Una mezcla de apatía, desinformación e insuperables obstáculos, en especial para los mexicanos que viven en Estados Unidos en la ilegalidad, dejó sin mucha voz política a los inmigrantes de ese país, un numeroso sector que perdió la oportunidad de convertirse en un poderoso bloque para las elecciones presidenciales de ayer en México.
Miles de expatriados mexicanos se dirigieron el domingo a los poblados fronterizos para votar en las elecciones en su país y a otros se les permitió emitir votos en ausencia por primera vez. Sin embargo, muchos más quedaron sin derecho a votar debido a su temor de cruzar la frontera como residentes indocumentados.
Cuando el congreso de México aprobó una ley el año pasado extendiendo el sufragio a los expatriados, los mexicanos en Estados Unidos la elogiaron como un reconocimiento tardío a los miles de millones de dólares que envían cada año a sus parientes en su patria.
Sin embargo, la celebración por la buena nueva se fue disipando cuando comenzaron a aparecer varios obstáculos, entre ellos la necesidad de contar con una credencial de elector que se tenía que solicitar cuando menos seis meses antes de las elecciones.
Más aún, cualquiera que necesitara una credencial nueva tenía que solicitarla en México, una aventura arriesgada para un inmigrante ilegal.
Además, la Ley Electoral mexicana mantuvo la prohibición de no permitir que los candidatos hicieran campaña en Estados Unidos, lo que dificultó que los inmigrantes mexicanos se pusieran en contacto con los políticos.
De los aproximadamente 4.2 millones de mexicanos registrados en el extranjero para poder votar, sólo unos 41,000, el uno por ciento, solicitaron boletas para votar en ausencia. El escaso número apenas tendrá relevancia en la disputada carrera presidencial.