Brasil “estrangulado”

[doap_box title=»Cómocreció» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] ¿Quién iba a pensar que el cuestionado equipo francés, que empató 1-1 con Corea del Sur y 0-0 con Suiza en el Grupo G, derrotando sólo a Togo 2-0, eliminaría a Brasil y se llegaría a convertir en una amenaza? Y los que creían que Zidane se veía mejor en el […]

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¿Quién iba a pensar que el cuestionado equipo francés, que empató 1-1 con Corea del Sur y 0-0 con Suiza en el Grupo G, derrotando sólo a Togo 2-0, eliminaría a Brasil y se llegaría a convertir en una amenaza?

Y los que creían que Zidane se veía mejor en el banco como un símbolo o alentando a sus compañeros, que en el fragor de la lucha, seguramente querían derretirse al verlo brillar tan intensamente como en la final de 1998.

Hay gestiones para que Zidane no se retire. No es posible que alguien capaz de semejante rendimiento esté planeando irse del show.

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La magia de Zidane y la estocada de Henry

Fue el último tango para muchos brasileños, incluido Ronaldo. Pero las nuevas generaciones surgen espontáneamente en Brasil, se fabrican en las playas, en las calles y en el campo. Brasil volverá, como tantas veces lo ha hecho.

RESULTADO1-0

Francia le robó la Lámpara Mágica a Brasil, y con una defensa estranguladora, esa brillantez a ratos cegadora de Zinedine Zidane, y la fiereza, sangre fría y precisión de Thierry Henry, avanzó a semifinales saltando sobre el “cádaver” del previamente favorito universal.

El futbol de América, con sus banderas a media asta, llora y sangra profusamente. Una vez más, como en 1986 y 1998, Francia funcionó como verdugo de Brasil imponiéndose 1-0. Pase largo de Zidane desde la izquierda por encima de toda la defensa brasileña y entrada fulminante por la derecha de Henry, libre de marca, rematando a quemarropa en el minuto 57. De alguna manera, el continente se sintió golpeado, como Alí en la mandíbula por aquel gancho de Joe Frazier.

Fue tan superior Francia en todos sectores y en cada tiempo que no dejó nada para discutir. Desnudó a Brasil en un dramático “strip-tease”, no le dio tregua exhibiendo una vitalidad física impresionante, cerró todos los espacios con una asombrosa maestría en el marcaje, supo proyectarse veloz y acertadamente con un tránsito de pelota asegurado por Zidane en el medio, y mantuvo con los pelos de punta a los zagueros brasileños.

Sólo se salva el portero Dida, que evitó un derrumbe con tres estupendas atajadas, dignas de ser colocadas en las paredes del Palacio de Versalles y con la firma de Rafael.

¿Cómo fue posible que la defensa brasileña perdiera de vista a Henry mientras Zidane le pegaba a la pelota describiendo una llamativa curva por encima de la poblada barrera, extendiéndola mas allá?

¿Recuerdan algún momento, en que cualquiera de los atacantes brasileños, haya podido disponer de espacio para maniobrar, aún tratando de triangular, y mucho menos para obtener posición de tiro?

Henry dio la impresión de haberse ocultado detrás de su propia sombra, y súbitamente, proyectado con brusquedad y majestuosidad al escenario para ir al encuentro del centro de Zidane. Dida, fue sorprendido por esa aparición casi fantasmal, y obviamente no tuvo tiempo de percatarse que empujó la pelota de cajón, con la parte interna de su pie derecho, asestando la estocada, doblando las rodillas de Brasil y colocándolo de espaldas a la pared.

Difícilmente Dida podrá dormir en las próximas noches. Él estará viendo a Henry entrar, rematar, y luego mostrar su reluciente dentadura, enviándole un saludo a Zidane, convertido en el ombligo del espectáculo.

Con el dominio de balón y de terreno mostrado por Francia, su manejo del tiempo y el espacio y esa seguridad en sus movimientos, el peso de ese gol era tan agobiante a esa altura como tratar de cargar con una de las pirámides de Egipto para cambiarla de sitio.

Brasil se vio como una caricatura borrosa, desajustada, de lo que todos esperábamos. En ciertos momentos, a la orilla de la rapidez, versatilidad y efectividad de los franceses, los jugadores brasileños, incluido Ronaldinho, el mejor del planeta, desaparecido misteriosamente, se veían lentos, arrastrando los pies, desprovistos de ideas claras.

Los hechos, testarudos como decía Lenin, nos mostraban claramente la diferencia entre la fluidez inagotable y una ineptitud preocupante. Hasta que la presión impuesta por el reloj obligó a Brasil a tomar riesgos para poder atreverse.

Con una defensa trabajando con apuros horas extras, Kaká muy impreciso, Ronaldinho nada incidente, Ronaldo sujetado y el medio sin la orientación requerida, Brasil se vio desnudo, y enclenque como diría el poeta, en manos de la creatividad de Francia.

Aunque Adriano que entró por Juninho no pudo mostrarse, el ingreso de Robinho y de Cicinho, aportó agilidad, pero no la suficiente para provocar algún desequilibrio en la defensa francesa, tan segura, como la que cuida el Museo de Louvre.

Anoche los Campos Elíseos estaban más iluminados, y hoy, la Torre Eiffel amaneció más alta. Francia eliminó a Brasil y América ha quedado sangrando.

Diablos, en Copas del Mundo se muere por largo tiempo. Hay que esperar cuatro años para salir del ataúd, o quizás ocho, como Francia.

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