la Policía Nacional de Nicaragua refiere que en el país el horario más peligroso por la ocurrencia de mayor cantidad de delitos está entre las 4:00 p.m. y las 8:00 p.m., en el que reportan 11,453 delitos. ( LAPRENSA/ARCHIVO)

Horario “zanahoria” no convence en Nicaragua

Una propuesta de las autoridades civiles de Gobernación, para disminuir los niveles de inseguridad ciudadana en el país, a través del cierre temprano de bares y centros nocturnos, no tuvo eco entre las autoridades policiales que ven innecesaria una medida como ésta. La idea fue tomada de una experiencia exitosa, aunque criticada, que se aplicó […]

  • Una propuesta de las autoridades civiles de Gobernación, para disminuir los niveles de inseguridad ciudadana en el país, a través del cierre temprano de bares y centros nocturnos, no tuvo eco entre las autoridades policiales que ven innecesaria una medida como ésta. La idea fue tomada de una experiencia exitosa, aunque criticada, que se aplicó inicialmente en Bogotá, capital colombiana y que luego fue reasumida por otras ciudades de ese país que registraba índices de violencia alarmantes
[doap_box title=»Otros cinco “pacificadores”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Hasta el año 95, Bogotá fue una ciudad que, entre otros tantos problemas, se consideraba insegura y peligrosa. La gente no se sentía a gusto. Algunos países y operadores de viajes sugerían no visitar la ciudad. En 1993 comenzó un proceso de transformación que hoy la ha sacado de esa lista negra.

Carlos José González, director de Análisis Estratégico de la Alcaldía de Bogotá, dice que esta transformación fue posible gracias a varias premisas, entre las que destaca, el cambio constitucional que apostó por la autonomía regional; la continuidad que han mantenido las últimas cinco administraciones municipales a pesar de su distinto signo político, y el ordenamiento fiscal, económico y administrativo que se produjo entre el 92 y 95, en la administración del alcalde Jaime Castro.

El plan para volver segura una ciudad de siete millones de habitantes se montó, dice González, sobre seis ejes en el que la “Hora Zanahoria” sólo fue uno de ellos. Los otros cinco son:

1. Voluntad política y capacidad institucional para trabajar la convivencia y la seguridad ciudadana desde una perspectiva local. “Colombia era un país fuertemente centralizado y se entendía que los problemas de seguridad debía resolverlos el Gobierno Central”, dice González. Ahora hay transferencias a los gobiernos locales que antes no existían. Treinta por ciento del presupuesto nacional va hacia los municipios. Al tiempo que se les da a los municipios la potestad por ley y los recursos para manejar estos asuntos, Bogotá inicia un reordenamiento fiscal que le permite acceder a más recursos. Se crean nuevos impuestos. “La población ha asumido esas responsabilidades de buena gana. En Bogotá, cuando vas apagar los impuestos locales, te ofrecen la posibilidad de pagar lo que está establecido según tu carga tributaria y un porcentaje adicional. Ese programa lo hemos llamado ‘Bogotá al 110 por ciento’. Ha venido creciendo y actualmente cerca del 40 por ciento de la gente que paga impuestos decide voluntariamente pagar más impuestos de los que le tocan. Ese es un indicador de lo que ha sido ese proceso de apropiación de la ciudad”.

2. Información confiable y oportuna. “Si no tienes información confiable y oportuna difícilmente puedes construir políticas públicas en el tema de seguridad”, explica el funcionario de la Alcaldía de Bogotá. Entonces se desarrolló lo que hoy se conoce como Sistema Unificado de Información sobre Violencia y Delincuencia que se puede consultar por Internet: www.uivd.gov.co Es una fuente oficial única que se nutre de la Alcaldía Mayor de Bogotá, Instituto de Medicina Legal, la Policía Metropolitana y otras instituciones. Todas ellas manejan las mismas estadísticas.

3. Perspectiva local de la gestión de seguridad. Bogotá tiene alrededor de siete millones de habitantes y está dividida en 20 localidades, en términos de la gestión administrativa. Cada una de esas localidades es distinta y así se le entiende en el plan.

4. Corresponsabilidad entre el sector público y el sector privado. Para Carlos José González “los temas de seguridad no tenían que ser una responsabilidad exclusiva de la Alcaldía de Bogotá”. Así nació lo que se conoce como Zonas Seguras. “Este es un ejercicio que se hace entre la Alcaldía de Bogotá y la Cámara de Comercio, a través del cual se cofinancia y se define conjuntamente la gestión en determinadas zonas de la ciudad que tienen una determinada preponderancia comercial o industrial, que requiere una atención especial de seguridad”.

