 2000 y 2006, sólo hay un graduado.
Este valiente teatrista es Adolfo Torres Alfaro, un periodista de 27 años que se graduó como profesional de la actuación en el 2004.
“Mi experiencia en la escuela es que no hay un incentivo para el estudiante. Falta propaganda y apoyo a la escuela. Aquí no se cuenta con una biblioteca, mucho menos con una página web ni correo electrónico”, destacó.
“Creo que el teatro es parte de mí, independientemente de todas las limitaciones. Se debe tener vocación, el teatro es un ritual que te atrapa, es algo mágico”, comenta el joven actor.
Torres ha participado al menos en 10 obras, la última fue El León Enamorado. Actualmente prepara un monólogo donde él es su propio director.
CAMBIOS QUE AFECTAN
Según el pensum académico de la escuela de teatro, se necesitan tres años para alcanzar la profesionalización. Sin embargo, desde el año 2002 pasó, de un horario regular, a clases sabatinas.
La decisión fue tomada por su director, Erasmo Alizaga, según él por la deserción de los alumnos.
Según Xavier Espinoza, teatrista con 30 años de experiencia y profesor de Voz y Dicción de la escuela, el problema radica en que los jóvenes que llegan tienen expectativas diferentes a las que persigue la escuela.
“Muchos vienen con la ilusión de ser los actores que ven en la películas, y no es así. Ser actor implica estudio, disciplina y concentración, algo que no se ha visto en los alumnos de estos últimos años; están un semestre y se van”, dijo Espinoza.
Así de grave es la situación. Este año sólo hay cuatro alumnos en primer año, dos en segundo y siete en tercer año de la carrera.
ordenar prioridades
El Instituto Nicaragüense de Cultura, a través del ENTPA, está desarrollando el Certamen Nacional de Dramaturgia 2006.
“De esta manera estamos promoviendo la escritura dramática y con ello damos a conocer el arte del teatro en otro ámbito”, destaca Alizaga.
Sin embargo, René Moya, coordinador de la Comisión de Organización de la Red de Profesionales del Teatro, asegura que la escuela debe ordenar sus prioridades.
“Creo que está bien que se promueva la dramaturgia, pero la escuela no puede dedicar todas sus energías en ello, porque su función principal es la de formar actores”, dice Moya.
“La escuela de teatro —continúa— debe funcionar diario, independientemente de que no haya alumnos, ya que han olvidado que su prioridad son las clases que permitirán la formación de nuevos actores”.
Sin oferta no hay demanda
Moya afirma que debe existir una oferta para los interesados, porque con ello se crea mayor demanda, “al fin y al cabo a los profesores se les paga un salario por impartir clases diarias”.
Espinoza, por su parte, dice que “la escuela cumple su función aunque sea en lo mínimo, porque lo ideal sería que impartiéramos las clases diariamente, pero por los mismos alumnos, las clases se imparten los sábados”.
Algunas soluciones
Xavier Espinoza sugiere que para remediar esta situación e incentivar el arte teatral, el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes debería incluir en el pensum de las escuelas, clases de teatro, como una forma de ampliar el panorama laboral de los egresados.
“Esto permitiría que los graduados tengan un campo de trabajo. Así desarrollaríamos el interés en las artes”, explica.
Por su parte, Lucero Millán, directora del Teatro Justo Rufino Garay, comparte el concepto de que se necesita crear políticas culturales para que los graduados en teatro puedan sentirse realizados.
A la vez, añadió que otro de los problemas principales “es el ritmo que nos está imponiendo la televisión, el tipo de música que escuchan los jóvenes, el cine comercial, los vídeos, el uso de la Internet que hacen que los jóvenes prefieran quedarse chateando y no asistir a una obra de teatro”, dice.
Sin embargo, Millán ratifica que continúa creyendo en el teatro, que aun cuando sea muy difícil vivir de esta profesión, el éxito se logra a través de la disciplina, el estudio y la preparación.