Río Grande de Matagalpa

¿En qué mundo me perdí?¿Cuál fue la hora en que se cumplió la cábala?¿Acaso en la mirada tierna de la madrugadacuando me olvidé preguntarte tus secretos? Pero decidí preguntarle a Dios o a un buen curay en medio del Río Grande me lloré a mí mismo,bajo el sol de la selva sentí frío en mi […]

¿En qué mundo me perdí?
¿Cuál fue la hora en que se cumplió la cábala?
¿Acaso en la mirada tierna de la madrugada
cuando me olvidé preguntarte tus secretos?

Pero decidí preguntarle a Dios o a un buen cura
y en medio del Río Grande me lloré a mí mismo,
bajo el sol de la selva sentí frío en mi alma
mas Él tocó mi mano y me sanó
y su bendita pureza se llevó tu ausencia
por un rato.

El bosque me observó fluyendo en la corriente
sin saber de dónde vino tanto río
lenta el agua, fuerte como el dolor
interminable resbalándose llevándome
me acomodó en mi bote
fui un punto gris del mapa

Cántico

A una poetisa de otro mundo

El pan nuestro de la esperanza
dámelo hoy otra vez en tu palabra,
sacia mi corazón con un poema
aunque se agote al final de cada tarde
y se extinga en mi pecho hambriento de tu voz.

Suéñame mi dulce niña
con la hogaza de cada día en la boca
devorando, rumiando las letras de tu verso,
relamiendo el desnudo sabor de tu escritura.

Concédeme la paz de tu llenura
que me salva, tímida y contenida,
cada vez que la alcanzo,
porque es tan limpio y sencillo el amor
y la felicidad ya no se diga,
acuéstate a mi lado en el lecho del tiempo
y líbrame de mi alma malherida.

Celebremos, te ofrezco
el lino de un mantel y una vela encendida,
como un altar pequeño,
una bocanada de éxtasis sagrado
lengua y lenguaje vivo de fuego entre nosotros,
nuestra comunión con la fuerza invisible del amor
cantada en poesías sublimes como salmos,
y que así santificado sea nuestro abrazo,
con una copa de vino y un mordisco de pan,
nuestra sangre y nuestra carne compartidas
por los siglos de los siglos.

Leyendo tu novela

A una escritora anónima

Están frescas las huellas de tus pasos
inscritas en este manuscrito
extraviadas en la inquietante espera del amor
abundantes en la hondura de tu vida
tristes pero aún fuertes y puras.

Tus palabras en papel tienen la angustia
del cadáver de un beso solitario
muerto en el abandono de tus labios inseguros
desgarrado al nacer
sin conocer el alba ni la verdad ni nada,
hablan tus emociones en las páginas de tu novela
fluye la tinta ardiente como el fondo de tus ojos
abrasa mi rostro próximo con su fuego doliente.

En medio de la noche
tus historias tiemblan en mi corazón
se me anudan en la boca del estómago,
impaciente me ocupo de aguardar el sol
para buscar un rayo de esperanza
que me deje verte otra vez
cuando amanezca.

Este viernes mi amor tocó su fondo,
hay una médula que se vació por dentro
porque pálida de tristeza tengo el alma
como si la vida hoy fuera distinta
y ya no importara encontrar la manera
de albergar la ternura.

Sé que todo ya pasó allá lejos,
en la presencia de tus días
que viven en el silencio del pasado
y ahora la ficción de tus palabras
en tus manos ansiosas rehace los recuerdos,
pero el dolor se cuela por los agujeros del tiempo
como el frío que ahora golpea mi vigilia
y siento que la noche se detiene en tu novela
como la lluvia tenue que visitó el jardín
se quedó quieta en el silencio de las hojas.

Tirito, estoy despierto, pronto llegará la aurora
me levanto y camino, te llevo en mi asombro
en esta distancia real, verdad inevitable
con que se han unido nuestras vidas
y te escribo este poema
simplemente para decirte que te amo.

La Prensa Literaria

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