5. Concertación. Se trata de “pactos de responsabilidad” que se suscriben formalmente entre la Alcaldía de Bogotá y algunas instancias. Por ejemplo, el sector de taxis. Los taxis de Bogotá están vinculados a la información y control de la seguridad de la ciudad a través de la red de información que ellos tienen. También ha habido pactos con los vendedores de autopartes.

FABIÁN MEDINA[/doap_box]

Hace algunas semanas las autoridades del Ministerio de Gobernación anunciaron que implementarían un plan denominado “Fin de semana seguro”, el cual tenía como fin incidir en el índice delictivo del país a través del cierre a la 1:00 a.m. de todos los centros nocturnos en once ciudades del país, incluyendo la capital.

El plan fue concebido por la Dirección de Convivencia y Seguridad Ciudadana bajo la asesoría del colombiano Hugo Acero que pretendía echar a andar una serie de planes de carácter social, entre los que estaba el “Fin de semana seguro” y aunque se ha insistido en que era tan sólo un proyecto, provocó que el director de la Policía, primer comisionado Edwin Cordero, reaccionara en contra del proyecto.

La idea del fin de semana seguro tiene su origen en la experiencia en la ciudad colombiana de Bogotá, donde fue aplicado por el entonces alcalde de la ciudad Antanas Mockus (1995-1998 y 2000-2003).

El proyecto conocido como la hora “zanahoria”, que ordenó el cierre de bares, discotecas y todo lo que oliera a licor hasta la una de la madrugada en la capital colombiana, una ciudad de siete millones, comenzó a implementarse en diciembre de 1995.

La medida que se convirtió en decreto, fue un invento, quizá el más popular, pero también el más polémico y para algunos el más visionario, del ex alcalde de Bogotá, quien unas veces disfrazado como el Chapulín Colorado y otras de negro como un monje con un reloj en el pecho, se identificó durante sus dos períodos como un “defensor de la vida de los ciudadanos”.

Mockus dice que la Ley Zanahoria surgió para reducir los altos niveles de muertes por accidentes de tránsito y por armas de fuego, que ocurrían durante las madrugadas, sobre todo los fines de semana.

El argumento del ex alcalde es el mismo que han esgrimido las autoridades nicaragüenses interesadas en restringir el “bacanal” en el país.

Las autoridades del Ministerio de Gobernación justificaron la idea del “Fin de semana seguro” asegurando que las estadísticas de muerte en jóvenes y los accidentes los fines de semana “daban escalofríos”.

El “Fin de semana seguro” estaba previsto para ser ejecutado en la segunda quincena de junio, durante tres meses en 11 municipios del país. En el proyecto piloto deberían trabajar de manera coordinada la Dirección General de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio de Gobernación (Migob), y la Policía Nacional.

El anuncio de este plan puso al descubierto las diferencias entre las autoridades policiales y el poder civil, ya que el primer comisionado Edwin Cordero desde un inicio se opuso a la ejecución del proyecto que se implementaría por tres meses.

INSEGURIDAD EN HORAS TEMPRANAS

La oposición de la Policía Nacional se basa en que las cifras de hechos violentos no se dan en el horario polémico de la 1:00 a.m., y que al contrario en este período no se requiere de la ejecución de medidas policiales especiales en sitios aledaños a centros nocturnos, bares, restaurantes y otros centros recreativos del país.

Entre las 12:00 p.m. y las 4:00 a.m. que abarca el horario polémico, la Policía registró entre enero a mayo 5,246 delitos en todo el país.

“El horario menos afectado es de las 12:00 de la noche para abajo, que representa el 11 por ciento”, afirmó el jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional, comisionado mayor Alonso Sevilla, quien señaló que estos datos confirman lo aseverado en fechas pasadas por el director de esa institución, primer comisionado Edwin Cordero.

El pasado 5 de junio el director de la Policía, primer comisionado Edwin Cordero, reaccionó al proyecto sobre seguridad ciudadana promovido por esa dirección del Ministerio de Gobernación, al considerarlo “inadecuado” y advertir que la institución que preside no participaría en la implementación de ese plan.

“En este caso como Policía la ley es clara (sobre) las funciones nuestras y no nos puede sustituir nadie en este tipo de funciones”, refirió en esa ocasión el director de la Policía.

