El argentino Diego Maradona y el alemán Guido Buchwald trenzados en la batalla final en el Mundial de México en 1986. (LA PRENSA/AP )

Un duelo con historia

[doap_box title=»Las estrategias» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Para frenar la infatigable tenacidad de Alemania, que además suele salir como un torbellino, Argentina pondría énfasis en controlar la pelota y jugarla al ras del piso cuando choquen mañana en Berlín por los cuartos de final del Mundial. Se vislumbra disciplina táctica en ambos bandos, pero cada uno con […]

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Para frenar la infatigable tenacidad de Alemania, que además suele salir como un torbellino, Argentina pondría énfasis en controlar la pelota y jugarla al ras del piso cuando choquen mañana en Berlín por los cuartos de final del Mundial.

Se vislumbra disciplina táctica en ambos bandos, pero cada uno con un libreto diferente, en los cuales quedaría bien marcada la escuela europea de la fuerza y la velocidad, ante la sudamericana del toque y la destreza.

“Seguro que nos van a querer pasar por arriba de entrada”, dijo el argentino Carlos Tevez. “Pero ellos saben que no nos tienen que dejar jugar porque los podemos complicar”.

“Si nosotros le jugamos por abajo vamos a tener posibilidades de lastimarlos”, dijo el delantero del Corinthians. “Si vamos por arriba nos va a costar”.

Alemania tiene una defensa con un promedio de altura de más de 1.90 metros, donde sobresale Per Mertesacker (1.96).

Entre los delanteros argentinos el más alto es Hernán Crespo (1.84), mientras que el promedio de Tevez, Javier Saviola y Lionel Messi, los candidatos a jugar, es de 1.69. Los otros delanteros son Julio Cruz y Rodrigo Palacio.

Por si alguna duda quedaba de la estrategia de Alemania, Mertesacker la develó en Berlín, cuartel general de su equipo: A Argentina hay que obligarla a jugar con pelotas altas. En el mano a mano será más difícil.

Pero además de jugarle por abajo, Argentina debería prestarle atención a la contundencia de Alemania en los primeros minutos, donde suele marcar goles fulminantes.

Alemania festejó antes de los cinco minutos en tres de sus cuatro partidos. Costa Rica, Ecuador y Suecia sufrieron esos embates, salvo Polonia, a la que los germanos vencieron 1-0 sobre la hora, en la primera ronda.

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Argentina y alemania frente a frente

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    HERZOGENAURACH /Alemania/AP

    Lionel Messi no había nacido cuando Argentina, de la mano de Diego Maradona, ganó la final de México 86 sobre Alemania Occidental. Lukas Podolski estaba en pañales cuando los germanos se vengaron cuatro años después en Italia.

    Argentina y Alemania, en un duelo cargado de historia con sabor a final anticipada, volverán a encontrarse en un Mundial mañana en Berlín, esta vez por el pase a las semifinales.

    Messi y Podolski son dos de los rostros del presente y del futuro de Argentina y Alemania, pero hace 20 años era otro Pibe de Oro el que encandiló al estadio Azteca de México.

    “Miré los goles por vídeo”, dijo Messi al referirse a la electrizante final del 29 de junio de 1986 que Argentina ganó 3-2.

    Argentina vencía 2-0 con goles de José Luis Brown y Jorge Valdano. Maradona hacía de las suyas, desequilibrante como siempre y con pases de precisión quirúrgica. Pero faltando 16 minutos, Alemania recortó gracias a Karl Heinz Rummenigge, y Rudi Voeller igualó a los 80.

    Tres minutos después, Maradona tomó la pelota con su bastón izquierdo y de la galera sacó un pase para Jorge Burruchaga, quien tras una corta carrera la mandó a la red.

    “Cuando nos empataron yo no me asusté, para nada”, dijo Maradona en su libro Yo soy el Diego. “Sabíamos que el triunfo iba a llegar. Y así fue”.

    Maradona recuerda así su pase de gol: “Giré atrás de la mitad de la cancha, levanté la cabeza y vi cómo se le abría un callejón enorme a Burruchaga para que corriera hasta el arco… Cómo grité ese gol de Burru!”

    El estadio Azteca, colmado por 114,600 personas, bullía de excitación con la presencia de dos potencias. La abrumadora mayoría del público mexicano alentaba a Alemania en lugar de Argentina, un equipo que históricamente no goza de mucho cariño en el resto de Latinoamérica, donde sus jugadores son visto como prepotentes.

    Banderas argentinas, mexicanas, alemanas y de otros países pintaban las gradas, en las que se estrenó la famosa ola humana.

    Maradona dejó otra huella en México, con un par de goles famosos a Inglaterra en el 2-1 en cuartos de final: el primero con trampa, ya que lo hizo con la mano, y el segundo con un soplo divino con el que gambeteó a medio equipo inglés antes de vencer al portero.

    Cuatro años después, el 7 de julio de 1990, argentinos y alemanes volvieron a encontrarse en una final, considerada una de las más flojas y aburridas en la historia de Copas Mundiales.

    Ese encuentro arrancó con un tremendo abucheo al himno argentino, producto de las rencillas internas italianas por el fichaje de Maradona con el Napoli. Los italianos del norte jamás le perdonaron a Maradona que un club pobre del sur como Napoli se impusiera a poderosos como Juventus, Inter o Milán, comentó a la AP el periodista argentino Sergio Levinsky, presente en aquella final.

    Con Maradona desdibujado, y acusando secuelas de una lesión en un pie que arrastraba desde el inicio del campeonato, Alemania ganó 1-0 con un penal de Andreas Brehme.

    Hasta ese entonces fue la final con menor número de goles y la primera en que hubo expulsiones directas debido a la tarjeta roja, que vieron los argentinos Pedro Monzón y Gustavo Dezotti.

    “Los alemanes en ningún momento fueron más que nosotros”, dijo a la AP Néstor Lorenzo, zaguero central en ese partido y quien ahora es ayudante del cuerpo técnico de Argentina que comanda José Pekerman.

    “El mexicano les dio un penal que no fue”, agregó Lorenzo, en alusión al árbitro de ese partido Edgardo Codesal.

    La duda siempre perseguirá al dudoso penal que Codesal cobró a los 84 minutos en una falta de Néstor Sensini sobre el alemán Voeller.

    Franz Beckenbauer, presidente del comité organizador de Alemania 2006, se consagró en esa final campeón como técnico, tal como lo había sido como jugador en 1974 en su país.

    El Káiser también estuvo en la banca en la final en México, mientras que el actual técnico, Juergen Klinsmann, fue un letal delantero en Italia 90.

    Carlos Bilardo, técnico de Argentina en las dos finales, recordó que cuando su equipo se quedó con uno menos por la expulsión de Monzón, Beckenbauer hizo un cambio de lateral por lateral.

    “Ahí dije: estos tipos nos respetan mucho, por ahí tenemos chances en el suplementario”, agregó en una entrevista el lunes en Berlín al diario La Nación, de Argentina.

    “Pero habíamos llegado muy golpeados”, agregó Bilardo en alusión a cuatro titulares que no pudieron disputar el partido por lesiones, entre ellos el veloz delantero Claudio Caniggia.

    Con Maradona llorando, Lothar Matthaeus levantó el trofeo ante 73,000 personas en el estadio Olímpico de Roma.

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