KIEV/AFP
La selección de futbol de Ucrania, que enfrenta hoy a Italia en cuartos de final del Mundial 2006, no sólo llegó a la instancia contra todo pronóstico en su primera participación en un torneo ecuménico, sino que además ha logrado unificar al país, dividido políticamente.
Esta ex República Soviética, con 47 millones de habitantes, quedó escindida en dos campos durante la revolución “naranja” de fines del 2004, por un lado los pro-occidentales y por el otro los pro-rusos.
El noroeste del país, donde el sentimiento nacionalista ucraniano es mucho más fuerte, apoya al presidente Viktor Iuchtchenko, quien aboga por la adhesión de Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea (UE).
El sureste, en cambio, donde la población es sobre todo rusoparlante, es partidario de Viktor Ianukovitch, quien defiende la proximidad con Moscú.
Pero, las diferencias se han disipado circunstancialmente a causa de las victorias de la selección nacional en su primera incursión mundialista.
“Nada une como el futbol” parece ser el nuevo lema del país.
“¡Créanme! Si Ucrania se consagra campeón del mundo, poco importa que Ianukovitch se convierta en Primer Ministro”, afirma Andrei Ratsky, obrero de la construcción, de 48 años, en la ciudad de Lviv, el principal bastión nacionalista, al oeste del país, donde el pro-ruso Viktor Ianukovitch es detestado por unanimidad.
“¡Lo esencial es que ganemos!”, dice Andrei.
“Cuando juega el equipo (…) a nadie le importa saber de qué partido son los jugadores, porque en ese momento todos son nuestros”, lanza Elena Stefanovitch, una enfermera de 32 años de edad.
“Por primera vez en mucho tiempo, el Este y el Oeste (del país) tienen un objetivo común”, subraya Andrei, un economista de 36 años, también de Lviv.
“Generalmente, lo que es bueno para Lviv es malo para Donetsk (este) y viceversa. Pero la victoria de nuestro equipo (nacional) es buena para todos”, agrega.