Y agregó: “Como no lo conocemos no podemos valorarlo, no les puedo decir absolutamente nada, pero creo que no lo veo posible yo en este momento”.

En esa ocasión el jefe policial indicó que un plan como el que proyectaba Gobernación requería de recursos y que en caso de que se los entregaran estaban dispuestos a mejorar la presencia policial en esos sitios, sin que llegaran al extremo de cerrarlos en ese horario.

Cordero sostuvo que la actividad delictiva que se registra en el país no ocurre en este tipo de centros.

Dos días después, Cordero sostuvo que mientras el proyecto no fuese conciliado con la Policía no podía hablarse de un plan y fue más allá al recordar que en Guatemala los cierres de bares han demostrado que no han disminuido las actividades de criminalidad.

UNAS COPAS PARA LA ETERNIDAD

Aunque en 1993 alcanzó su cuota de 80 muertes trágicas por cada 100,000 habitantes, Bogotá no era la ciudad más violenta de Colombia. Para esos años, sus estadísticas de muertes estaban por debajo de las de Medellín, que a comienzos de los noventa en el esplendor del narcotráfico —que decayó con la muerte del capo Pablo Escobar— llegó a considerarse la metrópoli más violenta del mundo.

Con una tasa promedio de homicidios de 381 por cada 100,000 habitantes esta población de millón y medio de habitantes, que se localiza a mediodía de viaje de Bogotá, era la ciudad del crimen. Superaba con creces a cualquiera. Aunque hoy los índices de tragedias por balas y sangre han bajado, en esos años, gran parte de las muertes eran facturadas por los cárteles de narcos y luego por la guerra a media calle y a cualquier hora, entre paramilitares y guerrillas.

En Bogotá, las estadísticas de muertes arrojadas por Medicina Legal eran mucho más bajas que las de Medellín: 65 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En 1995 por accidentes de tránsito murieron 1,387 personas. En más de la mitad de los casos (50.8 por ciento) había de por medio, sangre con sabor a ron y a cerveza, unas copas demás bebidas al filo de la madrugada que se estrellaron contra el cañón seco y caliente de una pistola o el corte punzante de una navaja, o que simplemente, se escurrieron para siempre debajo de las llantas y el metal apachurrado de dos carros chocados.

De acuerdo con Medicina Legal, el número de muertes por alcohol subía los fines de semana. El 70 por ciento de los muertos entraban a la morgue al amanecer de sábado y domingo. En el 57.7 por ciento de los fallecimientos, que ocurrían después de las tres de la mañana, las pruebas de alcoholemia daban positivo.

Wilson Hernández, de Medicina Legal, dice que en esa época la morgue bogotana, que se localiza en el centro de la ciudad, permanecía atestada de cadáveres. Había fines de semana que entraban entre 30 y 40 muertos. Para atender durante las 24 horas Medicina Legal distribuía al personal en tres turnos.

Las emergencias de los hospitales no eran menos caóticas.

EL ORIGEN DE LA LEY ZANAHORIA

Antanas Mockus recuerda que los médicos de las urgencias se quejaban que no daban abasto para atender a la gran cantidad de heridos que llegaban durante las frías madrugadas los fines de semanas.

Fue ese cóctel de rumba, licor, muerte y sangre lo que originó la Ley Zanahoria.

El ex alcalde dice que se llamó así porque en Colombia se le dice zanahoria a la gente que es sana, entonces quedó zanahoria. En unos días el vegetal naranja de hojas verdes, rico en vitamina A, con la que la gente ha bromeado todo el tiempo para decir que alguien es sano, se convirtió en el símbolo de una campaña nacional a favor de la vida. “No beber no significa ser aburrido”, fue de las frases más repetidas por ese tiempo.

Como era de esperarse los enemigos número uno de la medida fueron los propietarios de los bares y discotecas, que respaldados por un sector de la gente “rumbera” ofrecieron medidas desesperadas al alcalde para reducir los efectos del decreto “zanahorio”.

Vender licor hasta la una, pero seguir abierto con música y comida; asociarse con taxis para que llevaran a los clientes seguros a sus casas y evitar así que los clientes manejaran, fueron algunas de las propuestas a las que no prestó oídos el alcalde.

“Tal vez nosotros fuimos injustamente escépticos”, reconoce Mockus, pero cree que de no haber actuado con “mano dura” no se hubieran logrado tan buenos resultados.

