¡Una página en blanco es lo más puro y verle es encontrar una sugerencia, petición, urgencia y conlleva una excelente llamada al destino. Es una mujer desnuda esperando a su marido, le expresaba Octavio a su esposa! Claro, todo acto de amor es una palabra escrita permanentemente imborrable en la historia del tiempo, repuso la esposa.
Crimen olvidado
¿Qué tienes hoy para almorzar?, preguntó Juan a su esposa. Lo que cocines tú, y has de cuenta que me morí, expresó la esposa. Pero a las 12 meridianas, desde el jardín preguntó al esposo cómo iba. Muy bien , acabo de comerme una rica ensalada, replicó el esposo ¿Y yo? , refunfuño la esposa. ¿Acaso no estabas muerta?, respondió Edén, el esposo.
La viuda
Doña Carmenza enviudó y estaba a punto de casarse, pero antes le comentó a la vecina que necesitaba hacerlo porque es útil compartir, hablar, salir a pasear, dialogar, comer, y en la casa , etc., entonces, la vecina le contestó, conseguí un perro.
La pintura de Josecito
¡El ambiente mañanero abrileño se encontraba sibilino y su verismo cargaba sus propias complejidades como preocupaciones autónomas del universo. Ese día en el cielo se formaban figuras de todo tamaño, formas y jaspes preciosos que se movían de manera colosal, y la atmósfera de los cuerpos humanos que caminaban por el andén de la casa del General de la Poesía, cubría sus cuerpos de polvo.
Ese día eran las nueve de la mañana, corría plácidamente un vientecillo fresco, las hojas de los árboles del andén de la casa de Josecito se movían de norte a sur y una que otra caía al piso, era todo un espectáculo, me detuve y desde el portal de la vivienda de Josecito pregunté: ¿Se encuentra el General de la Poesía? De inmediato salió Josecito y como de costumbre con su humor me saludó, me hizo pasar adelante.
Josecito, ¡hola!, ¿cómo le va?, le traigo de obsequio esta obra pictórica, hecha exclusivamente para usted, es óleo sobre tela, le expresé.
Gracias Bayardito, esta es una obra moderna. Ven, la colocaremos en este lugar de la pared para que cuando vengan visitantes la observen, contestó Josecito.
¿Tienes un martillo para clavar un clavo? Vamos a dejarla puesta en su santo lugar, le dije.
Doña Julia, traiga el martillo, solicitó Josecito. El clavo fue insertado y la obra se colocó en el lugar idóneo, donde embellecía el aura, humor y sentimientos del hogar de Josecito y su esposa doña Julia.
Posteriormente, placenteramente, doña Julia, Josecito y yo nos sentamos en la sala y entre palabras y palabras llenas de vital humor, el General de la Poesía despuntó estrambóticamente expresando: La música, pintura y la guerra de lejos. Josecito bailoteaba al son de las palabras y al ritmo melodioso y contagioso de su eterno humor. En fin, la tertulia en el hogar de mi amigo Josecito y su amada esposa doña Julia, fue como haber retornado vida y más vida a estos ancianos que gozan de un espléndido corazón.
Son un par de viejecillos de nobles sentimientos, que preciosos, te acogen en su seno como el mejor tesoro que se puede poseer en este mundo. Esa sensibilidad humana llega hasta lo más profundo del alma, es como saborear una melodía musical bajada desde los cielos. Josecito el gran General de la Poesía y su amada doña Julia.