Luis Peña, administrador de Quiebra Canto, una discoteca especializada en salsa, ubicada en plena zona rosa, dice que con la Ley Zanahoria “la gente dejó de salir a rumbear, muchos que estaban acostumbrados a salir hasta tarde, optaron por no salir y quedarse tomando en sus casas hasta donde la restricción no llegaba”.

Peña recuerda que muchos bares de la zona se fueron a pique lo mismo que la industria licorera, que según él, vio severamente afectadas sus ventas en la capital. Otros afectados, según el empresario nocturno, fueron artistas músicos y bailarines que actuaban en las noches en las discotecas y también a taxistas y buseros, que circulaban hasta tarde. Según Peña, el servicio de transporte en ese entonces era 24 horas, a partir de la hora zanahoria, eso cambió radicalmente.

En contravía, el ex alcalde dice que hubo algunos empresarios que apoyaron la medida. En sus recuerdos, figura un ejemplo nada más, el de una empresa de envío de paquetes y dinero, que adoptó la modalidad de pagarles a los empleados los lunes en lugar de los viernes, para evitar que se gastaran la quincena el fin de semana, o bien pagaba el viernes, pero a las esposas.

Unas grandes aliadas en la cruzada zanahoria fueron las iglesias, reconoce el alcalde. Los curas y pastores ocuparon los púlpitos para apoyar la medida y defender la vida.

EN NICARAGUA HAY MAYOR PELIGRO POR LA TARDE

En el caso de Nicaragua, un análisis de la Policía Nacional refiere que en el país el horario más peligroso por la ocurrencia de mayor cantidad de delitos está entre las 4:00 p.m. y las 8:00 p.m.

Por ejemplo, entre enero a mayo la Policía reporta 11,453 delitos, ocurridos durante ese horario, lo que representa un 23 por ciento del total de delitos registrados a nivel nacional que fue de 49,782 delitos en todo el país.

De acuerdo a las estadísticas policiales otro de los horarios que con más frecuencia ocurre la actividad delictiva es el de las 12:00 del día a las 4:00 p.m, que en lo que va del año la Policía reporta 9,896 delitos y representa el 19 por ciento referente a la ocurrencia delictiva total.

De este total de delitos 1,063 casos ocurrieron durante ese período en centros de diversión en todo el país, lo que según la Policía, representa un dos por ciento de la cifra total de delitos.

Incluso, refirió el comisionado mayor Alonso Sevilla, en cantinas que son consideradas sitios de diversión de menor categoría, en lo que va del año la Policía ha conocido únicamente 82 delitos, lo que representa el 0.16 por ciento del total de delitos ocurridos en toda la nación.

En el país, dijo, están autorizados 11,845 centros de diversión. “Si comparamos esta cifra con la cantidad de delitos, representa el ocho por ciento”, dijo.

El vocero policial explicó que en esto incluyen todo tipo de delitos, contra las personas, contra la propiedad, amenazas, entre otros. Pero, reconoció que los delitos que con más frecuencia reportan estos sitios son las lesiones. “Es el hecho que más se da, lógicamente es donde se consume licor, pero son lesiones de todo tipo, leves y graves”.

Sevilla manifestó que el trabajo operativo de la Policía se orienta en base a los análisis realizados en determinado período, de dónde y en qué horario registran mayores delitos.

“Nosotros trabajamos en base a la situación operativa que ocurre y dirigimos nuestros esfuerzos a días, horarios y lugares de mayor afectación, por lo tanto, aquí el esfuerzo estaría dirigido a horarios entre las cuatro de la tarde y las ocho de la noche y de las 12:00 del día a las cuatro de la tarde que es cuando ocurre la mayor parte de delitos”, sostuvo el vocero policial, quien explicó que esto no significa que dejarán a un lado la vigilancia que siempre debe existir en el horario a partir de las 12:00 p.m.

Aparentemente el plan no se ejecutará, pues a partir de las contradicciones entre autoridades civiles y policiales, días después renunció uno de los impulsores del proyecto, el director de Convivencia y Seguridad Ciudadana, Ramón Uriza. Aunque fuentes extraoficiales aseguran que la jefatura policial pidió al presidente Enrique Bolaños su destitución, esto no fue reconocido por la Policía. Pero en su momento Cordero criticó a Uriza de pretender dirigir la Policía desde esa dirección del Ministerio de Gobernación.

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